La cultura del género y la homosexualidad

Colaborador Invitadobandera.wikipedia En la actualidad, definirte como homosexual es una etiqueta que trasciende de la sexualidad a todos los ámbitos de tu vida. La homosexualidad ha terminado configurándose en un factor de identidad tan importante como tu propio sexo de nacimiento. Sin embargo, no hay que perder de vista que, aunque el acto es inmemorial, el concepto es una invención de mediados del siglo XIX.  En este artículo realizaremos un repaso a las distintas formas de etiquetar comportamientos “homosexuales” en diferentes culturas a lo largo del globo y de los tiempos, sin olvidar la nuestra. 

 

Para sistematizarlo utilizaremos la clasificación del historiador John Boswell, que en 1982 se propuso realizar una clasificación de las categorías relativas a la homosexualidad. Según este autor, hay tres tipos de teorías respecto a la homosexualidad. La primera, a la que llamaremos teorías de tipo A, afirma que todos somos seres sexualmente polimorfos, es decir, que es la cultura la que nos hace ser o no homosexuales. En palabras de Boswell, para los partidarios de estas teorías “son las circunstancias externas, como la presión social, las normas legales, las creencias religiosas, las circunstancias históricas o personales las que determinan la expresión real de los sentimientos sexuales de cada individuo”.

Las teorías de tipo B, por su parte, dividen a la población en dos o más categorías sexuales. Así, los seres humanos formarían parte de una sola categoría; bisexual, homosexual o heterosexual, por ejemplo. 

Finalmente, encontramos las teorías de tipo C las cuales “consideran normal (o “natural”, “moral” o las tres cosas) una forma de respuesta sexual y anormales (“antinaturales”, “inmorales”) las demás”. 

Como podemos ver, las tres teorías conviven entre sí en la actualidad, aunque algunas tienen un peso más fuerte que otras. En nuestra sociedad la mayor parte de los científicos, especialmente los psicólogos y los partidarios de la teoría queer, defienden teorías de tipo A. La población en general difiere entre las teorías de tipo B, las más institucionalizadas, y las de tipo C, representadas principalmente por las religiones mayoritarias.

Uganda Gays

Antes de comenzar nuestro recorrido es conveniente recordar las diferencias entre sexo, género y orientación sexual. Entendemos como sexo a las diferencias biológicas existentes entre hombres y mujeres mientras que por el término género nos referimos a las diferentes costumbres y roles adscritos socialmente a cada uno de los sexos. Resumiendo, el sexo es biológico y el género es cultural. La orientación sexual por su parte es la preferencia por un determinado sexo/género o por los dos a la hora de mantener relaciones sexuales. 

Es importante resaltar que la transexualidad no es una cuestión de orientación sexual u homosexualidad sino de género. Alguien es transexual cuando se identifica con el género contrario a su sexo. Casos como el de Irán, en el que la homosexualidad es penada con la muerte y las operaciones de cambio se sexo son cubiertas por el Estado, se explican por esta diferenciación. 

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Antes de las intervenciones quirúrgicas existían otras maneras de reasignar tu género en un proceso exclusivamente cultural. Por ejemplo, aún hoy en día en las zonas montañosas de Albania existen las vírgenes juramentadas, la única fórmula tradicional de cambio de género institucionalizada. Tras renunciar al matrimonio y a mantener relaciones sexuales, la virgen juramentada adoptaba el rol –y las vestimentas– de hombre en la comunidad, pudiendo ser jefe de familia y accediendo a privilegios exclusivamente masculinos como un asiento en el consejo, la posesión de armas o el consumo de alcohol y tabaco. Los derechos de estas vírgenes están recogidos en el Kanun, un código legal albanokosovar con orígenes en el siglo XV reinstaurado tras la caída del comunismo.

En otras culturas de América del Norte, Europa y Asia este proceso se realizaba por la simple aceptación popular y a menudo se confundía con la posesión de una inclinación sexual diferente como el caso de las sadhih del Himalaya. En España, existen casos de chicas lesbianas de etnia gitana en Andalucía que, como las vírgenes juramentadas, han adoptado el papel de hombres en su familia, incluyendo los privilegios sociales reservados a su nuevo género. 

Aunque en la mayor parte del mundo la relación entre géneros es dicotómica y solo se perciben los géneros masculino y femenino, existen algunos ejemplos de un nuevo género bautizado como “tercer sexo”. En Occidente, el tercer sexo se ha ido alejando de su significado biológico –representado por los intersexuales o hermafroditas que solían ser operados para que adoptaran un sexo y género específico-, a otro lleno de implicaciones sociales y políticas. Aparecen así conceptos como contrasexual o transgénero para referirse a personas, a menudo mediante la ingesta de hormonas y otras drogas, que no se consideran ni hombres ni mujeres sino otra categoría totalmente diferente. 

