Entrevista a El Paleofreak. Divulgación científica, evolución y metáforas

Paulo Hernández firma

El Paleofreak es un bloguero muy famoso en el mundillo de la divulgación en español. Destaca por su exposición de la teoría de la evolución yEl creacionismo, ¡vaya timo! temas afines (o afínidos), por su afición a la paleontología y al coleccionismo de dinosaurios de plástico, y por su crítica constante a las pseudociencias y al creacionismo, siempre con un gran sentido del humor.  Es biólogo por la Universidad Complutense de Madrid y autor de ¡El creacionismo vaya timo! (2005) de la editorial Laetoli, que hemos reseñado en esta casa. Ha accedido muy amablemente a responder a algunas preguntas para Hablando de Ciencia.

Muchas veces has criticado la falta de rigor científico de algunos titulares o noticias, incluso procedentes de medios de comunicación más o menos respetables. La entrega al sensacionalismo, al periodismo del “click” o la simple falta de asesoramiento científico puede llevar a la malinterpretación de la ciencia entre el público. ¿Es tan difícil hacer divulgación o periodismo científico con algo de fundamento?

Hacerlo bien es bastante difícil, sí. Pero pienso que hoy en día hay muy buena divulgación y periodismo científico. No puedo asegurar nada porque habría que hacer un estudio, pero mi sensación es que ha mejorado mucho en los últimos años. Y me tienta pensar que la presión de los blogs y las redes sociales ha contribuido a esta mejora. Digo “presión” porque así lo perciben algunos periodistas que me han comentado este asunto.

A pesar de la mejora, sigue habiendo algunos casos en los que determinados científicos o universidades, con sus notas de prensa, logran “vender una moto” al periodista y por tanto al lector. También vemos artículos en los que el redactor estropea todo a base de añadir invenciones de su cosecha para hacerlos más atractivos. Y sigue habiendo buenos artículos que quedan “manchados” por titulares falsos, o engañosos, o absurdos; titulares que a menudo pone ahí otra persona, no el autor. Pero encontrar estos “tituláridos” también está resultando cada vez más difícil y es una pena, porque tienen su gracia.

Has dicho alguna vez que el campo de la astrobiología es pura especulación y has cuestionado que algunos científicos opinen que hay tal o cual probabilidad de que exista la vida fuera de la Tierra, ya que no habría ninguna base empírica (por ahora, claro) para sostener tales asertos, así que esas probabilidades son arbitrarias. ¿Por qué está de moda dar probabilidades de existencia de vida extraterrestre?

La astrobiología es muy multidisciplinar y yo no estoy preparado para entender bien gran parte de sus trabajos. A lo mejor he sido un poco bestia opinando de esa forma, pero a veces se genera debate y me pueden corregir o desasnar.

Dicho esto, de momento veo varios tipos de problemas. Por una parte, fiascos sonados como el de la “vida basada en arsénico” de 2011 o los astrobiólogos “fringe” como Chandra Wickramasinghe y sus algas diatomeas en meteoritos. Esto roza la patología científica, aunque también puede ocurrir en cualquier otra disciplina.

Por otra parte, tenemos el problema de cómo se divulga o se “vende” la astrobiología, a menudo con afirmaciones demasiado especulativas o con ambigüedades. Siempre me lo recuerdan: hay que vender ilusión por la posible vida extraterrestre para obtener financiación. Esos fondos a lo mejor se emplean en investigar microbios totalmente terrestres, pero tendrás que sugerir que viven en condiciones similares a las que “pudo haber” en Marte, o que “podrían resistir” un viaje interplanetario, etc. Porque, si no, no consigues la pasta.

Y en tercer lugar, la astrobiología intenta determinar cómo, cuándo y dónde podría existir la vida ET, pero sin tener ni idea de cómo surge la vida (porque la abiogénesis es un problema científico no resuelto) y sin contemplar la posibilidad de que no haya realmente vida ET. No llega a ser pseudocientífica, pero en cierto modo se parece a la criptozoología. Los criptozoólogos intentan detectar yetis o monstruos del lago Ness y similares mientras discuten cómo podrían vivir estos seres, por qué se ocultan, y a qué selva o montaña debería dirigirse la siguiente expedición. La criptozoología no afirma contundentemente que existan los yetis, pero, a quién vamos a engañar... hay una creencia en ellos de partida. Por su parte, casi todos los astrobiólogos que se pronuncian afirman que la vida extraterrestre es muy probable, o que es “impepinable”. O simplemente declaran que ellos creen. Y casi el único argumento consiste en decir que el cosmos es muy grande y pensar que estamos solos sería extraño y “arrogante”. Pero la probabilidad de que surja la vida bien podría ser tan baja que solo hubiera un caso en todo el universo. No es que yo lo crea así, pero eso da igual: las creencias o las intuiciones personales no son ciencia.

