¿Qué son las emociones?

 

 

Estás en el cine viendo una buena película de terror. Eres de los que se meten rápidamente en la historia viviéndola casi como propia. Ingieres las palomitas a marchas forzadas sin quitar el ojo de la pantalla. Sabes que algo terrible está a punto de suceder. ¡Qué nervios! De repente un fuerte sonido junto a la inesperada aparición del horror te hacen dar un brinco en el asiento. Cambiemos de tercio. Alguien te muestra una sustancia viscosa, o quizá un pequeño animal como una serpiente o una araña, y la mueca de tu cara es un poema, tuerces el gesto, quizá apartas la mirada, tal vez sientes un pequeño escalofrío. Ahora alguien te cuenta un cotilleo y es un bombazo, o quizá una tremenda grosería de quien menos te la esperabas, no das crédito, te has quedado con la boca abierta y los ojos como platos, no puedes pensar en otra cosa. ¿Ahora qué tal un regalo? Te lo has merecido después de tantas emociones seguidas. Es algo que hace que te sientas bien, sonríes, te animas y ves las cosas de otro color, sin tantas tensiones, así que debe de ser un buen regalo. Son las emociones, pero, ¿qué son?

Nunca han faltado pensadores que les dedicasen su atención. Las primeras concepciones sobre las emociones se engloban dentro de reflexiones más generales sobre la naturaleza del comportamiento humano. Desde el racionalismo griego, con representantes como Platón y Aristóteles, y cuyas ideas dominaron el panorama intelectual durante siglos, se concebía al hombre como un ser racional, consciente de sí mismo, conocedor y controlador de las fuentes de su conducta y plenamente responsable de sus actos mediante el libre ejercicio de su voluntad. Las emociones, llamadas pasiones en el mundo clásico, eran aquí peligrosos impulsos irracionales que debían ser sometidos por la razón. Siglos más tarde, el empirismo inglés supuso una ruptura importante con esta tradición. Autores como Hobbes, Locke, Hume, Mill y otros, consideraron que las emociones estaban sometidas por mecanismos y principios que se pueden estudiar. También tuvo gran repercusión el dualismo mente-cuerpo de Descartes, quien concebía las emociones como el resultado de la interacción entre el alma racional, sede del pensamiento y la voluntad, y los procesos irracionales, automáticos y mecánicos, del cuerpo. Pero el cambio decisivo, no ya solo sobre las emociones en particular, sino en general sobre la manera de entender la propia naturaleza del ser humano y hasta de la vida en sí misma, llegó en el siglo XIX con el evolucionismo formulado por Darwin y Wallace, cuyos conceptos y principios fundamentales pasan a ser la adaptación, la supervivencia y la reproducción, para hombres y animales por igual.

Bajo la nueva pespectiva evolutiva, las emociones debían tener algún valor práctico, debían cumplir alguna función relevante para la supervivencia que explicase su perduración en la filogenia, y fue Darwin el primero en manifestar la función adaptativa de las emociones en La expresión de las emociones en el hombre y los animales (1872), argumentando que sirven para facilitar la conducta apropiada a cada situación, enfatizando la relevancia comunicativa de los aspectos expresivos emocionales, y observando que tanto «los animales como el hombre» expresan emociones similares en situaciones parecidas, lo que venía a probar la continuidad evolutiva de las expresiones emocionales desde las especies consideradas inferiores, siendo coherente con las ideas que expuso primero en El origen de las especies (1859). Este nuevo marco teórico permitió el desarrollo de importantes y variadas líneas de investigación e incrementó el interés por el estudio de las emociones.

No obstante, el estudio de las emociones estuvo un poco marginado, durante la primera mitad del siglo XX, por la primacía del conductismo, y en los años setenta por el cognitivismo. La primera de estas dos importantes corrientes en la historia de la Psicología, en su afán por abordar un estudio empírico sistemático del comportamiento humano, se centró exclusivamente en la observación y medición de las respuestas y signos externos observables y cuantificables, y aunque hizo importantes contribuciones al estudio del aprendizaje (es la época de Paulov, Skinner, Hull, Tolman, etc, y el inicio del condicionamiento clásico y operante), despreció las emociones por sus connotaciones «mentalistas», ya que en aquellos momentos, a las emociones se las consideraba algo subjetivo, interno, mental, algo solo investigable mediante «introspección», una técnica despreciada por representar justo lo opuesto a como entendían los conductistas que se debían hacer las cosas. La segunda corriente, por su parte, centrada en el estudio de la cognición y fuertemente influida por los conceptos de la teoría informática de la cual adoptan una nueva terminología (de aquí viene la «metáfora del ordenador» y es cuando se empieza a hablar en términos de «procesamiento de la información», programas, circuitos, redes, etc), ignoró la interferencia o posible influencia de las emociones en estos procesos.

