Recuperando el pasado

No hace muchos miles de años, la fauna que había en diversas partes del mundo era muy diferente de la que tenemos ahora. Por cuestiones prácticas sólo voy a hablar de la más llamativa, aves y mamíferos ahora extintos, que forman la llamada Megafauna del Pleistoceno/Holoceno. Se ha debatido mucho sobre las causas de estas extinciones que implican también especies vegetales y otros animales, pero los que siempre llaman la atención son los que nos resultan más familiares y espectaculares (como en el caso de la extinción de los dinosaurios). Estas extinciones empezaron hace unos 13.000-9.000 años, casi al final de la última glaciación, y supusieron un gran cambio en los ecosistemas de gran parte de los continentes e islas de nuestro planeta. Quizá sólo se salvó África de la desaparición de su megafauna.

La causa de estas extinciones coincide con dos grandes eventos que pudieron actuar en conjunto, llevándose gran parte de la biodiversidad que había presente en ese momento. Uno de esos eventos fue el cambio climático que supuso el final de las glaciaciones con un aumento de las temperaturas que podría haber alterado los ecosistemas y por tanto la fuente de alimento de muchas especies que no pudieron adaptarse y migrar hacia zonas más frías como las que solían poblar. El otro hecho de gran importancia fue la expansión de una nueva especie emergente, el ser humano, que provocaría quizá el mayor cambio en el planeta desde que los microorganismos que realizan la fotosíntesis oxigénica aparecieron hace unos 2.400 millones de años y llenaron la atmósfera terrestre de ese veneno para el resto de especies como era el oxígeno. Los humanos empezaron a salir de África y colonizar nuevos continentes y hábitats bastante antes de que empezaran las extinciones pero poco a poco empezaron a aumentar su potencial como cazadores y modificadores del ecosistema, desarrollando nuevas armas para la caza, nuevas técnicas agrícolas más agresivas con el medio ambiente (sobre todo los incendios provocados) y sobre todo uno de los elementos que más nos diferencia del resto de especies, la cultura y la comunicación. Todos los avances pasaban de generación en generación y se intercambiaban con tribus cercanas, lo que favorecía el avance de su incipiente tecnología y cultura y su poder destructivo sobre unos ecosistemas ya de por sí alterados por los cambios climáticos que se estaban produciendo. Así fue como la megafauna que los rodeaba fue poco a poco exterminada.

Tenemos varias zonas del planeta que se han estudiado y sufrieron grandes cambios: América del Norte y del Sur, Europa y varias islas del Mediterráneo, Australia y grandes islas como Madagascar, Nueva Zelanda e islas del Pacífico e Índico.

América del Norte estaba poblada por especies que ahora nos resultaría muy extraño ubicar allí: camellos, caballos, mamuts y mastodontes, perezosos y armadillos gigantes, leones, dientes de sable y otras que consiguieron sobrevivir a pesar de ver reducido el número de especies, como osos, bisontes, lobos, castores y berrendos.

América del Sur tuvo su propia anterior crisis en la biodiversidad de mamíferos cuando el continente, que había permanecido aislado millones de años, volvió a unirse a Norteamérica y hubo una gran cantidad de intercambio entre la fauna de ambos subcontinentes. Hasta entonces los mamíferos que habitaban Sudamérica eran sobre todo Marsupiales, Primates y Roedores (presuntamente llegados desde África), xenartros o desdentados (armadillos, perezosos y osos hormigueros) y los llamados meridiungulados (un extraño grupo de órdenes de ungulados que se extinguió a finales del Pleistoceno). El resultado de ese intercambio fue la práctica desaparición de los marsupiales y meridiungulados y su sustitución por especies mejor adaptadas y versátiles llegadas de Norteamérica, como los felinos, cánidos, ungulados (tapires, cérvidos, llamas, caballos), elefantes y nuevos roedores. Especies de Sudamérica también pasaron al Norte y se establecieron allí. Prueba de ello es que actualmente encontramos armadillos y zarigüeyas en EEUU, pero hay otras que desaparecieron como los perezosos terrestres, gliptodontes (armadillos gigantes), Macrauchenia y algunos forusrácidos (las llamadas aves del terror). En la época de las glaciaciones, Sudamérica no se vio afectada por éstas (con la excepción de la zona andina) pero se produjeron también las extinciones de especies tan características como los perezosos gigantes, gliptodontes, las aves gigantes, los lobos y tapires de gran tamaño e incluso los elefantes que habitaban en esa zona.

