¿Y si las industrias pesqueras las gestionasen estudiantes de Ciencias Ambientales?

La sobreexplotación de los recursos pesqueros es un tema que merece la máxima atención, especialmente cuando los datos acerca de las poblaciones de especies como el atún rojo son cada vez más preocupantes. No hay duda de que para garantizar la supervivencia de los caladeros en el futuro, se deben tener en cuenta los aspectos biológicos del recurso: las tasas de regeneración, la presión pesquera máxima que puede soportar una zona del océano, etc. Lo deseable, desde luego, es que haya especialistas respaldando las decisiones de la industria pesquera, aunque a veces da la sensación de que sólo los intereses cortoplacistas son los que importan. ¿Cómo sería la industria pesquera si estuviese controlada por personas implicadas en la sostenibilidad? Recientemente se ha publicado un artículo en Ocean and Coastal Management que recoge una interesante experiencia educativa: la de someter a distintos grupos de estudiantes universitarios de Ciencias Ambientales a un juego de simulación de la industria pesquera. Además del interés obvio formativo para los estudiantes de "jugar" con distintos tipos de toma de decisiones; ellos mismos y sus decisiones se convierten a su vez en "objeto de estudio", y el resultado es bastante curioso.

La simulación se hizo mediante Fishbanks, uno de los programas clásicos para estos menesteres. El programa permite simular la actividad de varias compañías pesqueras, cada una con su propia flota de barcos, que pueden enviarse a alta mar, a la zona litoral o mantenerse en el puerto. Las reglas estipulan los precios de compra y mantenimiento de los barcos, el precio de venta de las capturas, y lo más importante, la dinámica de poblaciones de peces tanto en el litoral como en la costa, de forma que aunque los estudiantes no tienen acceso directo a estos datos (como ocurre en la vida real), éstos se pueden conocer en todo momento, comprobando el impacto real de las decisiones de la industria en los caladeros.

El artículo recoge la experiencia de 48 sesiones de simulación en distintos cursos. En cada sesión participaban unos 20-25 estudiantes, que se agrupaban en cuatro compañías pesqueras distintas, todas ellas comenzaban con la misma flota inicial y la misma cantidad de dinero en su cuenta bancaria particular. Cada turno (que simula un año completo) incluye una primera parte de toma de decisiones "privadas" (comprar o vender barcos, y cómo distribuir la flota en los caladeros), una segunda fase de acción en la que se colocaban los barcos según se había decidido a la vista de todos los participantes, y una tercera y última fase de regreso de los barcos, cuantificación de capturas, puesta al día de los asuntos económicos de la empresa, etc.

Resumen de las condiciones de juego de Fishbanks

A su vez, esas 48 sesiones eran de tres tipos distintos: simulación a 10 años, simulación a 15 años y simulación a 10 años con institución reguladora. Mediante estas variantes se pretendía comprobar si el hecho de tener un "horizonte" temporal más extenso ampliaba la vida del recurso y, en segundo lugar, el papel de la institución reguladora. La institución, en las sesiones en las que se usaba, estaba integrada por un miembro de cada compañía, y al comienzo del juego debían establecerse unos estatutos (sistema de votación, multas, etc). Obviamente, su misión era velar por la sostenibilidad de la pesca en la zona.

¿Y bien? ¿Cuál es el resultado de estas sesiones?

Evolución promedio de las poblaciones de pescado en los caladeros del litoral y de alta mar en las 48 sesiones consideradas en el artículo. Se distinguen las sesiones a 10 ños, a 15 años y a 10 años con institución reguladora.

La verdad es que un primer vistazo a los gráficos con los promedios de poblaciones de peces no deja de ser un tanto desolador: la mayor parte de las sesiones concluyen con los caladeros prácticamente arrasados, tanto en alta mar como en el litoral. Que la sesión se haga a 10 o 15 años vista no parece tener especial efecto en las poblaciones de peces, y la vida del recurso no se alarga más en las sesiones de 15 años. Por el contrario, la presencia de institución reguladora, sí que tiene un efecto positivo en alargar la vida de los caladeros. De hecho esta es una de las conclusiones más interesantes de la experiencia: la de verificar la importancia que puede tener la autorregulación en este tipo de industria. (Hay que recordar que estos son los resultados promedio de todas las sesiones, a nivel individual, sí que algunos grupos conseguían resistir las ansias por ganar más dinero y las poblaciones se mantenían estables).