La Psicología siempre se interesó más por el estudio de los procesos cognitivos que de los afectivos. De hecho, se llegó a pensar que las emociones no tenían ninguna función, sino que eran remanentes filogenéticos que incluso perjudicaban nuestras destrezas y capacidades, algo que por otra parte no es extraño viniendo de una cultura que tradicionalmente ha distanciado siempre la razón de la pasión, otorgando más valor y poder a la primera que a la segunda, influencias de las que la comunidad científica, como personas en el seno de una sociedad y cultura determinadas, tampoco se libra.

Sin embargo, la mayoría de los investigadores acababan, sin pretenderlo, tropezándose, tarde o temprano, directa o indirectamente, con las emociones en sus estudios sobre otros procesos psicológicos como el aprendizaje, la memoria, la atención, etc. Todo esto es lo que ha propiciado que el estudio de la emoción se haya realizado desde perspectivas y orientaciones dispares generando una importante diversidad terminológica y conceptual que no allana precisamente el camino hacia su entendimiento. Es decir, no solo no será fácil definir qué son las emociones, sino que además la definición es distinta y siempre parcial variando según autores, estudios y enfoques. En una primera aproximación que intente entresacar algo en claro de esta «torre de Babel» emocional, revisando la literatura disponible, nos encontramos con cuatro elementos o dimensiones señalados en relación con las emociones: la presencia de determinados cambios fisiológicos en parámetros como la frecuencia cardíaca, la tensión muscular o la actividad electrodérmica, por poner algunos ejemplos, que involucra al sistema neuroendocrino; una «tendencia a la acción» o afrontamiento, que significa que las emociones preparan al organismo para dar una respuesta, como por ejemplo huir cuando se tiene miedo; una experiencia subjetiva o sentimiento, que son las sensaciones que percibimos de nuestro propio cuerpo y que nos permiten darnos cuenta de que estamos enfadados, tristes, temerosos, contentos, etc; y un proceso cognitivo de análisis de la información emocional en el que la emoción resultante está determinada por la interpretación que la persona hace de la situación que está viviendo.

De forma más rigurosa y completa, Kleinginna y Kleinginna (1981) recopilaron más de cien definiciones y perfilaron una serie de categorías conceptuales desde las que ha sido abordada la emoción, que añaden a los elementos señalados en el párrafo anterior otras consideraciones como el papel de los estímulos desencadenantes o el valor comunicativo de las emociones gracias a su expresión corporal. Teniendo en cuenta todos los criterios en una visión integradora, se concibe la emoción como un proceso multifactorial que implica una serie de condiciones desencadenantes, la existencia de experiencias subjetivas o sentimientos, diversos niveles de procesamiento cognitivo, patrones expresivos y de comunicación, sustentado todo en una serie de cambios fisiológicos, con unos efectos motivadores o de preparación para la acción y una finalidad que es la adaptación a un entorno cambiante para sobrevivir. Pero en general, podemos decir que las distintas aportaciones proceden del empleo de diferentes niveles de análisis o enfoques, siendo los más clásicos el conductual, el biológico y el cognitivo. Cada perspectiva tiene sus propias limitaciones y ninguna explica de forma completa el proceso emocional, pero en conjunto ofrecen importantes claves para su comprensión, y a pesar de la enorme dispersión teórica existente, ha habido en los últimos años un importante esfuerzo de integración de las distintas orientaciones, sobre todo la biológica y la cognitiva, dentro de una perspectiva general evolutiva que entiende la emoción como un mecanismo de adaptación, premisa de partida sin la cual es imposible la actual comprensión de las emociones.

La orientación biológica ha indagado en las bases neurológicas y fisiológicas de las emociones, permitiendo identificar algunas estructuras y sistemas clave del proceso emocional, tarea de la que se encarga actualmente la llamada neurociencia afectiva (en contraste con la neurociencia cognitiva, que investiga la cognición). Como este artículo solo pretende dar una visión general sobre el fenómeno emocional en su conjunto, aquí mencionaremos solo que a las primeras teorías de Cannon, Papez y McLean, entre otros, quienes establecieron los fundamentos del estudio de las relaciones entre el cerebro y las emociones, siguió el descubrimiento del importante papel de la amígdala cerebral y las cortezas prefrontal y cingulada en la respuesta emocional.