Australia siempre ha estado poblada por monotremas y marsupiales y los únicos placentarios que había, antes de la llegada del dingo y los humanos, eran los murciélagos y algunos roedores. Y algunos marsupiales llegaron a alcanzar grandes tamaños como algunas especies de canguro, el Diprotodon (una especie gigante de uombat) y otras con similitudes con el tapir, el lobo o el león, por poner algunos ejemplos. Había también aves gigantes (aparte del emú y el casuario) como gansos del tamaño de un avestruz y varanos como el Megalania, de hasta 7 metros de longitud.

Las islas como Nueva Zelanda, Madagascar y algunas del Pacífico e Índico estaban pobladas por especies gigantes de aves no voladoras como las moas, aves-elefante, el dodo y otras especies similares, águilas gigantes que cazaban a las moas, tortugas gigantes, cocodrilos de gran tamaño o incluso hipopótamos pigmeos.

Y Europa presentaba un panorama bastante diferente al actual con mamuts y rinocerontes lanudos, leones y osos de gran tamaño, hienas, bisontes, uros, ciervos de enorme cornamenta, saigas y caballos salvajes (estas dos últimas aun perduran en las estepas asiáticas). Las islas mediterráneas estaban colonizadas por hipopótamos y elefantes de pequeño tamaño o conejos y cisnes gigantes.

Pero todos ellos desaparecieron, bien por ser cazados hasta la extinción por los seres humanos, por el cambio en el clima y su hábitat o bien porque sus poblaciones estaban ya muy reducidas por estos cambios y los humanos los remataron. Y ahora llegan los tiempos modernos y cada vez conocemos un poco mejor nuestro pasado. E intentamos recrearlo. Y se han tomados dos estrategias distintas para intentar poder devolver esa fauna que había antes: la de reintroducir esa especie o alguna cercana en los ambientes que antes poblaba y la de clonar e intentar recrear esa especie que ya ha desaparecido pero de la que aún se conserva material genético en buenas condiciones.

La reintroducción de especies ya se está llevando a cabo en varios lugares de Europa, como el parque Oostvaardersplassen holandés. Por ejemplo en España ya tenemos bisontes europeos en Palencia, de búfalos acuáticos en Teruel o de quebrantahuesos en Cazorla y hay planes para el lobo en los Pirineos y a largo plazo, el oso y el lince ibérico (si conseguimos que no se extingan antes). El castor ha vuelto al Ebro pero su regreso ha sido muy polémico, en cambio nadie dice nada de las poblaciones crecientes de especies que nada tienen que ver con la fauna europea como son el visón americano, el coipú y el mapache, escapados de granjas de cría para la industria peletera o soltados por amos irresponsables cansados de mascotas que les daban demasiado trabajo. Y no nos olvidemos de los ríos, donde la mayoría de las especies que existen son introducidas, desde la carpa hasta el siluro pasando por el cangrejo americano o el mejillón cebra. Y han desaparecido especies tan emblemáticas como el esturión, del que también se planea su reintroducción, que incluso se utilizaba para producir caviar ibérico. Ahora bien, ¿es lícito introducir especies que ya no existen sin saber si el humano fue el causante de su extinción? ¿Deberíamos dejar que la naturaleza siga su curso y haga que nuevas especies ocupen esos nichos vacíos dejados por las ya extintas? ¿Está todo ya demasiado antropizado y es imposible hacer nada sin que se note el efecto de la mano del hombre? ¿Destruirán esas especies reintroducidas el equilibrio alcanzado por el ecosistema en su ausencia? ¿Se deben eliminar especies introducidas anteriormente por el ser humano pese a que ya se han adaptado al medio como sucede con el gamo, el muflón, la jineta, el meloncillo o las carpas? A todo ello habrá que contestar poco a poco y viendo que sería lo mejor para el medio y para los intereses del hombre. 

