¿Qué es la vida?

Saber qué está vivo y qué no nos parece algo de sentido común. ¿Quién dudaría ante lo que se muestra a nuestros ojos? Todos afirmaríamos que un pato es un ser vivo y una silla no, que una ameba está viva  y una roca de basalto no, y así. Es fácil enumerar una larga serie de cosas vivas y no vivas. Pero cuando pensamos en elementos más extraños, como los virus, todo esto parece complicarse. ¿Qué es un virus, a fin de cuentas? Los piratas de la célula son poco más que genes móviles con una cubierta protectora proteíca. Como su única función biológica es la reproducción (desmedida, intracelular y con necesidad de anfitrión, además), algunos autores los consideran más bien simples sustancias químicas que utilizan a  auténticos organismos vivos para sus fines. Pero otros, y numerosos, sí los incluyen en el abanico de “lo vivo”, así que ya tenemos la polémica servida. ¿Y qué decir acerca de la posibilidad de vida sintética tan de moda recientemente gracias a Craig Venter? ¿Y de la hipotética vida que pudiera haber en otros planetas? Si es muy diferente a la nuestra, ¿cómo seríamos capaces de reconocerla? ¿Hay elementos universales en cualquier ser vivo? Se hace necesario, pues, preguntarnos de nuevo: ¿qué es la vida?

 

Cuando queremos salir de dudas sobre la definición de un tema complicado solemos acudir o bien a un diccionario especializado, o bien a una enciclopedia. Así que he consultado el término “vida” en famoso Diccionario Henderson de Términos Biológicos (duodécima edición) y me encontré con esto:

vida sust. los organismos vivos se pueden distinguir de otros sistemas físicoquímicos complejos por su capacidad de almacenar y transmitir información molecular en forma de ácidos nucleicos, por poseer catalizadores enzimáticos, por sus relaciones energéticas con el medio ambiente, por sus procesos internos de conversión de energía (por ej. fotosíntesis, respiración y otras actividades metabólicas catalizadas por enzimas), por su capacidad de crecer y reproducirse y por su capacidad de responder a estímulos (irritabilidad). Los virus, que sólo cumplen algunos de estos criterios, también se les suele considerar como parte del mundo vivo.

Como vemos, se trata de una definición muy exhaustiva. En el diccionario no se limitan a dar, por ejemplo, un solo rasgo universal y objetivo en el que puedan encuadrarse todos los seres vivos existentes, sino que prefieren pecar por exceso que por defecto para que todos, incluso los virus, puedan ser englobados sin demasiados problemas. Al fin y al cabo, la frontera entre los sistemas orgánicos complejos y los sistemas inorgánicos complejos es en ocasiones bastante difusa, y ya quedan lejos los tiempos en los que posiciones como el vitalismo tuvieron su importancia y calado. Durante siglos se supuso que la vida era algo especial y cualitativamente distinto a lo inanimado, al mundo físico mecanicista. Se hablaba del alma, del élan vital, de una fuerza irreductible de lo vivo. Pero con la síntesis de la urea de Wöhler en 1828 el hechizo empezó a quebrarse. Aunque incluso a principios del siglo XX, Henri Bergson sostenía posturas vitalistas, la concepción materialista de la vida ya había calado. Era posible sintetizar compuestos orgánicos de lo puramente inorgánico. La vida no tenía propiedades mágicas ni estaba en un plano distinto del mundo físico. Era tan mundana como cualquier fenómeno natural y estudiable con instrumentos empíricos. Así también, el popular experimento de Miller y Urey sobre el origen de la vida en 1952 desentrañó que es muy sencillo obtener moléculas orgánicas como los aminoácidos, bloques fundamentales de la vida, a partir de sustancias químicas inorgánicas como el agua, el hidrógeno y el amoníaco, que se cree que eran típicos y abundantes en el ambiente de la Tierra primitiva. También la biología molecular supuso un enorme impulso en esta consideración de lo vivo.