En ocasiones, las metáforas en divulgación científica pueden confundir más que aclarar. ¿Qué metáforas o lugares comunes encuentras especialmente erróneos y persistentes, sobre todo en el ámbito de la evolución? Estoy pensando, por ejemplo, en el famoso gen egoísta de Richard Dawkins. ¿Es clarificador o la lía más?

Dawkins explicó varias veces, y con palabras muy claras, que se trataba de una metáfora y una propuesta suya, que los genes en realidad no eran literalmente “egoístas” y que no nos convertían necesariamente en egoístas a nosotros. Aun así, muchos lectores lo entendieron fatal. Me parece injusto echarle la culpa al autor.

Las metáforas pueden ayudar o no dependiendo del contexto, de la época, etc. La del eslabón perdido fue útil hace más de un siglo, pero ahora solo sirve para fortalecer dos ideas erróneas: a) que la evolución es lineal y b) que la teoría es tan endeble que los científicos aún buscan desesperadamente una prueba definitiva.

Un ejemplo de metáfora fastidiosa: la de “la criba”. La selección natural se compara con una criba que deja pasar ciertas variantes a la siguiente generación (los aptos) e impide el paso a otras variantes (los no aptos). Una criba no hace nada más. En realidad la “aptitud” varía en grados y la selección natural produce cambios de frecuencia que pueden ser muy suaves y acumulativos. Además, de una criba nunca sale más de lo que entra, pero la selección natural puede tener como resultado que todas las variantes “pasan”, pero una de ellas además se multiplica. La metáfora de la criba, tan drástica y simplona, dificulta mucho que se entienda cómo pueden evolucionar las adaptaciones.

¿Cuáles son los principales problemas que has detectado entre el público en la comprensión de la teoría de la evolución? ¿Por qué, después de la publicación de El origen de las especies en 1859, sigue habiendo tanta resistencia a su aceptación en ciertas regiones del mundo?

Hay un malentendido general, muy viejo, que consiste en creer que la evolución es el paso de unas formas “inferiores” a otras “superiores” de forma determinista. A este concepto se le llama “escala evolutiva” y proviene de la antigua idea de “escala de la naturaleza” o “cadena del ser”. Por eso hay mucha gente preguntando en Google cosas como: “Si venimos del mono ¿por qué sigue habiendo monos?”, o “¿Por qué los monos no han evolucionado?”.

Otro gran malentendido es la idea de que la teoría evolutiva actual es una especie de “discurso filosófico” que hizo Darwin y que se ha quedado más o menos tal cual. Se ignora que es una teoría científica sólida, matematizada, con base experimental, y mucho más compleja que la de Darwin. Hay quien dice “me voy a actualizar un poco sobre evolución, voy a leer a Darwin”. No, oye, es imposible “actualizarse” con Darwin, ¡que han pasado más de 150 años! Y, por supuesto, desconocemos casi totalmente a los padres de la teoría sintética de la evolución: Huxley, Fisher, Haldane, Dobzhansky.... Y más. Yo tampoco me acuerdo (je, je). Mayr, Wright... Curiosamente mucha gente conoce polémicas como “saltacionismo”, “gradualismo versus puntuacionismo”, “neolamarckismo”, etc. Pero abramos una revista especializada y ojeémosla: la realidad de la investigación en biología evolutiva actual es muy distinta y la mayor parte de esos “ismos” son científicamente muy poco relevantes. A mí ya me aburren bastante.

En general no se comprende bien la selección natural. No se sabe qué es, cómo funciona, y, sobre todo, para qué sirve, qué papel juega dentro de la teoría. Se ve como algo que preserva cosas que han surgido misteriosamente, y todo a base de luchas y muertes. Y hay un auténtico odio a la selección natural. Se la relaciona con la eugenesia, con los nazis, con la guerra... Y lo peor es que veo poca curiosidad por entender bien el concepto, con lo interesante que es y lo importante, científicamente hablando. Resulta un poco deprimente.

En cuanto a las religiones, algunas de ellas se han adaptado a los descubrimientos y los progresos científicos, han “evolucionado”, primero entrando en conflicto con la ciencia y más tarde evitándolo a base de ceder en su pretensión original de explicar la naturaleza. Otras religiones se han mantenido más fieles a sus mitos y dogmas originales sobre nuestros orígenes, manteniendo una interpretación más literal de sus libros sagrados. ¿Por qué unas sí y otras no? No lo sé, y supongo que la explicación es compleja. En el caso de ciertos protestantismos creacionistas, sus adeptos creen que admitir la evolución implicaría aniquilar los fundamentos de la moralidad, porque si te ha creado Dios tienes prohibido matar pero, si vienes de los monos ¿qué te impide asesinar a todo el mundo? Cosas así. Sinceramente, me cuesta mucho entenderlo.