A la izquierda, en naranja, la amígdala cerebral. En el centro, las dos áreas emocionalmente relevantes de la corteza prefrontal: en verde la región orbitofrontal y en rojo la ventromedial. A la derecha, en amarillo, la corteza cingulada anterior. Cada región señalada regula aspectos distintos del procesamiento emocional. Composición propia a partir de imágenes tomadas de Psicología de la emoción, VVAA, Editorial Universitaria Ramón Areces.

La orientación conductual ha sido quizá la menos prolífica, pero ha alcanzado ha señalar la existencia de tendencias de acción similares entre el hombre y el resto de los animales, lo cual tiene sentido si pensamos que sistemas de funcionamiento similares producen respuestas similares, y aunque está claro que las capacidades en el ser humano son mayores, en situaciones de emergencia se manifiestarán esas tendencias de acción, evolutivamente seleccionadas por su valor adaptativo. Las escasas aportaciones de este enfoque han tratado la emoción como una respuesta conductual más y la han intentado explicar basándose en los principios del aprendizaje conocidos, fundamentalmente por condicionamiento clásico e instrumental.

La orientación cognitiva, por su parte, adolece de una gran falta de consenso entre los expertos sobre el papel de la cognición en la emoción, derivada básicamente del distinto modo en que entienden el término «cognitivo», pero todos comparten la asunción básica de que las emociones son desencadenadas por un tipo de actividad o procesamiento cognitivo que evalúa los acontecimientos externos y significativos para la supervivencia en función de la relevancia personal. Así, desde este enfoque se conciben las emociones como mecanismos de emergencia o, usando un símil informático, «programas de orden superior» que, digamos siempre están en ejecución a bajo nivel o en segundo plano, vigilan todo el sistema y cuando detectan algún cambio o condición significativa para nuestra supervivencia, toman el control, reclutando y coordinando otros procesos y guiando nuestra conducta para dar una respuesta adecuada a las circunstancias.

En resumen, podemos decir que las emociones son procesos que se activan cada vez que nuestro aparato psíquico detecta algún cambio significativo para nosotros en el medio interno (dentro de nuestro propio organismo) o externo (el ambiente), convirtiéndose en procesos de gran valor adaptativo, ya que tienen la propiedad de dar prioridad a la información relevante para nuestra supervivencia, organizando nuestra actividad reclutando a los demás procesos psicológicos (percepción, atención, memoria, pensamiento, motivación, etc), constituyendo así un sistema de procesamiento de la información relevante, y coordinándolos para dar la respuesta más rápida y adaptada a cada situación.

La capacidad adaptativa de las emociones no solo es importante a nivel de especie, sino también a nivel individual. Cuando nacemos, nuestra capacidad de supervivencia depende totalmente de las emociones: sin capacidad de pensamiento lógico-simbólico, sin lenguaje y sin capacidad de planificación de nuestro comportamiento, solo los programas de acción emocionales genéticamente determinados son los primeros recursos de que disponemos para juzgar rápidamente lo que nos ocurre como bueno o malo, comunicarlo y realizar rudimentarias conductas de acercamiento o evitación. Pero es importante destacar que el hecho de que estén determinadas genéticamente no las convierte en programas rígidos o estereotipados, de hecho poseen una alta plasticidad o capacidad para ir cambiando en función de las demandas del entorno y por acción de la experiencia personal y social.

Cabe distinguir la emoción en sentido mundano de la emoción como constructo teórico en el ámbito académico. El sentido habitual en el que usamos y escuchamos las palabras emoción, emocionante, emocionarse, etc, aluden a lo que en realidad, siendo más precisos, es un proceso multifactorial complejo tanto en su descripción como sobre todo en su explicación. La RAE define la emoción, en su primera acepción, como una «alteración del ánimo intensa y pasajera [referencia a su carácter episódico o puntual, breve pero intenso], agradable o penosa [referencia a su tono hedónico o valencia afectiva], que va acompañada de cierta conmoción somática [referencia a los cambios fisiológicos asociados]». La segunda acepción, mucho más general y vaga, también es bastante usada. Pero como espero estar logrando explicar, la realidad es mucho más compleja. Además existe cierta confusión en el empleo de otros conceptos relacionados con la emoción, pero de diferente significado en Psicología, como son el de «afecto», «estado de ánimo» y «sentimiento», de gran frecuencia de uso coloquial:

  • El afecto es un concepto general, primitivo, universal y simple o irreducible que hace referencia al conocimiento consciente que una persona tiene de cada situación por la que pasa en términos de «bueno o malo» y «mucho o poco», por así decir. Lo primero hace referencia a lo que se conoce como tono hedónico o valencia afectiva, que puede ser positiva, si es placentera o atrayente, o negativa si resulta aversiva o dolorosa; y lo segundo se refiere a su intensidad. Tiene relación con la emoción en el sentido de que ésta sería, con esta definición, un proceso afectivo, ya que las emociones poseen tono hedónico e intensidad, pero no concreta nada más. Y se considera primitiva y universal porque prácticamente todas las especies animales poseen un proceso afectivo, ya sea más o menos rudimentario o complejo, desde el mismo momento en que un organismo muestra conductas de aproximación o evitación a lo que le resulte agradable o aversivo.
  • El estado de ánimo, al que coloquialmente a veces también nos referimos con la palabra «humor» (Ej: «No estoy de humor para esto»), que no habría que confundir con la emoción de humor (la de reírse, para entendernos), es un concepto algo difuso y también poco específico que se refiere al estado permanente en el que nos encontramos en términos, digamos de «eufórico o deprimido», por así decir (no estoy usando estos términos con rigor académico). De alguna manera el estado de ánimo implica la existencia de creencias sobre la posibilidad de experimentar afecto positivo o negativo en el futuro (estando eufóricos somos más optimistas y estando «depres» somos más pesimistas, y esto no puede ser una casualidad). El estado de ánimo se diferencia de la emoción en que el primero es menos específico, menos intenso y de mayor duración que la segunda (la emoción es una respuesta concreta, específica y puntual a una determinada situación, bastante intensa pero también breve, ya que cesa cuando desaparece la situación que la ha provocado).
  • El sentimiento es la experiencia subjetiva de la emoción. Es justo decir que existe cierta controversia y no resulta fácil distinguir ambos conceptos en la literatura disponible. En principio se referiría a las impresiones subjetivas y pasajeras, apenas perceptibles, que acompañan al proceso emocional, a esas sensaciones internas, agradables o desagradables (el sentimiento también tiene tono hedónico), de distinto tipo, que nos hacen darnos cuenta, por un momento, de que tenemos miedo, de que estamos enfadados o de que somos felices, por ejemplo.

Una vez que sabemos qué son y para qué sirven, podemos ocuparnos de la no menos compleja tarea de clasificarlas. Aunque hay distintos criterios, dos son los enfoques generales existentes sobre la organización de las diversas emociones específicas:

a) El enfoque dimensional, de larga tradición en Psicología, considera que todas las emociones son el producto de la mera combinación de tres variables de carácter bipolar en distinto grado definiendo tres ejes: el tono hedónico (de agradable a desagradable), la activación (de la calma al entusiasmo) y el control (que haría referencia a la percepción de ser el controlador de la situación o de estar controlado por ella). Es una propuesta atractiva porque dibuja un mapa que permite explicar cualquier estado emocional en función de sus características dimensionales.

Imagen tomada de Psicología de la emoción, VVAA, Editorial Universitaria Ramón Areces.

b) El enfoque discreto, por su parte, considera que las emociones poseen características únicas y distintivas que permiten considerarlas de forma diferenciada. Aunque los criterios utilizados para su clasificación han sido muy diversos, la propuesta más atractiva y de mayor trascendencia es la que propone la existencia de emociones primarias, universales, primitivas en sentido biológico-evolutivo, a partir de las cuales se desarrollarían las demás emociones o emociones secundarias. Los parámetros distintivos que se han señalado hacen referencia a patrones de reactividad fisiológica, de expresión facial y de afrontamiento.

La gran mayoría de los autores está de acuerdo en que existen unas emociones más básicas, elementales o primarias, si bien no hay consenso en cuanto al número. Para Ekman, uno de los autores más relevantes en el estudio de las emociones, son seis: sorpresa o asombro, asco, tristeza, alegría, ira o enfado y miedo. Estas emociones primarias vendrían a ser mecanismos biológicamente primitivos, evolutivamente antiguos, que aparecen muy pronto en el desarrollo individual, se activan rápida y automáticamente ante ciertos tipos de estímulos, se expresan mediante configuraciones faciales concretas y universales, correlacionan con una actividad del sistema nervioso autónomo diferenciada, poseen un afrontamiento típico y están al serivicio de funciones adaptativas. No obstante, muchos de los cambios fisiológicos registrados son comunes a muchas emociones, por lo que es arriesgado discriminar en base a este tipo de parámetros, y aunque la tasa cardíaca parece ser el indicador más importante, su capacidad de discriminación no es todo lo consistente que cabría desear, por lo que debe usarse con cuidado.

 

La expresión facial es una de las respuestas conductuales más rápidas que se producen en el proceso emocional. A través de ella y de otras respuestas como la vocal, que se engloban dentro de lo que se conoce como lenguaje o comunicación no verbal, se comunica rápidamente el estado afectivo a los demás, lo cual ocurre a veces incluso antes de que nosotros mismos seamos conscientes de que estamos experimentando alguna emoción. Permite a los demás predecir nuestro comportamiento y a nosotros el suyo, lo cual es de indudable valor en las relaciones interpersonales. De esta forma, la expresión emocional se convierte en una señal social que informa e incluso activa el mismo afecto en los demás.

