Periodismo científico: La prensa diaria y su influencia en la excelencia del investigador

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No es un hecho aislado el encontrarse que un artículo de prensa –en el que se comunica un evento científico– no es fiel al rigor del estudio en el que se basa la noticia. Uno lee, recibe el contenido, lo interpreta como cierto porque confía en la cabecera que lee día a día con disciplina militar, y después se lo cuenta a sus compañeros en el almuerzo.

Las revistas científicas no cesan en su empeño de convertirse en la fuente de información de la prensa diaria. Son conscientes de la importancia de protagonizar el desayuno del clásico

Very Important Person de turno. Puede ser un político con autoridad para legislar o el último responsable de adjudicar la beca Marie Curie. Por su parte, el medio de comunicación, pensará –en el peor de los casos– única y exclusivamente en el planificador de medios responsable de los laboratorios farmacéuticos más punteros. Ese que tiene infinitos recursos para gastarse en publicidad.

No es ningún secreto que los medios de comunicación ejercen una influencia infesta sobre la sociedad. Y solemos pensar que la diana de algunas de las porquerías que se escriben con intención de pasar por periodismo científico, son personas sin preparación, vulnerables a la manipulación del medio. No obstante, consideramos que la comunidad científica es capaz de discriminar la mentira, capaz de detectar el sensacionalismo en la noticia, capaz de saber cuándo se habla de ciencia y cuándo no. Damos por hecho que esta pequeña colonia del formicarium, acude a las revistas especializadas y extrae la información de esos templos. Que las noticias científicas que nos trae la prensa diaria no tiene un efecto demasiado considerable sobre ella. Sin embargo, no debemos olvidar que el número de revistas científicas que se publican semanalmente es ingente, es decir, no hay investigador capaz de estar al día ni siquiera en su propia disciplina. Sin olvidar, que la prensa en muchas ocasiones cubre la noticia antes de que la revista llegue al científico. Y, aunque por lo general, el investigador suele consultar el paper original, existe el riesgo de que se cumpla la famosa máxima: “la primera impresión es la que cuenta”.

Y si no me creéis, echad mano de hemeroteca y rebobinar hasta el caso de la huelga del periódico The New York Times (NYT) en 1978. Os ayudo: resulta que el diario estuvo tres meses sin salir a la calle. Pero no fue una huelga al uso, en realidad sus empleados siguieron a todo gas. No descuidaron ni uno de sus artículos y ficharon en todas las ruedas de prensa, es decir, toda la maquinaria estaba en marcha pero el proceso no culminaba. Nadie leyó el NYT durante aquel triste trimestre informativo. Los números que salieron sin salir, se archivaron en una «edición registro» y esta pequeña joya fue lo que se pararon a estudiar un grupo de investigadores publicando sus resultados en la revista The New England Journal of Medicine, en 1991. El grupo liderado por el Dr. Phillips resolvió que los estudios que se publicaban habitualmente en el NYT eran citados un 72,8% en el año siguiente a su publicación más que aquellos que se habían publicado en otros medios. Atónita me quedé cuando observé que la diferencia significativa de citas persistía en el tiempo… ¡nada menos que durante 10 años! Teniendo en cuenta lo que significan los índices de impacto para las carreras de los científicos, estos datos le dejan a una planchada y almidonada.

Podríamos pensar que la causa está en que el NYT tiene un olfato extraordinario para los estudios científicos más relevantes, pero no, resulta que lo más brillante de este estudio se define precisamente en la observación de la famosa «edición registro». Si los trabajadores del periódico habían seguido con sus obligaciones, entendemos que también habrían escrito noticias de ciencia, y por tanto, habrían acudido a estudios científicos. Pues bien, resulta que el equipo de Phillips pudo comprobar que los artículos que no se publicaron durante aquellos meses, no fueron objeto del aumento en la cantidad de citas.

Así que, voilà, podemos sospechar, con argumentos fundamentados, que un artículo científico será citado un 72,8% más dependiendo del medio de comunicación que cubra la noticia. Por lo menos, si hablamos del prestigioso NYT. Así es el poder de la prensa, ni la comunidad científica ni su eterna carrera hacia la excelencia, se libra de esa influencia.

Si queréis oír hablar a verdaderos cracks en la comunicación de la ciencia, no dejéis de ir a Desgranando Ciencia, el sábado 16 de abril a las 12.00h habrá una sesión fabulosa sobre Periodismo Científico.

Sesión 4: Periodismo Científico

  1. José A. Pérez. Guionista, columnista y director de TV. “¿Divulgación en televisión? ¿Has perdido la cabeza?”
  2. María José Moreno. Periodista científica. “¿Si los periodistas son de letras qué pinto yo aquí?”.
  3. Susana Escudero y Emilio García. Periodista (Susana). Comunicador científico (Emilio).
  4. Carlos Centeno. Universidad de Granada.

Oihan Iturbide

Referencias:

  • Vladimir de Semir, Decir la ciencia. Universitat de Barcelona, Publicacions i Edicions. Barcelona, 2015.
  • David P. Phillips, Importance of the Lay Press in the Transmission of Medical Knowledge to the Scientific Community. N Engl J Med 1991; 325:1180-1183October 17, 1991DOI: 10.1056/NEJM199110173251620
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2 Comentarios en “Periodismo científico: La prensa diaria y su influencia en la excelencia del investigador”

  1. Avatar
    Maribel ZR abril 6, 2016 at 8:43 pm #

    Muy buenas. Un gusto seguirte Oihan, no solo por lo que escribes si no por lo que presentas. Desde tu link a desgranando ciencia he acabado jugando a un juego de cartas para aprender Mendelismo (mendelius.com) que voy a presentar en el cole donde estoy haciendo prácticas mañana mismo.

    Sigue así, tienes ya una fiel seguidora. Mis dos pasiones actuales: educar en ciencia a los adultos que me rodean (esos de la EGB) y hacer atractivas las clases de Biología y geología de nuestros queridos adolescentes del siglo XXI

  2. Avatar
    Juan R marzo 14, 2016 at 11:17 am #

    Hay que tener en cuenta que en aquella época los periodistas solo podían recurrir a revistas de calidad científica. Actualmente el modelo open access de la mayoría de editoriales así como nuevas editoriales ha bajado mucho la calidad pero los periodistas aprovechan la masiva aceptación de artículos para sacar titulares de esas revistas de poca calidad.
    Por tanto, habría que estudiar ahora si los artículos que salen en prensa cuyo origen en Sci Reports, Plos One, Frontiers... tienen la misma repercusión en su campo científico, es decir, se citan más.... creo que no.
    La otra cuestión que se desprende es.... si el periodista recurre a revistas de baja calidad científica, ¿qué nos estamos fumando en las noticias de ciencia?.
    Saludos

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