Uno de tus caballos de batalla es el buen uso de ciertos conceptos científicos. Por ejemplo, has hablado de la frase  “somos simios” y de por qué es incorrecta. O por qué la clásica “venimos del mono” es correcta (por no mencionar el empleo de “humano” en algunas noticias). ¿Qué otros conceptos científicos suelen ser mal usados y es importante comprenderlos bien?

Bueno, mi postura no es precisamente la más común; muchos científicos y divulgadores sostienen justo lo contrario. La discrepancia en esos casos no es sobre hechos científicos sino más bien sobre cómo usar el idioma y la jerga científica de la forma más correcta y eficaz. Al decir “no venimos del mono, sino que somos monos” el divulgador consigue sorprende al lector y engancharlo para explicarle una serie de conceptos de filogenia y taxonomía. El problema es que, diciendo ese tipo de cosas, es más fácil confundir que ilustrar. Por supuesto que venimos del mono, hombre. Luego, si hay que matizar esto, se matiza.

¿Otros conceptos? Pues por ejemplo el de ADN-basura, que casi siempre se divulga siguiendo el mismo cliché: “Hay una parte del genoma sin genes; Los científicos han sido muy tontos y lo han llamado ADN basura porque creían que no servía para nada; Ahora se ha descubierto que sí tenía función y que no era basura”. Este tipo de relato suele ser erróneo: desde hace mucho se sabe que hay ADN con diversas funciones fuera de los genes, y también con funciones desconocidas... pero eso no es el ADN basura. El ADN basura es otra cosa; se comporta como si realmente no tuviera función; es perfectamente lógico que esté ahí en grandes cantidades; y no supone ningún misterio biológico. Y es falso que se le ha descubierto una función. Los creacionistas odian el ADN basura y lo niegan, junto con otras personas que simplemente no pueden aceptar que haya cosas inútiles en los seres vivos. Pero experimentalmente se comprueba que sí las hay.

Como escéptico y miembro de la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, se te suele ver combatiendo la pseudociencia y el pensamiento irracional.  Hace poco, el divulgador científico Juan Ignacio Pérez criticaba el uso de “magufo” y una actitud demasiado ofensiva, ya que podría ser contraproducente: ante un ataque directo, los seguidores de lo irracional cerrarían filas. ¿Cuál es tu postura al respecto?

La actitud demasiado ofensiva puede ser contraproducente y el buen rollo perpetuo tampoco conduce a casi nada: “yo creo esto, tú no lo crees, voy a ignorar tus argumentos si no te importa, nos respetamos y blá, bla. Adiós, muy buenas”. En general los escépticos somos intolerantes con el fraude pseudocientífico, no consentimos que se time a la gente con pulseritas milagrosas, con homeopatía o con el tarot, y nuestra forma de expresarnos refleja esa intolerancia. Eso no es necesariamente malo siempre. Según mi experiencia particular, ser agresivo (dialécticamente) con alguien que defiende también agresivamente la pseudociencia puede ser la mejor manera de que él mismo y quienes escuchan empiecen a dudar seriamente. Les vas a ver enfadados y muy reafirmados en su postura, pero a lo mejor en el fondo sienten un poco de vergüenza y ahora tienen una duda que les reconcome. El resultado de eso no lo vas a ver justo en ese momento, pero quizá sí más tarde porque les has metido el gusanillo dentro. Eso me ha parecido a mí, pero repito: son impresiones y experiencia personales, y como somos escépticos no nos podemos fiar ciegamente de eso 🙂

La palabra magufo, por cierto, originalmente designaba a los profesionales de la pseudociencia y no se debería usar con las víctimas “crédulas” de los timadores. Llamar magufo a un señor solo porque va a la consulta del homeópata o compra un talismán mágico es un error. El homeópata o el que tiene el negocio de talismanes sí es magufo.

Y hay que decir que los escépticos también podemos comportarnos como energúmenos, o tener un día imbécil. Y probablemente tengamos la misma proporción de estúpidos que en cualquier otro grupo o estamento, como decía Cipolla.

Además, has puesto de manifiesto los problemas de la psicología evolucionista, que tan de moda ha puesto Steven Pinker. Falta de rigor, mala ciencia… ¿No hay nada salvable en ella?