Las emociones secundarias tendrían un origen evolutivo más reciente que las primarias, carecen de expresión facial concreta reconocible, se activan más lentamente y ante un amplio rango de estímulos, comparten patrones de reactividad fisiológica con otras emociones y aparecen más tarde en el desarrollo del individuo, conforme va madurando su sistema cognitivo, estando determinadas en gran parte por elementos de este sistema, como las motivaciones, expectativas, creencias, etc, por lo que también se las llama actitudes emocionales cognitivas. Algunas, como la hostilidad o la felicidad, se corresponden con desarrollos cognitivos más o menos directos de emociones primarias (la hostilidad tendría relación con la ira y la felicidad con la alegría, por ejemplo). En otras parece más determinante la socialización, como es el caso de las emociones de culpa, vergüenza y orgullo, a menudo conocidas como emociones autoconscientes y llamadas a veces también emociones sociales, ya que tienen lugar en la interacción con los demás, y morales, ya que involucran creencias acerca de lo que se considera correcto o incorrecto, deseable o indeseable, moral o inmoral.

Otra forma de clasificarlas se hace atendiendo a su tono hedónico, hablándose de emociones positivas y negativas, pero en este sentido hay que decir que existe un importante déficit comparativo en la cantidad de estudios disponibles sobre unas y otras, debido a que el interés por el estudio sistemático de las positivas es muy reciente, que afecta también a la propia categorización de cuáles entran en una y otra denominación, existiendo algunas propuestas de sistematización en este sentido que han sido acogidas con desigual fortuna. Durante los últimos 50 años la investigación psicológica ha estado más centrada en los afectos negativos y las enfermedades mentales relacionadas con ellos, descuidando el estudio de las emociones positivas. Probablemente la preocupación emergente en el área de la salud, no solo por la enfermedad y su prevención, sino también por la promoción del propio bienestar personal, ha estimulado el creciente interés por el estudio sistemático de los afectos positivos.

Para terminar esta exposición introductoria al fascinante mundo de las emociones, debemos señalar que aunque constituyan un sistema construido por la evolución, de gran valor adaptativo y esencial para la supervivencia, no se libra, como cualquier otro sistema biológico o fisiológico, de posibles fallos o desajustes en su apropiado funcionamiento. Es entonces cuando las emociones dejan de ser adaptativas para ingresar en el terreno de la patología. Y en este sentido, es importante destacar que como las emociones, como decíamos, organizan nuestra actividad coordinando a los demás procesos psicológicos, por lo que su recíproca influencia está presente, en mayor o menor medida, en todos ellos, no debe sorprendernos el hecho de que la mayoría de los trastornos psicopatológicos conlleven alteraciones del ánimo y problemas diversos que atañen al terreno afectivo. Depresión, manía, trastorno obsesivo-compulsivo, trastornos de la ansiedad, esquizofrenia, estrés postraumático, déficit de atención, fobias… Todas tienen implicaciones emocionales asociadas, más o menos importantes, independientemente del problema principal.

Roberto Prada

Para saber más:

- Psicología de la emoción, VVAA, Editorial Universitaria Ramón Areces (UNED)

- Psicología de la emoción: El proceso emocional, artículo de Mariano Chóliz Montañés, Universidad de Valencia

- La expresión emocional, documental producido por el Centro de Medios Audiovisuales de la UNED

- ¿Para qué sirven las emociones?, programa 373 de «Redes» que incluye entrevista a Paul Ekman

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15 Comentarios en “¿Qué son las emociones?”

  1. lacupula 9 octubre, 2012 en 10:30 #

    Me ha gustado bastante este artículo. Lo he pasado a meneame, a ver si ayuda.

    Un saludo y felicidades

  2. Santiago Barrero 7 octubre, 2012 en 1:12 #

    Tenéis más peligro que una piraña en un bidé. El artículo está muy bien montado, muy bien apoyado, pero su fundamento es inexistente. Te pones a definir las emociones y al final no las defines, porque no sabes lo que son, y te lías a hacer apología de la recesiva inteligencia emocional, y luego vienen tus palmeros/as que te aplauden y se lían a divulgar tu panfleto emocionaloide.

    Mira, Roberto, debeías tener más cuidado con lo que escribes, hombre. Uno tiene que estar seguro de lo que dice, y de las consecuencias que tiene lo que dice, antes de liarse a publicar sus filias.

