La Revolución del Sexo

No, no voy a hablar acerca del cambio reciente en nuestra sociedad, sino de un cambio más profundo que afectó a todo el planeta: el surgir de la reproducción sexual entre los seres vivos.

Para entender mejor cómo el sexo supuso una revolución, tenemos que repasar el concepto de evolución.

Prácticamente todos los biólogos están de acuerdo en que la evolución es necesaria para la vida. Desde que se formaron los primeros compuestos químicos capaces de copiarse a sí mismos, y que luego esos compuestos se organizaron en células primitivas, la evolución darwiniana ha sido el mecanismo mediante el cual las formas de vida mejor dotadas se han impuesto sobre sus predecesoras. Y así ha surgido la enorme variedad de seres vivos que pueblan nuestro planeta, desde los diminutos virus y las nanobacterias algo mayores, hasta las ballenas o los baobabs, por ejemplo. Y en medio estamos nosotros, faltaría más.

Para que la evolución tenga lugar son necesarios dos aspectos: la reproducción y la imperfección.

La reproducción es el mecanismo mediante el cual los seres vivos producen sus descendientes. Estos descendientes deben ser similares a sus progenitores, de lo contrario no podemos hablar de reproducción. Pero al mismo tiempo no podemos hablar de copias perfectas, porque en tal caso la evolución es imposible.

Si este texto es impreso en un papel y luego se lee mediante un programa tipo OCR (reconocimiento óptico de caracteres), habremos hecho una reproducción. Pero lo más probable es que haya habido algún error en el proceso (algún carácter salió defectuoso al imprimirlo y el programa no lo reconoció), por lo que el nuevo texto tendrá alguna diferencia respecto al original. Por ejemplo, puede que en vez de “original” ponga “orinal”. En otras palabras, el texto habrá evolucionado. Si se repite el proceso varias veces, puede que salga un artículo totalmente nuevo y original, ¡quién sabe!

Mediante este mecanismo de errores en las copias, todos los microorganismos son capaces de evolucionar lentamente. Lo único que permite que esta evolución sea algo más rápida es la corta vida de los microorganismos, o más bien el poco tiempo que tardan en reproducirse: una bacteria puede duplicarse 2 veces en una hora, así que a lo largo de todo un día habrán habido 48 oportunidades para introducir cambios en su código genético. Si le damos tiempo suficiente, podrá desarrollar la resistencia a cualquier antibiótico nuevo que inventemos.

De todos modos, se trata de un mecanismo lento, muy lento. Y la reproducción sexual permitió acelerarlo.

En vez de producir copias de su ADN, algunos seres produjeron células especializadas con la mitad de su ADN, para mezclarlo con el ADN de otro individuo. Es como si se tomara el ADN de la especie y se mezclara en una coctelera para obtener los descendientes. Estos ya no eran copias idénticas.

No tienen más que comparar a cualquiera de nosotros con sus padres, o compararse ustedes con sus hijos. Hay grandes diferencias, aunque muy sutiles porque siguen perteneciendo a la misma especie.

Pero lo importante es que de esta forma los pequeños errores de copia tienen mayores oportunidades de manifestarse. Y esos pequeños errores son los que permiten la evolución.

Desde la aparición de la vida hace unos 3.500 millones de años hasta hace casi 600 millones, sólo habían seres microscópicos en nuestro planeta. Pero de repente aparecieron gran cantidad de seres formados por muchas células, tanto animales, plantas u hongos. Fue la llamada “explosión del Cámbrico”.

¿Qué fue lo que produjo la explosión del Cámbrico? Algunos paleontólogos opinan que fue la aparición del sexo, lo que permitió una explosión evolutiva, la aparición de gran número de formas de vida. Muchas de ellas fueron un fracaso, pero supusieron experimentos de la vida. Otras tuvieron más éxito, y siguieron evolucionando.

Hoy, los descendientes de algunas de aquellas formas del Cámbrico dominan el planeta y se preguntan acerca de su origen.

Félix Díaz

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