La inteligencia de la naturaleza [1/2]

Muchas veces hemos oido la expresión “¡Que sabia es la naturaleza!”, sin embargo no hay nada más falso que esto, como trataré de explicar a continuación.

Podemos definir a la naturaleza como el conjunto de materia física que compone el universo, más concretamente solemos hacer referencia a nuestro planeta y más concretamente aún al conjunto de seres vivos que lo habitan, han habitado y habitarán.

Pues bien, intentaré argumentar usando un ejemplo. Se trata del camuflaje de determinadas lagartijas.

Este tipo de seres vivos (como muchos otros) son capaces de mimetizarse por completo con su entorno, llegando en algunos casos a obtener una calidad extraordinaria en sus disfraces. Existen mariposas cuyas alas no sólo tienen el color y la textura de las hojas de los árboles de su entorno sino que además poseen zonas que simulan los nervios de las hojas y hasta mordiscos de oruga.

Visto esto parece tentador atribuirle cierta inteligencia a la naturaleza. Además, ¿quién no se ha sorprendido al ver la estirada trompa de un oso hormiguero perfectamente diseñada para su función o el incesante golpeo de un pájaro carpintero de hasta 25 veces por segundo?.

Volviendo al caso de nuestro ejemplo (el de las lagartijas), sabemos que las primeras lagartijas carecían de camuflaje alguno, así como de otras características que poseen actualmente y que han ido desarrollando con el paso de los años.

Si nos paramos a pensar en los datos que estiman la existencia de vida en la tierra desde hace 2700 millones de años aproximadamente nos podemos hacer una idea del tiempo de desarrollo que han podido tener algunos ejemplos vivos que nos rodean. Analicemos el proceso evolutivo: Inicialmente tenemos una especie de reptiles que habitan un territorio y que no poseen camuflaje alguno. La apariencia externa de estos animales no será exactamente igual, algunos de ellos tendrán la piel más oscura, otros más clara, con manchas, sin ellas, etc… todo dependiendo de su dotación génica. Pues bien, en el ecosistema en el que habiten, para su desgracia existirán depredadores que consideren que las lagartijas son un buen alimento, por lo que comenzarán a ser devoradas. En una población de lagartijas, pongamos que, compuesta por unos 1000 individuos, por ejemplo, en un momento dado habrán sido devorados 200 de ellos, de los cuales podemos estimar que: 100 eran de color rojo, 50 multicolor, 30 amarillo, 10 naranja, 8 marrón y 2 verde. Se trata de datos de ejemplo, para que nos hagamos una idea. Los colores más llamativos, más fácilmente localizables son los que hacen más vulnerables a estos reptiles, por lo tanto son extinguidos con mayor rapidez. En una población mayor podemos suponer que el porcentaje, más o menos se mantendría y tengamos en cuenta que las lagartijas verdes, las más mimetizadas (por azar en este caso, ya que partimos de los primeros ejemplares) también son localizadas y aniquiladas por los depredadores, aunque en menor medida.

Es fácilmente aceptable el hecho de que en un periodo de tiempo lo suficientemente largo las lagartijas de colores como el rojo o el amarillo en un entorno de bosque (colores marrones y sobre todo verdes) se habrán extinguido. No sólo porque hayan sido cazadas todas ellas sino porque no tenderán a nacer más, ya que los genes que implican el desarrollo de una pigmentación de esos colores también habran desaparecido junto con sus portadores de la población de estos reptiles.

Situémonos en el punto en el que, pasados miles de años, en nuestro ecosistema particular ya sólo han sobrevivido las lagartijas de color verde. Vemos ya una primera aproximación al camuflaje y a la supuesta “inteligencia de la naturaleza” pero realmente podemos observar que se trata de algo totalmente necesario y explicable. Pues bien, llegados a este punto los depredadores tendrían dificultades para encontrar alimento puesto que todas las lagartijas son ya del mismo color que el entorno. ¿Que ocurre entonces?. Pues lo que ocurre es que los depredadores también son animales y por lo tanto también se encuentran sujetos a las mutaciones genéticas y posibles variaciones que les permitan evolucionar. Hasta el momento, seguramente no hubiese habido mucha diferencia en cuanto a las oportunidades de sobrevivir de un depredador miope a uno sano, ya que las presas eran fácilmente identificables; pero ahora no es así, por lo que comenzará un proceso de extinción de estos depredadores teniendo como criterio discriminador la calidad de su sistema de visión, y si, a lo largo de x años un cambio genético hiciese que un nuevo individuo multiplicase x2 o x3 la claridad de vista o el reconocimiento de formas, éste sin duda se convertiría en un ejemplar con una esperanza de vida mucho mayor que sus congéneres, y con casi total seguridad, esta nueva característica surgida por azar se trasladará con el tiempo a la mayoría de la población, ya que los hijos de los individuos con estos genes tenderán a sobrevivir en mayor medida y con el paso del tiempo (cientos, miles de años) coparán todo el espectro de individuos.

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Anibal Bueno

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