    Mira, los batasunos tienen un discurso tremendamente bien montado, muy coherente, pero -salvando las distancias- les falla la base, como a tu artículo. Si no entiendes lo que es una emoción, y desde luego no lo entiendes, todo el resto del discurso sobra, tanta referencia no sirve de nada más que para enaltecer tu ego.

    • roberprada 7 octubre, 2012 en 5:12 #

      Me limito a explicar lo que se sabe del tema y hasta donde se sabe. No me he inventado nada, es material de texto universitario, eso es lo que se enseña ahora mismo en la universidad. Se enseñan más cosas, claro, y a mayor nivel de profundidad y con más detalles, por supuesto. Yo solo he hecho una introducción general en clave divulgativa. La Psicología y la neurociencia actuales corroboran esas generalidades con sus estudios. Si consideras que dichos estudios están errados o que yo he dicho alguna falsedad, te invito a que hagas las correcciones concretas oportunas con precisión y exactitud, citando las fuentes en las que se basan, o si consideras que no he explicado nada, te invito a que nos ilustres y me saques de mi error elaborando una explicación alternativa debidamente fundamentada. Saludos.

  3. Roberto Prada 6 octubre, 2012 en 5:35 #

    Hola Aníbal, te respondo entre líneas:

    - “¿Que opinas de el hecho de que en los diferentes niveles de nuestro sistema educativo no se trabaje la educación emocional?. Considero que se nos hiperentrena la parte racional de nuestro cerebro en comparación con la emocional.”

    Sin quitarle la razón a María en su puntualización, también convengo en esa apreciación general. Es una lástima que no se aprovechen bien todos los conocimientos que se están descubriendo sobre las emociones y se apliquen a la educación. Lo que pasa que hacer eso implicaría importantes y profundas reformas del tinglado, tal como está montado, y aquí la cosa ya entra en farragosos terrenos políticos, me temo. Hay autores que llevan ya tiempo quejándose de que históricamente, en la educación occidental siempre se ha primado el desarrollo y cultivo de la razón, despreciando o dejando de lado las cuestiones afectivas, lo cual me parece un gran error, porque justamente las emociones son el motor principal de nuestra actividad y nuestras decisiones. Escribí sobre estas cuestiones un poco más detenidamente hace tiempo en mi blog:

    http://neomente.blogspot.com.es/2010/02/educacion-emocional-la-asignatura.html

    - “Hablas en tu texto de que las emociones son un mecanismo de adaptación biológico. Es cierto. Me gustaría puntualizar que, tal como leí una vez en el famoso libro de Goleman, existen muchas emociones que a día de hoy son desadaptativas. Por ejemplo, las que nos llevan a síntomas de ansiedad en situaciones cotidianas. Este estado de nuestro organismo -la ansiedad- originalmente tenía su función en un entorno de peligros constantes, hoy en día en una ciudad, con una forma de vida media es completamente desadaptativo.”

    Sí y no. Vamos a ver. Sobre esto hay diferentes posturas teóricas, o más bien diferentes matices o consideraciones dependiendo del autor, pues no hay consenso absoluto en las conceptualizaciones de estas cosas. Una manera de tratarlo es la que expones. Otra manera de enfocarlo es considerar que no hay emociones desadaptativas, cualitativamente hablando, es decir, el miedo no es desadaptativo necesariamente, la ira no es desadaptativa necesariamente, la tristeza no es desadaptativa necesariamente. Las emociones son lo que son (lo que intento, con mejor o peor fortuna, explicar en el post), y otra cosa es que sus mecanismos se desajusten o descontrolen provocando manifestaciones extremas, disfuncionales o, como bien dices, desadaptativas. Y es particularmente interesante que menciones la ansiedad. Hay que decir que existen muchos modelos teóricos diferentes (a nivel psicológico) sobre la ansiedad. Después, podemos enfocarlo, nuevamente, como expones, o podemos enfocarlo desde el otro punto de vista que comentaba, y desde el cual entonces no se considera a la ansiedad en sí misma como algo malo, sino como un proceso normal que en determinadas circunstancias, puede descontrolarse un poco, por lo que bajo este prisma distinguiríamos entre la “ansiedad normal”, por llamarla de alguna manera, y la “ansiedad patológica”, donde entrarían los trastornos de la ansiedad. Y lo mismo se aplica al estrés, aunque este no es una emoción. Como proceso normal, la ansiedad no es más que una emoción secundaria, es una actitud emocional cognitiva desarrollada a partir de la emoción primaria de miedo, de la que toma su respuesta emocional, y del proceso de estrés, del que toma prestado su sistema de elicitación y afrontamiento, que convierten a la ansiedad en un sistema de detección y procesamiento de información del entorno amenazante, y que pone en marcha una serie de mecanismos destinados a evitar el posible daño. Otra cosa es que este sistema falle o no funcione bien o sea particularmente sensible (creo que por aquí es por donde pueden ir los tiros de lo que comenta Goleman) a las particulares condiciones socioculturales del mundo actual. Pero vamos, la idea central es que la ansiedad, en sí misma, como el estrés, no son “malos”.