Quizá una característica básica y distintiva de los organismos vivos sea la primera a la que se refiere el diccionario: su capacidad de almacenar y transmitir información. O sea, como replicadores de algún modo. Pero aquí hay complicaciones. No se puede entender la replicación en sentido amplio únicamente como reproducción de los ácidos nucleicos, sino también supone, por ejemplo, la construcción epigenética del organismo, que puede darse a través de una serie de pasos. Un organismo es más parecido a una receta de cocina que al plano de un edificio: la manera de expresión de los genes en lo que llamamos fenotipo (el producto de la interacción entre los genes o el genotipo y el ambiente) es muy diversa. Y en cualquier caso, no sabemos si podrían existir formas de vida sin ácidos nucleicos, o incluso si algún día nosotros mismos podríamos crear vida sintética que posea otro mecanismo de replicación totalmente distinto. ¿De qué depende la vida? ¿Cuáles son sus requisitos mínimos para ser considerada como tal?

Hay una vieja discusión en la biología teórica sobre la universalidad de la propia biología. Recordemos que la biología es la ciencia de la vida (aunque esa denominación es relativamente reciente, ya que antes se llamaba historia natural). Pero por ahora sólo conocemos un tipo de vida: la que hay en la Tierra, y no todas las especies. La biodiversidad es tan enorme que descubrimos continuamente nuevas especies (y también las extinguimos). Stephen Jay Gould y Ernst Mayr siempre abogaron por la contingencia de la biología e hicieron hincapié en la dificultad o imposibilidad que tiene esta disciplina de generar leyes de carácter universal y necesario como hace la física o la química. La ley de la gravitación universal de Newton, como su nombre indica, rige en todo el universo conocido, pero sólo tenemos constancia segura de la vida en nuestro planeta y sus particularidades. ¿Puede ser aplicable lo que sabemos de biología a otros lugares, o nuestra biología es una ciencia terrestre y local? Jay Gould y Mayr defendían que la biología está más relacionada con la historia (por su carácter accidental y aparentemente lleno de casualidades y anécdotas) que con la física. A mí me gusta mucho la expresión de Jay Gould de que los seres humanos somos como somos y estamos aquí por una gran serie de azares, casualidades y eventos accidentales prehistóricos. De este modo, Gould niega cualquier sentido de finalidad o progreso en la evolución. En La vida maravillosa lo refleja bien:

Si Pikaia no sobrevive (…), somos barridos de la historia futura: todos nosotros, desde el tiburón al petirrojo y al orangután (…). Y así, si usted quiere formular la pregunta de todos los tiempos (¿por qué existen los seres humanos?), una parte principal de la respuesta (…) debe ser: «Porque Pikaia sobrevivió a la diezma de Burgess Shale». Esta respuesta no menciona ni una sola ley de la naturaleza; no incorpora afirmación alguna sobre rutas evolutivas previsibles, ningún cálculo de probabilidades basado en reglas generales de anatomía o de ecología. La supervivencia de Pikaia fue una contingencia de la «simple historia». No creo que se pueda dar una respuesta «superior», y no puedo imaginar que ninguna resolución pueda ser más fascinante. Somos la progenie de la historia, y debemos establecer nuestros propios caminos en el más diverso e interesante de los universos concebibles: un universo indiferente a nuestro sufrimiento y que, por lo tanto, nos ofrece la máxima libertad para prosperar, o para fracasar, de la manera que nosotros mismos elijamos. [Extraído de aquí].

Por el contrario, hay quien afirma que la biología sí que puede proponer leyes de carácter universal, que trasciendan la presunta singularidad de la vida terrestre. Un caso muy conocido es el de Richard Dawkins y Daniel Dennett, con su idea del darwinismo universal. Ambos aventuran que, probablemente, la vida en otros planetas consistirá también en organismos replicadores, basados en algo equivalente o idéntico a nuestro ADN, ARN o genes. Sugieren además que hay una serie de condiciones lógicas, físicas, químicas, biológicas y ecológicas que condicionan la evolución y el campo de lo posible en diseño y adaptación. Sí serían posibles las leyes en biología y, además, conciben el darwinismo como algo formal, como un algoritmo que puede aplicarse a muchísimos aspectos (informática, cultura, etc). En cualquier caso, este es un debate científicamente abierto y no está resuelto todavía. 