Tradicionalmente, el mejor ejemplo de tercer sexo que podemos encontrar en el mundo es la casta de los hijra de India y Pakistán. Los hijra no son considerados ni hombres ni mujeres y, pese a la creencia occidental, la mayor parte de ellos no están castrados. Podemos considerar a los hijra como un tercer género y no como un simple transexual porque socialmente tienen costumbres, derechos y obligaciones diferentes a los de hombre y mujer. 

En un término intermedio entre el tercer sexo y la homosexualidad encontramos el caso de varias culturas indígenas de América del Norte. Generalmente se dedicaban al chamanismo, considerándolos una bendición y dadores de buena suerte. En su mayoría son hombres que adoptan vestimentas específicas o de mujer y que reciben un tratamiento gramatical intermedio. Pueden casarse con hombres o mujeres, aunque esto último es cada vez menos común. En tribus como los lakotas, los pies negros o los zapotecas, es habitual encontrar este híbrido entre homosexual y tercer género. 

Las prácticas homosexuales son habituales en prácticamente todas las culturas del mundo. En cada uno de los miles de idiomas que se encuentran actualmente encontramos un vocablo para designar al hombre que desea a otros hombres y a la mujer que desea a otras mujeres. Aunque minoritaria, la homosexualidad se esconde o se muestra en todos los rincones del globo.

Sin embargo, existen algunas culturas en las que prácticas que en Occidente calificaríamos como homosexuales son mayoritarias u obligatorias para todos. Son paradigmáticos los casos de los etoro y los sambia en Papúa Nueva Guinea y el de los azande en Congo, República Centroafricana y Sudán.

Las tribus de los etoro y los sambia consideran el semen como un bien escaso que hay que proteger. Así que, a partir de los siete u ocho años, los niños etoro y sambia dejaban a sus madres y se iban a vivir a unas casas comunales donde realizaban felaciones para conseguir la mayor cantidad de semen posible. Tras haber alcanzado una edad, estos chicos se volvían dadores de semen. Finalmente, podían casarse y, durante solo unos días determinados al año, tener relaciones sexuales con mujeres y procrear. 

Los guerreros azande, en una práctica ya desaparecida por la interacción con la civilización, solían tomar a chicos adolescentes como esposos. Estos chicos ayudaban en las labores del hogar, eran entrenados para la guerra y servían como compañeros sexuales. Se llamaban “amor mío”. Cuando el guerrero había conseguido reunir suficientes cabezas de ganado para poder pagarse la dote y casarse con una chica, lo abandonaba, se casaba y su discípulo buscaba otro adolescente con el que contraer matrimonio, esta vez ocupando el rol “masculino”. 

Y es que las relaciones sexuales entre maestros y discípulos han sido bastante comunes en muchas partes del mundo, siendo el caso de la Grecia clásica el más paradigmático. Sin embargo, tanto en este como en otros casos, se hacía una clara diferenciación entre el papel activo y el pasivo que vendría a corresponder con nuestras categorías de heterosexual y homosexual, respectivamente. En la Grecia clásica no solo los maestros eran los únicos que podían penetrar sino que era, además, un privilegio de los ricos. Como decía Artemidoro Daldiano, un interpretador de sueños griego del siglo II n. e: “Para un hombre ser penetrado por un hombre de más edad y más rico, es bueno: porque es costumbre recibir de tales hombres. Ser penetrado por otros más joven y pobre es malo: pues es costumbre dar a tales personas”. 

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Pese a los siglos no hemos cambiado tanto y en la actualidad sigue siendo común escuchar frases como: “maricón no es el que da, sino el que se deja”.

Y de la mano de la misma nos acercamos a la última forma –y quizá la más mayoritaria- de homosexualidad: la forzada. La que se realiza por la ausencia o la incapacidad de acceso al otro sexo. Las cárceles, los barcos y los monasterios son los lugares donde las relaciones homosexuales presentan porcentajes más elevados. En culturas donde la virginidad está muy protegida, los tocamientos y las relaciones homosexuales también son muy habituales y la primera forma de acercamiento al sexo. En países como Marruecos, la dificultad para tener una relación temprana con una chica ha incentivado el turismo sexual europeo. Allí, como en la Antigua Grecia, ser activo no está mal considerado y penetrar a un occidental no solo supone la posibilidad de tener experiencias sexuales y algún ingreso extra antes del matrimonio sino que simboliza la supremacía moral de la cultura árabe sobre la de una Europa decadente.

Estos casos demuestran que el ser humano es, antes que hetero u homo, un animal sexual.