    - “¿Podrías por favor detallar un poco más el papel de la amígdala en las emociones?”

    No detallé el papel de ninguna de las tres estructuras que menciono porque dejaba la puerta abierta a hacer un artículo más específico sobre ello en concreto, pero te respondo igual aunque sea breve y esquemáticamente, faltaría más. Lo que se sabe de la amígdala procede tanto de estudios con ratas, principalmente en estudios de condicionamiento clásico de miedo, como de estudios en pacientes, donde han sido esenciales las técnicas de neuroimagen, y que confirman las conclusiones de los primeros (mira, me ha salido un bonito ejemplo que no mencioné en el artículo de los modelos animales xD), y de todo ello, sabemos al menos tres cosas:

    1) que la amígdala regula la respuesta emocional (las respuestas fisiológicas y motoras) a través de sus conexiones con el hipotálamo y el tronco cerebral, respectivamente. El hipotálamo es una gran fábrica de hormonas que tienen funciones tanto de tipo inhibidor como estimulante, así que es fácil relacionarlas con la “agitación” que sufrimos durante un proceso emocional (parte fisiológica). El tronco cerebral, por su parte, además de controlar funciones básicas como la respiración o el ritmo cardíaco, parámetros que también vemos fácilmente alterables en las emociones, también está conectado con el sistema nervioso periférico (que controlará la activación muscular de las partes que correspondan) a través de la médula espinal, así que también es fácil imaginar cómo esta parte es responsable de ciertos movimientos involuntarios como la huída en la emoción de miedo (o mismamente la expresión facial de miedo, que también implica actividad motora -la de los músculos faciales componiendo una determinada configuración del rostro).
    2) que la amígdala influye en la memoria y el aprendizaje a través de sus conexiones con el hipocampo, aunque esta relación es más compleja. Se habla más específicamente de “memoria emocional” ya que se activa especialmente ante estímulos de ese tipo, especialmente el miedo, y se ha asociado la amígdala con la consolidación de los recuerdos. Las ratas con importantes lesiones en la amígdala dejan de temer a los gatos. Es como si “se les olvidase” que son depredadores.
    3) que la amígdala tiene que ver con el reconocimiento de emociones en fotografías que muestran caras de personas con distintas expresiones faciales, pues se ha visto en los escáneres que se activa de manera importante ante esta tarea. Además, quienes tienen lesionada la amígdala tienen dificultades para reconocer ciertas emociones.

    “Y por último, me gustaría saber un poco más sobre emociones a nivel de evolución biológica. ¿Alguna lectura recomendada?. ¿O una explicación superficial sencilla que me puedas dar tu?”

    La evolución biológica de las emociones, o más propiamente hablando diríamos, su filogenia, está íntimamente ligado y “entremezclado” dentro del propio desarrollo filogenético del sistema nervioso en general, como ya imaginarás. El esquema más sencillo es quizá el que comenta el propio Goleman al principio de su libro “La inteligencia emocional”, en la primera parte del mismo, el subepígrafe titulado “Cómo creció el cerebro”, donde parte del tronco cerebral (lo que llamarían el “cerebro reptiliano”) al que va añadiendo las demás estructuras principales. Dejo también un vídeo de Youtube de una conferencia titulada “Reptiles, emociones y cogniciones” donde un fisiólogo y docente argentino, cuenta un poco, en clave de humor (con la consiguiente pérdida de rigor que ello suele conllevar, claro), el esquema general evolutivo que han seguido las emociones en plan sencillo y todas estas cosas que venimos hablando en general (hasta incluye también un hachazo al psicoanálisis, que nunca viene mal tampoco xD). Es que es divertido :P Y comenta también lo que mencionas que cuenta Goleman de que ciertos procesos originalmente duraban poco, como el estrés. Entre chistes malos y alguna que otra tontería, dice cosas a mi juicio interesantes que van bien para fijar un esquema muy básico de la cuestión :)

    Y bueno, espero haber podido aclarar algo, saludos.