Hay intentos de dilucidar la cuestión de qué es la vida desde el campo de la vida artificial. La vida artificial consiste en la investigación sobre la vida con conceptos informáticos y complicados modelos por ordenador. Se trata, pues, de un campo muy reciente que ha emergido en la bioinformática. Con las herramientas de la vida artificial es posible simular seres vivos con los que confrontar hipótesis sobre las características de la vida. Dentro de este programa de investigación, existe hasta una corriente que considera que determinados programas informáticos (entre otros, el programa TIERRA) son formas vivas, aunque de un nuevo tipo de vida. De este modo reflejan una concepción de la vida formal y no material; esto es, no importa el contenido ni la disposición molecular sino la forma, el formato y la función. Es la vida como organización, como decía Kant. Estos autores creen que esta definición conformaría la biología sintética y la alejaría de la historia, la contingencia y los conceptos de Mayr. Desde luego, eso permitiría estudiar el ámbito de lo posible en la vida y poner a prueba nuestras hipotéticas definiciones. No obstante, habrá que esperar a ver qué frutos nos depara el campo de la vida artificial.

Sólo queda recalcar que, como hemos visto, no tenemos una definición concreta de la vida que sea aceptada por todos. En la obra Between Necessity and Probability: Searching for the Definition and Origin of Life (2004) incluso se citan más de cien definiciones distintas de “vida”. Y, seguramente, en el futuro todo esto se hará más complicado y más sofisticado aún. Lo que parece claro es que nuestras definiciones, aunque múltiples y diversas, son funcionales y a la biología como disciplina no le es en ningún caso urgente elegir ya mismo una definición canónica y universal. Una definición larga y que incluya muchos rasgos es completa y viene bien. Es difícil o imposible unificar por ahora todas las definiciones en un único rasgo central, pero quizá eso sea parte de la natural complejidad de la vida. Al menos de la vida en la Tierra.

Paulo Hernández

Referencias bibliográficas y en la red:

Life (Stanford Encyclopedia of Philosophy).

- Diéguez, Antonio (2008). “¿Es la vida un género natural? Dificultades para lograr una definición del concepto de vida”. Artefactos, 1, pp. 81-100. Versión online [PDF].

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15 Comentarios en “¿Qué es la vida?”

  1. Gerardo Costea 25 mayo, 2012 en 4:59 #

    Echo de menos una revisión al concepto de “autopoiesis”, así como la palabra “entropía”. Son términos que yo no podría evitar mencionar en un post de esta naturaleza. Un día habrá que escribir una segunda parte de este artículo.

    • paulohernandez 25 mayo, 2012 en 23:41 #

      Totalmente de acuerdo, Gerardo. Quería hablar también del librito de Schrödinger sobre la vida y sobre el concepto de autopoiesis pero pensé que quizá quedaría todo muy largo y quizá confuso. En especial para explicar la autopoiesis y la complejidad habría -creo yo- que dedicarle tiempo, incluso un post entero sólo para ellas. Me gusta la idea de seguir con una segunda o más partes, incluso en colaboración con otros redactores. Puede dar para mucho.

      ¡Un saludo!

  2. Aníbal Bueno 23 mayo, 2012 en 11:07 #

    Básicamente creo que tendemos mucho a discutir sobre conceptos que nosotros mismos hemos creado. El término “vida” es una invención lingüística nuestra. Determinar que engolbamos dentro de ese concepto y que no no deja de ser simplemente un afán clasificatorio humano, pero sinceramente, creo que carece de importancia. Aunque yo también amo embarcarme en estos debates, ¿eh?. Asi que enhorabuena por tu post.

    Dawkins habla sobre ello en el capiítulo (creo que 2) de El Gen Egoísta. Un ser vivo es: ¿aquello que tiene material genético?, ¿aquello que tiene base de carbono y puede reproducirse?…. Hoy en día casi todos los Biólogos consideran ya a los virus como seres vivos. Pero lanzo una pregunta. ¿Son seres vivos, por ejemplo, los priones?