Pablo Herrera Pérez

Pablo HerreraGaditano exiliado en la capital del reino. Periodista por la Universidad de Sevilla. Tras pasar por todas las secciones de la Agencia EFE descubrí una nueva pasión en la divulgación histórica y antropológica. Hice un máster en Antropología especializándome en procesos de desarrollo y patrimonio cultural. Después vino la Fundación Madrazo y mi propio programa de radio online. En la actualidad me divido entre la edición de Revista Octopus y mi colaboración con diversos blogs y portales de internet. 
 

REFERENCIAS:

Boswell, John (1985): “Hacia un enfoque amplio. Revoluciones universales y categorías relati-vas a la sexualidad” en en Steiner, George y Boyers, Robert (compiladores): Homosexualidad: Literatura y Política, Alianza, Madrid, 38-74

Barney, J. y Pillard, R. (1991): “A Genety Study of Male Sexual Orientations", en Archives of General Psychiatry, 48, 1089-1096

Chauncey, George Jr. (1985): “De la inversión sexual a la homosexualidad: la medicina y la evolución de la conceptualización de la desviación de la mujer” en Steiner, George y Boyers, Robert (compiladores): Homosexualidad: Literatura y Política, Alianza, Madrid, 75-123 

Eribon, Didier (2001): Reflexiones sobre la cuestión gay, Anagrama, Barcelona

Marvin Harris (2004): Nuestra especie, Alianza, Madrid

Pérez Castillejo, María del Carmen y Pérez Martín, Eva María (consejo de redacción) (2011): Junta de Andalucía. Igualdad de Género. Temario y Cuestionarios, Adams, Madrid

Preciado, Beatriz (2002): Manifiesto Contra-sexual, Opera Prima, Madrid

Quignard, Pascal (2005): El sexo y el espanto, Minúscula, Barcelona

 http://isisweb.com.ar/muxe.htm

http://www.elmundo.es/suplementos/magazine/2006/331/1138376366.html http://www.jillpetersphotography.com/swornvirginsofalbania 

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8 Comentarios en “La cultura del género y la homosexualidad”

  1. Avatar
    LEONARDO YRALA octubre 15, 2018 at 9:41 pm #

    DESDE PARAGUAY SIGUIENDO ESTE HERMOSO TEMA, GRACIAS

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    Francisco Heras abril 15, 2017 at 9:03 am #

    Eso de que las cárceles, los barcos y los monasterios son los lugares donde las relaciones homosexuales presentan porcentajes más elevados es una grave ligereza, valga la paradoja, porque, primero, parte de la premisa gratuita de que los presos, los marinos y los frailes deben de ser en general hombres abandonados a sus instintos más bajos. Y, segundo, mucho me extrañaría que haya usted consultado ningun estudio estadístico o científico sobre esos porcentajes, ya que no cita su fuente.
    Especialmente en el tercero de los casos, no hay razones para tal suposición ni mucho menos. Quizás habría debido decir, con más sentido, que es en esos lugares donde más podría esperarse que se diera esa clase de homosexualidad por tales motivos.

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    Akai enero 2, 2015 at 12:48 pm #

    Enhorabuena por el artículo, me gusta que hayas enfocado este tema desde la pluralidad de teorías sobre el género.

    Aunque cuidado con términos como "hermafrodita"
    Este término induce a pensar en la intersexualidad como una persona con genitales o características sexuales socialmente organizadas en "macho-hembra" completamente funcionales.

    Sin embargo, la intersexualidad tiene muchas manifestaciones diferentes, y en pocos casos pueden producir gametos masculinos y femeninos a la vez (como los seres vivos clasificados hermafroditas)

    Cuidado también con la clasificación sexual como "hombre" o "mujer". Es preferible "macho" "hembra" por cuestión de sensibilidad con el transgénero.

  4. Avatar
    lhaj julio 1, 2014 at 12:50 pm #

    " sino que simboliza la supremacía moral de la cultura árabe sobre la de una Europa decadente"
    Simboliza para quién? Los árabes? Los occidentales (si tal cosa existe)? Todos o parte? Para hacer simple: de dónde te sacaste tal historia?

    • Avatar
      Pablo Herrera julio 2, 2014 at 2:23 am #

      La frase es clarita, me refería a los árabes en general (evidentemente toda generalización en ciencias sociales nunca es absoluta, es como si dices que a todos los hombres españoles nos gusta el fútbol, pues no, pero sí a la mayoría). La información está sacada de entrevistas y libros a escritores homosexuales marroquíes como Rachid O. o Abdallah Talla.

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        LEONARDO octubre 15, 2018 at 9:39 pm #

        PUES ES VERDAD AKA EN PARAGUAY ES LO MISMO,

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  1. No solo lo viejo es bueno, aplica también para las ideas – Follow Control - julio 6, 2019

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  2. Bitacoras.com - julio 1, 2014

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