Seguramente sí; hay miles de trabajos de psicología evolucionista y supongo que se podrán encontrar contribuciones muy válidas. Pero la disciplina, o la escuela, o lo que sea, es problemática en conjunto y desde la base. A mí me dicen mucho que la psicología evolucionista simplemente tiene en cuenta que la mente humana puede haberse construido en parte mediante mecanismos evolutivos. Pero no es cierto que la psicología evolucionista “simplemente” sea eso. No habría demasiada polémica entonces. La PE tiene unos fundamentos mucho más concretos y controvertidos. Por ejemplo, afirma que tenemos unos módulos mentales especializados, que han evolucionado por selección natural en una época concreta y en un rango de ambientes concreto, y que hoy en día condicionan muchos aspectos de nuestra vida. Esto se populariza diciendo que conservamos una supuesta “mente de cavernícola”. Como hipótesis es endeble y ha sido criticada con contundencia, pero es tomada como premisa por una gran cantidad de trabajos, y en ella basan implícitamente sus análisis y conclusiones.

Es decir, la PE, tal y como explican sus fundadores Leda Cosmides y John Tooby, se basa en unos “principios” bastante concretos y complejos. Son hipótesis que rara vez se van a cuestionar internamente, porque si lo haces podrías hundir toda tu disciplina. Esto, en ciencia, es algo bastante extraño y no me parece recomendable.

La PE tiene una pésima divulgación, una “ciencia pop” a veces muy divertida, que aprovecha el tirón morboso de lo políticamente incorrecto y la controversia de los temas relacionados con la atracción sexual, los roles en la pareja, los celos, la infidelidad, la violencia sexual, las jerarquías, las conductas arriesgadas, el racismo... Por eso te la encuentras en revistas femeninas, masculinas, deportivas, en manuales de técnicas “chungas” para ligar, en el coaching, en consultorios sentimentales... en todas partes.

Algunos “fans” identifican lo políticamente incorrecto con lo científicamente correcto, y no es así. Que una afirmación te incomode o choque con tus creencias sobre la sociedad no la convierte en una afirmación errónea, pero tampoco en una afirmación científicamente bien sustentada. El típico trabajo de PE es un estudio pequeño, modesto, no demasiado bien controlado, que sugiere pero tampoco afirma nada de forma demasiado contundente. Pero ese estudio forma parte de una gran red de pequeños estudios que se citan entre sí reforzándose. Esto es normal en la ciencia, pero también es normal la crítica feroz, que los estudios se “despellejen” unos a otros, y esto aún no lo he visto en la PE, curiosamente. El caso es que, si haces una afirmación peliaguda en tu paper (o más bien una insinuación) y la quieres justificar, no basta citar uno o dos trabajos tan endebles como el tuyo y que, a su vez, contienen otras insinuaciones peliagudas. Todo el entramado seguirá estando científicamente bajo sospecha.

Lo peor es que cuando una hipótesis de la PE fracasa, porque vienen estudios posteriores y mejor controlados y no consiguen replicar los resultados, esto rara vez se divulga. Por ejemplo, los simpatizantes de la PE te dirán que las mujeres, cuando están ovulando, se sienten atraídas por los hombres de rasgos muy “masculinos” (y esto tiene una explicación evolutiva y bla, bla, bla). Pero hay varios trabajos publicados que no encuentran este efecto. O bien no se conocen, o bien no se quieren tener en cuenta porque destruyen el morbo.

Desde Hablando de Ciencia agradecemos a El Paleofreak por esta fantástica entrevista.

Paulo Hernández

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5 Comentarios en “Entrevista a El Paleofreak. Divulgación científica, evolución y metáforas”

  1. Nicolas Flamel Noviembre 3, 2014 at 8:58 am #

    Brutal entrevista, gran claridad tanto en preguntas y respuestas, bastante ilustrativas como pocas.
    Saludos!

    • Memecio Noviembre 3, 2014 at 10:06 am #

      Intrigado por saber qué decía Cipolla.

      • jorgejfrias Noviembre 4, 2014 at 9:30 am #

        Se refiere a Carlo M. Cipolla y su muy recomendable tratado sobre la estupidez humana, publicado en "Allegro ma non troppo". Haciendo una búsqueda en internet se pueden encontrar algunos resúmenes y extractos. Incluso en Wikipedia esta pequeña chuleta de las cinco "leyes de la estupidez humana":

        1 Siempre e inevitablemente cualquiera de nosotros subestima el número de individuos estúpidos en circulación.
        2 La probabilidad de que una persona dada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica propia de dicha persona.
        3 Una persona es estúpida si causa daño a otras personas o grupo de personas sin obtener ella ganancia personal alguna, o, incluso peor, provocándose daño a sí misma en el proceso.
        4 Las personas no-estúpidas siempre subestiman el potencial dañino de la gente estúpida; constantemente olvidan que en cualquier momento, en cualquier lugar y en cualquier circunstancia, asociarse con individuos estúpidos constituye invariablemente un error costoso.
        5 Una persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que puede existir.

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  1. Bitacoras.com - Noviembre 3, 2014

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