Pese a todo, no deja de ser irónico que estudiantes en principio comprometidos con la importancia de una explotación racional de los recursos acaben esquilmando el pescado. Aunque los estudiantes no tienen acceso directo a la cantidad real de pescado que queda, sí que pueden estimarla haciendo uso de sus conocimientos adquiridos. El fallo normalmente llega por exceso de confianza: cuando se percatan de que el caladero está ya seriamente esquilmado es demasiado tarde para su recuperación en un plazo razonable de tiempo. Típicamente, las sesiones acaban en desastre: El mar casi sin peces y una flota desproporcionadamente grande atracada en puerto, costando dinero de mantenimiento pero sin aportar ningún beneficio a la empresa. El fin del recurso supone, evidentemente, el fin de la actividad económica también. Tan sólo en las sesiones con institución reguladora se conseguía, por término medio, balances muy positivos en términos económicos (aunque con previsión "a la baja", normalmente porque la pesca también empieza a resentirse hacia el final de la sesión). La dinámica de la propia institución reguladora también es en sí muy interesante. Decisiones sobre el peso específico de cada compañía en las votaciones (todas son iguales al principio, pero a menudo se acaban descompensando durante el juego) resultan ser críticas la mayor parte de las veces. Por lo general las instituciones eran bastante restrictivas y multaban duramente a las empresas que se saltaran los límites establecidos.

El artículo además menciona que el mejor indicador de la "idiosincrasia" de cada equipo era el número de barcos que se compraban. Había equipos que optaban por estrategias muy expansionistas, y se hacían con una flota muy amplia nada más empezar, y otros más conservadores, eran más modestos en sus compras. Curiosamente, la "capacidad" máxima de barcos que pueden albergar los caladeros de forma sostenible según las reglas del juego es un dato que los estudiantes estaban capacitados para calcular (rondaba los 40). Pese a todo, en algunos casos excepcionales una sola compañía llegó a tener más de 100, concretamente en un equipo liderado por un estudiante de económicas que, aunque entendió perfectamente la estrategia para maximizar los beneficios, no tuvo en cuenta los factores biológicos del recurso y su regeneración.

Por último, hay que destacar que uno de los factores que pueden determinar el comportamiento de los estudiantes en esta simulación era la propia presentación del juego. Durante la explicación del mismo y su desarrollo, se les hizo ver que el objetivo era el éxito económico de su compañía; es decir, que se les presenta como un juego de "suma cero", no cooperativo, en el que para que un equipo gane, los otros deben perder. En el fondo este es un ejemplo clásico de las múltiples aplicaciones de teoría de juegos, tipo "dilema del prisionero", ya que si los jugadores deciden cooperar y controlar las capturas (por ejemplo, mediante la autorregulación) el resultado final es satisfactorio para todos ellos. Por el contrario, el desenlace acaba siendo muy a menudo, como hemos visto, de tipo "tragedia de los comunes": los intereses particulares acaban motivando una serie de decisiones que, aunque son racionales, desembocan en algo totalmente irracional como es el fin del recurso, matar a la gallina de los huevos de oro.

Desde luego, como experiencia didáctica creo que el jueguecito de Fishbanks tiene mucho valor. A los propios estudiantes seguro que les ayudó a reconsiderar su actitud durante el juego y cómo puede extrapolarse a un contexto empresarial real, asumiendo las limitaciones del modelo, claro. A los observadores de estos improvisados "conejillos de indias", y lectores del artículo, también nos debe hacer reflexionar sobre cómo de irracionales y cortoplacistas pueden ser las decisiones que buscan maximizar el beneficio inmediato. Por suerte sólo es un juego... ¿o no?

Rafael Medina

Referencia

Ruiz-Pérez, M., Franco-Múgica, F., González, J., Gómez-Baggethun, E., & Alberruche-Rico, M. (2011). An institutional analysis of the sustainability of fisheries: Insights from FishBanks simulation game Ocean & Coastal Management, 54 (8), 585-592 DOI: 10.1016/j.ocecoaman.2011.05.009

 

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4 Comentarios en “¿Y si las industrias pesqueras las gestionasen estudiantes de Ciencias Ambientales?”

  1. Rascayu enero 3, 2018 at 7:41 pm #

    Solo queda el atún en lata.

  2. Heremit enero 27, 2014 at 11:27 pm #

    Hemos jugado hoy a ese juego en una práctica, en el modo Estandar a 10 años, y los caladeros han acabado completamente vacíos, hasta el punto de que los barcos que salían volvían sin haber pescado absolutamente nada... claro que los profesores, efectivamente, nos dijeron que el objetivo era tener más beneficios que nadie para ganar; pues bien, mi grupo no ha ganado, pero por muy poco (apenas 600 dolares de diferencia), y eramos los que teníamos la flota más pequeña (13 barcos) y los que pensábamos de manera mas sostenible. Eso demuestra que sí, que se pueden tener beneficios pescando de forma razonable, e incluso liderar el sector.

    Por cierto, el juego es absolutamente genial 😀

  3. Juan Pablo junio 15, 2012 at 4:43 pm #

    Si entiendo bien, la institución reguladora estaba formada por representantes de las compañías en el juego. ¿Incluía representantes sin intereses económicos?
    Ese es sin duda uno de los modelos a probar (aunque cómo se implementa en el mundo real una institución que no sea influída por la industria, sería todo un asunto...)

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