Otro tema más espinoso es la clonación de especies ya extintas. Hay una larga lista de especies extintas de las que se ha secuenciado el genoma completo, el mitocondrial o está el proyecto en un estado avanzado como son el mamut lanudo, el Neandertal, el oso cavernario, el dodo, el lobo marsupial o tilacino, la quagga, la moa o los dientes de sable.

Se lleva mucho tiempo intentando clonar un mamut. Lo que yo planteo es, ¿realmente será un mamut lo que salga del útero de una hembra de elefante asiático? Se está utilizando a hembras de esta especie, la especie actual más parecida al mamut aunque por lo visto ahora lo intentan con el africano, para usarlas para albergar los fetos de mamut provenientes de óvulos de elefante a los que se les extrae el núcleo y se le pone uno de células de mamut recuperados del permafrost y que tengan el ADN en perfecto estado. El supuesto óvulo con núcleo de mamut tiene información genética del elefante puesto que es éste el que pone las mitocondrias junto con el resto de orgánulos y moléculas del óvulo. El ambiente en el que el óvulo se divide y prospera es el de un elefante, con diferente carga hormonal a la del mamut, el feto puede ser de mayor tamaño que el de un elefante y puede provocar daños a la madre, si se llegara a producir el parto con una cría normal, la madre podría rechazar a una cría ya que posiblemente fuera diferente morfológicamente (orejas de pequeño tamaño, aspecto lanudo…) o la leche de la madre podría no suplir las necesidades alimenticias de la cría puesto que una vive en ambientes tropicales y la otra en estepas frías y posiblemente necesite más grasa para sobrevivir en ese ambiente. Tendríamos así un híbrido mamut-elefante pero no un verdadero mamut. No es que me desagrade que se llegara a hacer y llegara a buen puerto el experimento, soy el primero al que le encantaría poder ir a Rusia o Japón a ver mamuts y alimentarlos, sacarles fotos o incluso montarme a lomos de uno, porque amigos, todo esto se haría para obtener dinero de gente ávida de ver mamuts al más puro estilo Parque Jurásico, pero luego habría varios problemas como la variabilidad genética de los mamuts obtenidos ya que pocos podrían ser los donantes de ADN para clonar nuevos mamuts, y si fuera viable la reproducción entre ellos, la población sería tan pequeña que se llegaría a la endogamia en dos o tres generaciones. Haría falta una población de al menos 200 especímenes para no caer en un cuello de botella genético que los lleve de nuevo a la extinción. Algo que puede ocurrir por ejemplo con el lince ibérico. La otra especie que está muy cerca de ser recuperada es el tilacino o lobo o tigre marsupial. Se ha obtenido ADN de buena calidad de un feto guardado en alcohol en un museo australiano y la idea era clonarlo en óvulos de diablo de Tasmania, pero hasta donde he podido leer, el proyecto lleva unos años parado por el gobierno australiano.

Sin embargo, el poder ver especies extintas no será algo muy lejano. La cría selectiva para recuperar especies como el uro (antepasado de vacas y toros), el tarpán (antepasado de los caballos), la quagga o el lobo japonés se está llevando a cabo en diversas partes del mundo y consiste en coger especímenes con caracteres propios de las especies extintas y cruzarlos entre ellos para así obtener especies morfológicamente muy parecidas a las extintas (nunca llegarán a ser la especies extintas como en el caso de la clonación) y poco a poco poder ir obteniendo nuestro propio Parque Prehistórico o Parque Pleistocénico.

Víctor Tagua

 

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10 Comentarios en “Recuperando el pasado”