    Un saludo.

    • paulohernandez 23 mayo, 2012 en 15:50 #

      Gracias, Aníbal. Y estoy muy de acuerdo. La idea de “vida” ya nos viene de arrastre desde el pasado. Concretamente de tiempos en los que se pensaba que la vida era realmente cualitativamente distinta de lo no-animado, de lo abiótico. Pero ya sabemos que no es así y que la frontera es aparentemente arbitraria. No hay un salto digamos “ontológico” brutal entre lo vivo y lo no-vivo como vemos en la vida en sus formas más básicas. Todos obedecen a leyes físicoquímicas muy concretas. A fin de cuentas, llamamos “vida” a una forma de organización de la materia. Compleja, pero no salvajemente diferente de lo inerte.

      La clasificación de la vida puede tener cierto interés si queremos saber qué buscar al mirar en otros planetas. ¿Qué variedad de formas puede tener la vida? ¿Cómo reconocerla? A mí me convence bastante la idea de los seres vivos como replicadores de alguna manera. Pero eso habría que desarrollarlo y, eso sí, siempre con los datos empíricos en la mano. De lo contrario estaríamos hablando de simples problemas semánticos -y en cierto modo es así.

      No me atreví a hablar de los priones en la entrada, pero desde luego que eso puede dar para mucho. La verdad es que no me arriesgo a responder (por ahora).

      Un saludo.

      • paulohernandez 23 mayo, 2012 en 19:02 #

        Acabo de echar un vistazo al capítulo II de “El gen egoísta” (¡muy bien escrito, por cierto!) y Dawkins se expresa sobre este tema exactamente así:

        “De manera similar, la historia de las moléculas replicadoras probablemente sucedió de forma parecida a la que yo estoy contando, indiferente al hecho de si escogemos calificarlas de “vivientes”. Ha sido causa de sufrimiento el hecho de que muchos de nosotros no pueden comprender que las palabras son sólo herramientas para nuestro uso, y que la mera presencia en el diccionario de una palabra como “viviente” no quiere decir, necesariamente, que deba referirse a algo definitivo en el mundo real. Tanto si denominamos vivientes a los primeros replicadores como si no, ellos fueron los predecesores de la vida; fueron nuestros primeros padres”. (Salvat, 2002, p.23).

  3. Victor Tagua 22 mayo, 2012 en 10:05 #

    Muy buen post y muy buen ubicado, puesto que hoy es el Día de la Biodiversidad!!

    Para mí la vida es metabolismo autocontrolado y capacidad reproductora.
    Por lo que virus, viroides y priones no entran en la definición al carecer de metabolismo, pero conocer su origen también podría ayudar a saber de donde provienen y si son realmente seres vivos degenerados.

    • alvaroluna 22 mayo, 2012 en 13:31 #

      Curioso lo de ” metabolismo autocontrolado”, me has invitado a pensar con tu opinión. Con lo de vida pasa como con la definición de especie, cuando parece que tienes clara tu postura al respecto ya viene alguien con un argumento nuevo que te desmonta tu definición :p

      • paulohernandez 23 mayo, 2012 en 15:41 #

        Efectivamente Álvaro, con el concepto de “vida” pasa lo mismo que con el concepto de “especie”. Tenemos tropecientas deficiones distintas, cada una con fundamentos más o menos convincentes, pero seguimos hablando de ello. Cuando una definición parece segura, aparece una nueva visión que la rompe y vuelta a empezar.

    • paulohernandez 23 mayo, 2012 en 15:39 #

      Muchas gracias, Víctor. Tu definición es interesante aunque deje fuera a los virus. El problema es encontrar un criterio universal (y universal literalmente, sin limitarnos a la vida en la Tierra, aunque es lo único que conocemos por ahora) y que sea aceptado por la gran mayoría de la comunidad científica. El origen de los virus, como bien apuntes, puede aportar grandes datos para resolver este enigma.

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