Riesgo cardiovascular: yo me lo guiso, yo me lo como

La enfermedad cardiovascular es un término amplio para problemas con el corazón y los vasos sanguíneos. Este término describe cualquier enfermedad que afecte al sistema cardiovascular, aunque es utilizado comúnmente para referirse a aquellos relacionados con la arteriosclerosis (acúmulo de grasa en las paredes de los vasos sanguíneos).

Las enfermedades cardiovasculares (ECV) incluyen:

  • La cardiopatía coronaria: enfermedad de los vasos sanguíneos que irrigan el músculo cardiaco.
  • Las enfermedades cerebrovasculares: enfermedades de los vasos sanguíneos que irrigan el cerebro.
  • Las arteriopatías periféricas: enfermedades de los vasos sanguíneos que irrigan los miembros superiores e inferiores.
  • La cardiopatía reumática: lesiones del músculo cardiaco y de las válvulas cardiacas debidas a la fiebre reumática, una enfermedad causada por bacterias denominadas estreptococos.
  • Las cardiopatías congénitas: malformaciones del corazón presentes desde el nacimiento.
  • Las trombosis venosas profundas y embolias pulmonares: coágulos de sangre (trombos) en las venas de las piernas, que pueden desprenderse (émbolos) y alojarse en los vasos del corazón y los pulmones.

El infarto agudo de miocardio y los accidentes cerebrovasculares (ACV) suelen ser fenómenos agudos que se producen principalmente por obstrucciones que impiden que la sangre fluya hacia el corazón o el cerebro, respectivamente. La causa más frecuente es la formación de depósitos de grasa, placas de ateroma, en las paredes de los vasos sanguíneos que irrigan el corazón o el cerebro. Los ACV, además, pueden deberse a hemorragias de los vasos cerebrales o coágulos de sangre.

Según la Organización Mundial de la Salud [1], las enfermedades cardiovasculares (ECV) son la principal causa de muerte en todo el mundo. Cada año mueren más personas por ECV que por cualquier otra causa, calculándose que en el año 2012 murieron por esta causa alrededor de 17,5 millones de personas, lo cual representa un casi un tercio de todas las muertes registradas en dicho año en todo el planeta. Si desglosamos las causas de estas muertes observamos que 7,4 millones se debieron a una cardiopatía coronaria, y 6,7 millones a los accidentes cerebro vasculares (ACV). Si además de la etiología específica, observamos el nivel socioeconómico de la población fallecida, vemos que más de tres cuartas partes de las defunciones por ECV se producen en los países de ingresos bajos y medios.

La mayoría de las ECV pueden prevenirse actuando sobre factores de riesgo modificables, como el consumo de tabaco, los patrones nutricionales inadecuados y la obesidad, el sedentarismo o el consumo elevado de alcohol.

El acúmulo y la combinación de varios factores de riesgo tales como el tabaquismo, un mal patrón dietético y la obesidad, el sedentarismo, el consumo excesivo de alcohol, la hipertensión arterial, la diabetes y el colesterol alto suelen ser la causa de los ataques cardiacos y accidentes cerebrovasculares (ACV).

Pero llegados a este punto, ¿cómo puedo saber cuál es mi riesgo cardiovascular? Pues es muy sencillo de saber a través de las tablas de riesgo cardiovascular.

El riesgo cardiovascular global, definido como la probabilidad de presentar un evento en un periodo determinado, se considera como el mejor método de abordaje de la enfermedad arterioesclerótica; el método de cálculo, a través de las llamadas tablas de riesgo cardiovascular (método cuantitativo), ha sido muy divulgado a raíz del estudio de Framingham [2], base de casi todas ellas.

Aunque para la población española se han calibrado varias tablas de riesgo cardiovascular (Framingham, Score, etc.), el manejo de cualquiera de ellas es similar, por lo que me limitaré a explicar la que a mi entender es la que más ampliamente se ha usado: las Tablas de Framingham calibradas para su uso en la población española [3,4]. Estas tablas permiten estimar el riesgo de un acontecimiento coronario (angina, infarto agudo de miocardio con o sin síntomas, mortal o no) a 10 años. Esto último es importante, el riesgo estimado es una aproximación a 10 años vista.

Para estimar el riesgo debe seleccionarse la tabla correspondiente a la presencia o ausencia de diabetes, el consumo de tabaco, el sexo y la edad del/la paciente (Hay 4 tablas: Con diabetes, mujer y hombre, y sin diabetes mujer y hombre; y dentro de cada tabla, una columna para los fumadores y otra para los no fumadores, y pequeñas agrupaciones según los rangos de edad). Os pongo las tablas para que os sea más fácil entender la explicación:

Una vez nos situamos en la columna que nos corresponde según el diagnóstico de diabetes, el sexo, si es fumador o no y su grupo de edad, debemos buscar la intersección de la presión arterial sistólica y diastólica con su colesterol total buscando la columna de valor central ± 20 mg/dL (± 0,5 mmol/L) que incluya el valor deseado. El valor inscrito en la casilla hallada por este procedimiento indica el riesgo a 10 años, y el fondo pertenece al código de colores cuya leyenda se encuentra al pie de las tablas.

Si se dispone del valor del colesterol de HDL puede corregirse el riesgo hallado multiplicándolo por 1,5 si está por debajo de 35 y por 0,5 si está por encima de 59. La lectura es directa si el valor se encuentra entre 35 y 59 mg/dL.

Así a priori parece que tan solo con ser jóven, tendríamos el riesgo controlado, pero también es cierto que estas tablas son las más benévolas, y que en los últimos años los patrones de riesgo cardiovascular han ido cambiando, encontrándose personas con riesgo muy elevado aún estando en la treintena. ¡¡Hay que mantener un estilo de vida saludable siempre, no solo cuando empieza a aumentarse el riesgo!!

En conclusión, conociendo datos básicos de nuestra salud y datos provenientes de una analítica sanguínea básica, podemos conocer cuál es el riesgo cardiovascular que tenemos a 10 años vista. ¿Fácil, no?

Itahisa Marcelino

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Referencias:

[1] OMS: Organización Mundial de la Salud [Internet]. 2005. Nota descriptiva. Disponible en: http://www.who.int/es/

[2] Anderson KM, Wilson PWF, Odell PM, Kannel WB. An Updated coronary risk profile. A Statement for health profesionals. Circulation 1991; 83: 356-62.

[3] Marrugat J, Solanas P, D’Agostino R et al. Estimación del riesgo coronario en España mediante la ecuación de Framingham calibrada. Rev Esp Cardiol. 2003; 56: 253-61.

[4] Marrugat J, D’Agostino R, Sullivan L et al. An adaptation of the Framingham coronary risk function to southern Europe Mediterranean areas. J Epidemiol Community Health. 2003; 57: 634-38.

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