  4. Roberto Prada 6 octubre, 2012 en 2:17 #

    A ver, vayamos por partes. El primer enlace que pones, Ununcuadio, es sobre una entrevista a Damasio que ya había leído en su día. Personalmente, no es que tenga mucho más que decir, no estoy al nivel de Damasio, obviamente. Toca muchos temas interesantes. Está el tema de la relación entre las emociones y la razón, que tradicionalmente se ha venido presentando como conflicto, ya desde la Antigüedad, como menciono de pasada en el artículo, pero que recientemente, gracias a las investigaciones de la neurociencia moderna, ahora se está viendo que naranjas de la China, razón y emociones están más integradas de lo que se pensaba. Tenía la idea-proyecto de escribir un artículo más específicamente sobre el tema razón vs emoción, o más técnicamente hablando, sobre la influencia recíproca entre las emociones y la cognición. Este artículo solo pretende ser una introducción y visión o guía generales de donde se pueden ir sacando luego cosas más específicas. También toca el tema de la consciencia, el sueño y el siempre célebre a la par que polémico tema del libre albedrío, del que recomiendo la lectura del artículo de la Wikipedia sobre dicho fenómeno, que va bien para una visión general del panorama y conocer las distintas posturas teóricas existentes al respecto.

    El otro artículo que enlazas, Ununcuadio, no lo había leído. Habla de un clásico en Psicología: el caso de P. Gage, que siempre se usa para ilustrar cómo cuestiones habitualmente consideradas tan definitorias, únicas y características de una persona, como es su personalidad, puede sin embargo cambiar toqueteando (o en este caso, lesionando) según qué cosas en el cerebro; y de la indudable importancia de los estudios de lesiones como fuente para comprender el funcionamiento del cerebro. Siempre es un placer y una lección leer a Damasio.

    • Ununcuadio 6 octubre, 2012 en 11:21 #

      ¡Muchas gracias! Con esas indicaciones, lo miraré con otros ojos, y por supuesto, espero otro artículo tuyo ;)

  5. Roberto Prada 5 octubre, 2012 en 18:55 #

    Caramba, veo que hay interés en el tema, ¡qué bien! Bueno, ahora no tengo el cerebro a pleno rendimiento para responder con justicia a las más que interesantes y atinadas preguntas planteadas, pero prometo responderlas a la mayor brevedad posible y en la medida en que mis limitados y rudimentarios conocimientos de primer curso me lo permitan. No tardaré, lo prometo ;-)

  6. Aníbal Bueno 5 octubre, 2012 en 13:06 #

    Roberto, una vez más felicitarte por el artículo, tenía ganas ya de que se publicase. Y quería comentarte algunas cosas:

    - ¿Que opinas de el hecho de que en los diferentes niveles de nuestro sistema educativo no se trabaje la educación emocional?. Considero que se nos hiperentrena la parte racional de nuestro cerebro en comparación con la emocional.

    - Hablas en tu texto de que las emociones son un mecanismo de adaptación biológico. Es cierto. Me gustaría puntualizar que, tal como leí una vez en el famoso libro de Goleman, existen muchas emociones que a día de hoy son desadaptativas. Por ejemplo, las que nos llevan a síntomas de ansiedad en situaciones cotidianas. Este estado de nuestro organismo -la ansiedad- originalmente tenía su función en un entorno de peligros constantes, hoy en día en una ciudad, con una forma de vida media es completamente desadaptativo.

    - ¿Podrías por favor detallar un poco más el papel de la amígdala en las emociones?.

    - Y por último, me gustaría saber un poco más sobre emociones a nivel de evolución biológica. ¿Alguna lectura recomendada?. ¿O una explicación superficial sencilla que me puedas dar tu?. Quiero decir, me gustaría tener una imagen global de las partes cerebrales o del SNC relevantes para el manejo emocional y las diferencias entre los cerebros de mamíferos -> primates -> homo sapiens.

    Un abrazo.

    • Ununcuadio 5 octubre, 2012 en 17:32 #

      Ey, yo también estoy interesada en esas preguntas tan interesantes de Anibal

    • María 5 octubre, 2012 en 18:17 #

      Sí que se empieza a tocar educación emocional, en algunos centros, en tutoría. Otra cosa es que se pudiera hacer bastante más.

  7. Ununcuadio 5 octubre, 2012 en 9:37 #

    Hola, mis felicitaciones por un artículo tan interdisciplinar y complejo. Pensé en tratarlo pero aún no lo he estudiado en profundidad. Paso unos links que, en el momento fueron los que me interesaron por el tema (sobre Antonio Damasio): http://www.abc.es/20120522/sociedad/abci-damasio-entrevista-neurologo-201205211431.html y http://elpais.com/diario/2010/11/07/eps/1289114814_850215.html. Me gustaría conocer vuestra opinión al respecto (ya sabéis que lo que más me gusta es preguntar) :D

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