Los retratos de la Tierra, nuestra única casa

Cuando las primeras sociedades miraban hacia el cielo, y durante la mayor parte del tiempo de la historia humana, desconocíamos la verdadera naturaleza de todos esos brillantes puntos y formas que nos envolvían. La mayoría de estas sociedades identificaban esos objetos con guerreros, dioses u otras criaturas. La tierra que pisábamos y los mares que navegábamos eran el único sitio que existía en el universo y todas estas criaturas nos vigilaban desde arriba, lanzándonos maldiciones, bendiciones, lluvias y tormentas. No podemos culparnos de haber creído aquellas historias, el mundo era un lugar lleno de misterios que necesitaban explicación. 

Poco a poco, no sin dificultades, fueron surgiendo y acumulándose nuevos conocimientos que destejían la realidad y que, tras perderse durante muchos siglos de oscurantismo, consiguieron volver a aflorar con la época del Renacimiento. Desde entonces no hemos parado de realizar asombrosos descubrimientos a un ritmo cada vez más vertiginoso. Durante esta nueva época pudimos descubrir la verdadera naturaleza de aquellas figuras del cielo. Fue cuando descubrimos que el universo existente no se limitaba a la Tierra, sino que la Tierra era un simple planeta que, para el disgusto de muchos, giraba como otro planetilla cualquiera alrededor de una estrella cualquiera, de una galaxia cualquiera, de un cúmulo de galaxias cualquiera… y así hasta descubrir un universo (puede que de un universo cualquiera) con un número de estrellas tan desorbitado como un 1 seguido de unos 24 ceros aproximadamente....

 

Algunos empezaron a soñar con poder viajar entre planeta y planeta. Kepler escribió una novela en la que una madre y su hijo eran desplazados a la Luna durante un eclipse en una nave demoniaca. Julio Verne, “algo” más realista, intentaba hacer llegar al hombre a la Luna a través de un cañonazo interplanetario. Estas primeras novelas de ciencia-ficción dieron su fruto, y finalmente, justo en la mitad del siglo XX, los nuevos soñadores pudieron construir un cohete capaz de vencer la fuerza de atracción de la Tierra. Estábamos a un paso de poder ver nuestra casa desde fuera.

El día 12 de abril de 1961, Yuri Gagarin despegaba junto al Vostok 1 convirtiéndose en el primer hombre en viajar al espacio exterior, y con esto el primero en poder ver nuestro planeta desde una perspectiva completamente nueva y conmovedora. Cuando se encontraba alrededor de 300 km de altura, Gagarin pronunciaba: “La Tierra es azul. Qué bonita. Es increíble.”

Pasó menos de una década y, conspiraciones al margen, fuimos testigos de otro hito aún más espectacular. Dando un paso más, el 21 de julio de 1969, el Apolo 11 llegaba a la órbita de la luna, llevando consigo a Neil A. Armstrong, Edwin E. Aldrin Jr. y Michael Collins, para posar, con el módulo espacial Eagle, al sur del Mar de la Tranquilidad. De nuevo el ser humano pudo ver, de forma aún más inquietante, como todo nuestro planeta flotaba en mitad del vacío interestelar.

Tres años más tarde, los tripulantes del Apolo 17 tomaban desde la Luna una fotografía en la cual se apreciaba, con mayor perfección que la tomada en el primer alunizaje, la Tierra. La imagen se bautizó como “la canica azul”, y fue tomada el 7 de diciembre de 1972.

Pasaron casi dos décadas hasta poder vernos desde una perspectiva que nos recodara, de forma aún más intensa, lo insignificante y delicado que puede parecer y ser nuestro planeta. El 14 de febrero de 1990, la sonda espacial Voyayer 1 nos enviaba una imagen en la que, como una motita de polvo, apenas se podía distinguir nuestra casa. La fotografía “homónima”, o como Carl Sagan decía “un punto azul y pálido”, nos mostraba nuestro planeta desde una distancia de unos 6000 millones de kilómetros.

Ha pasado más de medio siglo desde que Yuri Gagarin se alejara lo suficiente para poder ver, desde el espacio exterior que en la Tierra no se distinguen fronteras, ni siquiera la de la muralla China como cuenta la leyenda. Más de cuatro décadas desde aquella mítica frase,  “Este es un pequeño paso para un hombre, y un gran salto para la Humanidad”. Y algo más de 20 años desde que la Voyayer 1 nos enviara un “retrato” de un pixel de nuestro «punto azul y pálido». Con cada una de estas grandes proezas muchos fueron los que, conmovidos por la imagen de nuestro planetilla flotando en la negrura, llegaron a pensar que esas fotografías nos harían ver que había mucho más que nos unía que qué nos separara. Nos unía el deber de cuidar de ese delicado pixel.

A día de hoy, con el pie metido completamente en el siglo XXI y con uno de los peores momentos del programa espacial, vemos como tras los pasos tan distantes que dimos, nos hemos quedado parados en nuestro planeta. Y como tiene pinta de que el quedarse en casa va para largo, a efectos prácticos podemos decir que estamos como al principio, es decir, como si la Tierra fuera el único universo que existe. Así que... llevémonos bien y cuidemos del único sitio que tenemos.

Santiago Carmona

 

NOTA: Esta es la primera de una serie de entradas que desde Hablando de Ciencia publicaremos en abril con motivo de la celebración del Mes Mundial de la Astronomía (GAM2012), que en su tercera edición organiza Astrónomos sin Fronteras.

 

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5 Comentarios en “Los retratos de la Tierra, nuestra única casa”

  1. Avatar
    Manuel50 julio 11, 2012 at 1:31 pm #

    [quote="HdC"]Así que… llevémonos bien y cuidemos del único sitio que tenemos.[/quote]

    Si? pues cuéntaselo a los políticos, a los capitalistas usureros y explotadores de recursos y personas, a esos amos del mundo que mas parece que quieran destruirlo todo que conservarlo y mimarlo.
    Si tal vez lo que habría que hacer es juntarles a todos en una de esas reuniones que hacen y mostrarles nuestro planeta desde esta perspectiva y lo que están haciendo con el su ambición desbocada y codicia desenfrenada.

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