Un juego para el día de la mujer en la ciencia

Hoy es el día de la mujer y la niña en la ciencia, momento para reivindicar su papel en nuestro campo de trabajo, y reclamar más vocaciones científicas femeninas.

Nada más saber de esta iniciativa en mi centro, nos encantó la idea de trabajar materiales relacionados con el papel de la mujer en la ciencia. Dibujos, biografías, máscaras… todo era un fluir de ideas. Pero al comenzar me di cuenta de una cosa: Todos los chavales estaban trabajando sobre la figura de las mismas mujeres: Marie Curie, Sophie Germain, Ada de Lovelace, Jane Goodall, Rosalind Franklin… Algo no me cuadraba.

Sinceramente, creo que incurrimos en dos errores. El primero, sacralizar la figura de las mismas mujeres. Y el segundo, buscar figuras de referencia que ya nada tienen que ver con la actualidad. Por dar un ejemplo, Lovelace no era el apellido de Ada, sino el título nobiliario que regentaba su marido (un matrimonio muy conveniente, por cierto). Así que tengo que hablar de igualdad con el ejemplo de una señora que tenía que valerse de las ventajas de una posición social y monetaria. Es un caso que me duele, porque cuando comienzo a hablar de computadores, las chicas no se sienten muy atraídas por el tema, y suelo acudir con frecuencia al ejemplo de que la primera programadora de la historia fue una mujer, aunque la sensación que me da es que la primera programadora de la historia fue una persona rica (bueno, como muchos otros científicos varones).

La vida de la mujer ya no es así, por suerte. No necesitamos buscar iconos, porque su acceso a la ciencia en nuestro país se ha normalizado, aunque no en todos los rincones y de todas las formas deseadas. Por ello, pensé que lo mejor es buscar mujeres cercanas a nuestra realidad, contemporáneas, que rompan los estereotipos, que no sean la versión femenina del manido científico loco. Me quedé con Margarita Salas, Josefina Castellví, Mara Dierssen y Clara Grima ¿Por qué?, pues parte porque las admiro, y parte porque conozco algo de sus biografías y sé qué cosas de su personalidad les atraería.

Comienzo con un icono fácil. Química de formación, y especializada en la bioquímica, Margarita Salas es el modelo de profesional con trayectoria impecable, que transmite quizás demasiada seriedad para los más jóvenes. Probablemente sea la referencia más clara de científica española de todos los tiempos, y sigue en activo. Además, trabajó con el último de nuestros mitos, Severo Ochoa. Me gusta también contar que una persona así pueda ser miembro de la Real Academia, y asociar ese lenguaje de las moléculas que se unen para formar palabras y esos completos libros llamados ADN.

Pero antes que a Margarita Salas conocí a Josefina Castellví gracias al libro “Yo estuve en la Antártida”. Es una pena que la figura de Pepita Castellví no sea más conocida, al menos lejos de Cataluña. No podemos decir que ella sufriera los rigores de ser mujer para estudiar oceanografía en España. Simplemente, no había estudios de esa disciplina aquí y tuvo que marchar a Francia para estudiar. Aunque por entonces no sabía que un día se iba a meter en un buque polaco y acabar en un rincón de la Antártida para sentar las bases de lo que luego ha sido la base Juan Carlos I. Tampoco sabía que iba a llegar a dirigir la base. Cuenta en las entrevistas que era la única mujer de la docena de personas que integraba la base, pero que siempre la respetaron.

Tanto Margarita como Josefina, aunque demuestren una gran vitalidad, se quedan un poco mayores para los más jóvenes. Cuando les pongo el ejemplo de Mara Dierssen la cosa cambia, una profesional que es capaz de colgar la bata y sacar imaginación para financiar y divulgar sus proyectos, que pasan, por ejemplo, por montar un grupo de música con sus hijos - En realidad, cuando cuento esto, antes que pensar que los científicos también tenemos aficiones como el resto de los mortales, mis alumnos debaten sobre cómo sería tener un grupo de música con tu propia madre-. Pero que nadie piense que se cae en la banalidad, porque además de estudiar con pasión las afecciones que sufren las personas con síndrome de Down, Dierssen defiende con ultranza los derechos sociales de las mismas como ciudadanos que son.

Ahora me encuentro con un problema: Estoy defendiendo el papel de la mujer en campos en los que no es difícil encontrarlas. No es un secreto que siempre han preferido escoger estudios universitarios asociados a la química, la biología o la medicina, antes que a la física, las matemáticas y, horror, la ingeniería. Sinceramente, creo que aquí está la cuenta pendiente, porque una cosa es que se apliquen políticas sexistas en los departamentos – algo deleznable, pero que tiene una clara solución -, y otra que las mujeres no se vean atraídas por las carreras técnicas, donde no alcanzan la cuarta parte del alumnado en algunos casos. Por eso creo que la figura de mujeres como Clara Grima son muy necesarias. Sus esfuerzos por la divulgación de las matemáticas primero entre los más pequeños, y también entre los más grandes es encomiable, a la vez que muestra una imagen muy actual.

Programando con Scratch

Scratch es un lenguaje de programación diseñado en el MIT con el objetivo de que los más jóvenes aprendan de manera fácil a programar, pero en realidad sus posibilidades han conseguido que se haya extendido entre todas las edades ¿Por qué? En primer lugar, el entorno es muy amigable, y las instrucciones se presentan como piezas de puzzle de color que se acoplan de la manera adecuada, facilitando la comprensión y evitando errores tontos.

Nada más que con estas características nos vamos a ahorrar dolores de cabeza por errores de sintaxis, de accesos extraños a memoria, y otras excepciones. Además, no hay compilación y se interpreta de forma inmediata. Pero una de las cosas que me llama la atención es que funciona con dos paradigmas tan potentes como la programación orientada a objetos y la concurrencia. En efecto, los distintos elementos que podemos incluir en un programa de Scratch son objetos con atributos propios que se comunican por mensajes (posición, tamaño, e incluso su aspecto, llamado disfraz). Además, podemos programar varias rutinas concurrentes para un mismo suceso. Un objeto muy especial es el escenario, que es algo más que un fondo de pantalla, porque puede tener un código asociado, e ir cambiando de aspecto o realizar cálculos. Uno de los puntos atractivos de Scratch es que puedes subir tus proyectos a su web, desde donde se pueden ejecutar y ver su código. Así, todos los integrantes de la comunidad podemos aprender un poco más.

El programa que he realizado es muy simple, y con él solo pretendo practicar varias nociones básicas de programación. Los objetos se muestran u ocultan según el momento (algo muy normal en este tipo de programas), y llevan el peso de las acciones según el escenario en el que estemos. Básicamente tengo un escenario de introducción, otro por cada biografía de mujer científica y un último escenario, más complejo, donde se pone a prueba los conocimientos que tiene el usuario sobre ellas. Al ser un programa de demostración dirigido a mis alumnos de secundaria, que no tienen apenas nociones de programación, he preferido programar algunas situaciones de forma menos efectivas pero más comprensibles.

 Yo os animo a echar un vistazo y ver cuántas preguntas acertáis, solo tenéis que ir a:

https://scratch.mit.edu/projects/144610528/

¡Feliz día de la mujer y la niña en la ciencia!

Jorge J. Frías

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