Centrales Nucleares: Santa María de Garoña

La central de Santa María de Garoña es una central eléctrica de fisión nuclear, de tipo BWR (Reactor de Agua en Ebullición), con una potencia eléctrica instalada de 466 MW y con un consumo específico neto de 2.699 kcal/kWh. Su rendimiento neto es del 33,88%. Fue inaugurada en el año 1970, y aunque la vida útil inicialmente prevista fuera de 40 años, en el año 2009, el Consejo de Seguridad Nuclear (organismo público, técnico e independiente, regulador de la seguridad nuclear en España), realizó un informe favorable de cara a prolongar la vida útil de la central hasta 2019, aunque finalmente el 3 de julio de 2009 se publicó la Orden Ministerial del MICYT, en la que se establece el cese definitivo de la explotación de la central el día 6 de julio de 2013. Por su parte, Nuclenor, empresa gestora de esta central, no ha solicitado prorrogar la actividad de la central más allá de ese año 2013 (ver más aquí).

Residuos radiactivos en la Central de Santa María de Garoña

En concreto, el sistema de gestión de residuos radiactivos de la Central de Santa María de Garoña es bastante sencillo de comprender, basándonos en lo anteriormente explicado.

En el caso de los residuos de actividad baja (suelen ser herramientas o ropa que se usa diariamente en la zona controlada), se encapsulan en hormigón, y los bidones resultantes se trasladan al centro de almacenamiento de El Cabril. Todos los almacenamientos de residuos radiactivos están controlados y vigilados de manera rigurosa.

Por otro lado, en el caso de los residuos de alta actividad, el procedimiento comienza por el almacenamiento temporal de los mismos en una piscina de desactivación, que se encuentra en la propia Central de Santa María de Garoña. Sus paredes están hechas de acero inoxidable, y están recubiertas de hormigón, lo cual garantiza un aislamiento radiológico eficaz. Como se comentó anteriormente, en lugar de la fase de desactivación en la piscina, también se podría hacer un almacenamiento temporal en alguno de los ATIs de las centrales españolas, en los que con una atmósfera de gases inertes se daría también un proceso de desactivación equivalente.

 

El volumen anual de residuos sólidos de baja y media actividad producido en Garoña es de 493m3, así como el de residuos sólidos de alta actividad es de 13,5m3. En el caso de los residuos líquidos, produce una media de 0,1 curios/año, y en el de los gaseosos, de 1.850 curios/año, siendo el curio la unidad de medida de radiactividad. Su equivalencia con el Bequerel, que es la unidad de medida considerada en el Sistema Internacional para la radiactividad es la siguiente:

Sin embargo, la principal causa de impacto de las centrales nucleares no es la radiactividad, ya que las dosis que reciben los ciudadanos es muy inferior al límite establecido (como comentamos anteriormente, la radiación que recibe la población tiene su origen fundamentalmente en fuentes naturales). En el caso concreto de la Central de Santa María de Garoña, el impacto radiológico en el entorno es 10.000 veces menor que los límites autorizados por la normativa.

Efluentes en la Central de Santa María de Garoña

La causa de mayor impacto ambiental que pudieran tener las Centrales Nucleares, ya que hemos visto que no es la emisión de radiación, es los efluentes. En este sentido, la normativa actualmente vigente establece en el Permiso de Explotación de la Central la cantidad límite de efluentes que puede producir. Esto se hace porque existen unas dosis máximas de radiación a las que pueden estar las personas cercanas a la central, y de esta manera se garantiza que las dosis que les llegan son completamente inocuas.

Los efluentes gaseosos y líquidos de la central, son aquellos que se emiten al exterior, siempre bajo un riguroso control. En conjunto, se ha establecido que la cantidad emitida no debe superar los 1000 microSv/año.

Los efluentes gaseosos de Santa María de Garoña proceden fundamentalmente de los circuitos de aire de ventilación, y contienen trazas de gases nobles, yodo, partículas y vapor de tritio. En el caso de los líquidos, se trata de distintos tipos de agua que contienen muy bajas dosis de radiactividad. Existen sistemas de cálculo para determinar de manera muy acertada la dosis que se recibirá en las proximidades.

La incidencia de verter estos efluentes al medio es poco perceptible. Ciudades como San Sebastián o Murcia reciben dosis de radiación natural muy superiores a las que se perciben en las proximidades a la central de Santa María de Garoña. El funcionamiento ordinario de esta central, genera únicamente el 0,1% de la tasa de dosis anual que determina la legislación.

Por ejemplo, en el caso de la zona del Ebro próxima a Garoña, se han hecho más de 240 análisis de radiactividad (en distintos puntos). Los datos allí tomados, se envían a la Confederación Hidrográfica del Ebro, y de los estudios derivados se extrae que no hay influencia (en términos de radiactividad) significativa en la zona por parte de las actividades de la central.

Por otra parte, la central de Garoña, como cualquier otra, no emite gases contaminantes como el CO2, SO2, óxidos de N2, o cenizas y cenizas al aire. En el siguiente cuadro podremos ver una comparativa con otros tipos de obtención energética. 

Además, como en todas las actividades de tipo industrial, existe la generación de residuos de tipo no radiológico (como pueden ser aceites, papel, materiales plásticos, etc.). Esto también es un factor a considerar con respecto a la determinación de impactos.

Como dato, desde el año 1999, Nuclenor dispone de la certificación ambiental ISO 14001 para la Central de Santa María de Garoña, que ha ido actualizando sin problemas trianualmente.

Con respecto a las cantidades de residuos, no únicamente radiactivos generadas en la central, a continuación mostramos un cuadro con los datos correspondientes:

Por todo lo anteriormente expuesto, podemos extraer la conclusión que a la actividad que se realiza en la Central Nuclear de Santa María de Garoña no podemos considerarla libre de impactos (como a ninguna actividad industrial), ya sean de tipo radiactivo o no radiactivo. Sin embargo, como todas las actividades en la industria, los residuos deben ser tratados para que el impacto que causen sobre el medio y las personas sea el menor posible.

Rubén Lijó

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