  1. FRANCISCO RENE noviembre 30, 2012 at 4:27 pm #

    EL HOMBRE ES EL ARTIFICE DE GRAN PARTE DE LA EXTINCION DE ESPECIES FABULOSAS, PERO TAMBIEN DEBE SER EL ARTIFICE DE SU RECUPERACION. LA TECNOLOGIA GENETICA ACTUAL Y LA FUTURA EN NADA ESTAN EN CONTRADICCION MORAL O RELIGIOSA, POR LO TANTO DEBE ANIMARNOS EL HACER TODOS LOS INTENTOS POSIBLES.
    YO DIRIA QUE TENEMOS UNA DEUDA CON EL CREADOR Y ES RECUPERARLE LO QUE CON ABUSOS E IGNORANCIA LE ARREBATAMOS.
    NO ES CIERTO QUE DIOS HA ESTADO DE ACUERDO CON LA EXTINCION DE LAS ESPECIES, TAMPOCO ES CIERTO QUE ES MALO JUGAR A SER DIOSES RECREANDO ESPECIES EXTINTAS. CREO QUE EL, EL CREADOR, ESTARA SATISFECHO CUANDO EL HOMBRE POR FIN ENTIENDA QUE TIENE UNA DEUDA MORAL CON TANTO CON EL COMO CON NUESTRO AMADO PLANETA, Y DE ACUERDO CON LA INTELIGENCIA QUE ESE MISMO CREADOR DOTO AL HOMBRE, RECUPERAR LO QUE LE ARREBATAMOS.
    ADELANTE PUE, Y OJALA ALGUN DIA PODAMOS VER ESES BELLAS Y FABULOSAS ESPECIES DE NUEVO RECUPERADAS EN NUESTROS VALLES, SELVAS, Y CIELOS.

    • rene noviembre 17, 2013 at 3:30 am #

      no tiene nada de moral o loable recuperar especies extintas, es cierto que resulta demasiado atrayente hacerlo y que ademas seria un logro extraordinario, el único problema acá es que seria mas que todo por el beneficio económico y no con un fin altruista ya que obviamente muchísimos de nosotros estaríamos dispuestos a pagar por ver estos animales, ojala directamente y si no es posible en documentales que también generan dinero, dicho todo esto aparece el problema de que el nicho que ocupaban en el ecosistema ya esta ocupado así es que tendrían que vivir en un espacio artificial y por muy espectacular que sea este seria un mero zoológico. En este mundo que cada vez se llena mas de humanos prácticamente no hay espacio para los animales que aun sobreviven, quizás cuantas especies sacrificaremos por insertar una que desapareció por motivos que ignoramos y en el mejor de los casos tenemos una vaga idea y ninguna certeza. Y no es por desalentar a nadie, pero pronto tendríamos el problema de la endogamia, sinceramente solo puedo concluir que debiéramos dirigir nuestros esfuerzos a intentar reconciliarnos con la tierra y con la dignidad humana antes de hacer estos experimentos del tipo Frankenstein, que me disculpen los que tienen un verdadero interés científico pero creo necesario emitir esta opinión por si logro tocar de algún modo la conciencia de los que se maravillan con estas cosas y olvidan lo principal, somos hijos de la tierra y estamos hechos de agua y somos tan estúpidos que envenenamos ambas como si fuera posible sobrevivir sin estas cosas vitales.

  2. Victor Tagua mayo 20, 2012 at 1:31 pm #

    Interesante post y audio si alguien quiere saber más del tema
    http://cienciaes.com/entrevistas/2012/05/15/depredadores-en-liza-homo-sapiens-contra-neandertal/

    • luis manuel sanchez lopez octubre 9, 2012 at 1:32 am #

      pss estha muy bn

  3. Cabezón enero 4, 2012 at 2:01 pm #

    Se me plantea una duda sobre la relación de los humanos con las extinciones de la megafauna. Y es que los animales de gran tamaño siguen existiendo en África, siendo así que el ser humano también procede de ese continente.
    ¿Cómo es que nuestros antepasados no extinguieron al elefante africano y sí al mamut y al mastodonte?
    Aunque ahora parece que estamos cerca de conseguir ese "logro"

    • Víctor Tagua enero 4, 2012 at 2:11 pm #

      Pues muy buena pregunta.
      Y se han dicho varias cosas al respecto:
      - La megafauna africana es la única que ha sobrevivido porque allí es donde apareció el hombre, y por tanto todas las especies ya conocían a los humanos y les temían. Huían de él y ello les posibilitó la supervivencia.
      - Los cazadores africanos (tipo bosquimanos) tenían técnicas de caza menos agresivas que los europeos y americanos, como al de cazar animales despeñando rebaños y manadas enteras por acantilados y desfiladeros y armas menos efectivas. Es posible que todas ellas se desarrollaran una vez que estuvieran establecidos en Europa y se fueran difundiendo conforme se avanzaba y conquistaban nuevos territorios. Al estar África ya colonizada, no llegaron allí y la fauna sobrevivió.

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