Charla en el Ágora de Getafe: Mitos y leyendas de los campos electromagnéticos

El pasado 29 de marzo tuve la oportunidad de realizar una charla sobre mitos y leyendas de los campos electromagnéticos en Ágora de Getafe, unas instalaciones gestionadas por la asociación con mismo nombre cuyo interés es el desarrollo de actividades de carácter cultural, lúdico y solidario.

Aunque esta ocasión la charla traía cierta tensión debido a que los colectivos anti-antenas son muy activos en dicha localidad y hay una discusión política sobre el tema. Y remarco lo de política porque uno de los principales argumentos que esgrimen estos grupos es que en el 2010 la ciudad de Leganés, mi ciudad natal y de residencia, aprobó una ordenanza para reducir 4000 veces los valores máximos de potencia legislados, dejando a 0.1 μW/cm2 la potencia recibida en el interior de las viviendas, los centros de trabajo, escolares, residenciales y hospitalarios,  y cualquier zona de posible ocupación por una misma persona durante un periodo de tiempo igual o superior a 6 horas [1]. Si os leéis la ordenanza municipal, se deja bien claro que no hay documento que especifique el máximo de potencia que empieza a ser peligroso y que la medida se toma por el interés municipal y de vecinos. Como base para reducir la potencia se toma la resolución de la International Conference on Cell Tower Siting, celebrada en Salzburg (Austria) los días 7 y 8 de junio del año 2000 [2][3]. En dicho documento, de las 25 intervenciones, 10 de ellas exponían estudios científicos, el resto eran conferencias sobre política, leyes y modelos de actuación. Y este documento pesaba más que Potential health effects of exposure to electromagnetic fields desarrollado por Scientific Committee on Emerging and Newly Identified Health Risks (SCENIHR) de la Comisión Europea publicado en el 2009 (un año antes de la ordenanza municipal) con más de 200 referencias bibliográficas y revisado en el 2015 que tenía una bibliografía superior a 800 citas [4][5]. El documento de 2015 no contradecía el de 2009, actualizaba los artículos revisados y se reafirmaba en que no había evidencia de problemas en la salud con las potencias y frecuencias usadas.

Una auténtica locura a mi entender porque a vista de antena, la potencia recibida a 20 metros es de unos 2 μW/cm2 más o menos (ya que estos valores fluctúan dependiendo de la estructura de las calles, la altura de la antena, la superficie a la que dar cobertura y el número de usuarios), aunque el límite legal más restrictivo es de 200 μW/cm2 (este valor depende de la frecuencia, a 2 GHz es de 1000 μW/cm2). Es decir, ya estábamos increíblemente lejos de llegar a los máximos legales pero el ayuntamiento quería reducir aún más la potencia.

¿Y qué es lo que iba a pasar? Si se redujese tanto la potencia, todas las zonas entre antenas quedarían sin servicio, y la única solución para volver a dar servicio a esas zonas es la de aumentar el número de antenas. Pero aquí está la trampa, ¿iba a permitir el ayuntamiento las nuevas instalaciones de antenas cuando han declarado oficialmente su miedo y desconocimiento ante las ondas electromagnéticas? ¿Y quién pagaría esas nuevas instalaciones? El Ayuntamiento de Leganés estaba intentando legislar sobre competencias estatales. El recurso de las operadoras de telecomunicación fue inmediato y se paralizó la puesta en marcha de dicha normativa hasta que saliese el recurso.

Finalmente, el recurso fue estimado y se echó por tierra el edicto del ayuntamiento [6][7].

Pues bien, parece que las organizaciones anti-antenas de Getafe no se han enterado bien de la historia porque en Leganés NUNCA se llego a bajar la potencia y NUNCA se bajará a golpe de ordenanza municipal porque no es competencia de los municipios, es una competencia estatal.

Yo no esperaba mucha afluencia de público pero los organizadores sí ya que consideraban que este tema era de especial interés para los vecinos. Según me comentaron, hubo boicot contra mi charla. No me parece mal el boicot, al fin y al cabo es una forma de libertad de expresión. Lo que me sorprendió es que los principales argumentos que usasen para criticar la charla fuesen falacias ad hominem basándose en que yo como ingeniero técnico en telecomunicaciones o como había trabajado en Telefónica (de externo) no podía hablar de campos electromagnéticos y salud por conflicto de intereses.

Es curioso, porque en muchos de mis artículos publicados aquí hablo de cosas que no son de telecomunicaciones y se me critica por ello. Y ahora que hablo de telecomunicaciones, pues también. Lo que estoy empezando a pensar es que lo que no quiere la gente es que hable.

Antes de ver el vídeo de mi charla, voy a dejar algunos datos que creo que son claves para entender la relación entre ondas electromagnéticas y la salud:

  • El cuerpo humano tiene elementos químicos pertenecientes a las cuatro primeras filas de la tabla periódica (a excepción de los gases nobles). Las energías de ionización de estos elementos químicos van desde el 4.34 eV del potasio a los 17.42 eV del flúor. Podemos calcular la equivalencia con un simple conversor de medidas y obtenemos que las frecuencias electromagnéticas capaces de ionizar el potasio son de 1049 THz, y 4209 THz para el flúor. Es decir, si el rango medio que solemos usar para comunicaciones móviles y WiFi es de 1 GHz, estamos a un millón de veces por debajo de las frecuencias de ionización.
  • Parte de la radiación ultravioleta B (3.94 a 4.43 eV) y C (4.43 a 12.40 eV) que recibimos del sol es capaz de ionizar los elementos químicos que hay en nuestro cuerpo. Evidentemente los elementos químicos en nuestro cuerpo forman compuestos y estos tienen energías de ionización intermedias entre el valor más alto y el más bajo. El Sol es nuestra principal fuente de radiación ionizante y no ionizante, y aunque es habitual que nos quememos ante su exposición y sepamos que parte de la radiación ultravioleta es ionizante y produce carcinomas cutáneos, tenemos como más peligroso la radiación del móvil que tostarnos bajo el sol.
  • Si alguien afirma que las radiaciones electromagnéticas que se usan en telecomunicaciones son ionizantes, afirma que la luz visible y el infrarrojo también lo son, así que tienen que admitir que acercarse a cualquier fuente de calor les puede provocar cáncer.
  • Del Sol recibimos unos 90000 μW/cm2 de media. Una nube que tape el sol, el paso del día, o un simple viaje hacia el sur o el norte genera mayor diferencia en potencia recibida del sol que esos 2 μW/cm2.
  • En el 2004 la Organización Mundial de la Salud (OMS) dejó claro que la electrosensibilidad o hipersensibilidad electromagnética era una alergia idiopática, es decir, de irrupción espontánea y de causa desconocida [8]. Un electrosensible nunca ha sido capaz de detectar un campo electromagnético ya sea por sensación o malestar. Es la creencia de que hay un campo electromagnético que le está atravesando la causa de su molestar, independientemente de que exista. Así mismo y sabiendo que la energía que recibimos del Sol también es radiación electromagnética de mayor energía, un electrosensible debería sentirse mucho peor ante la luz y el calor del Sol que ante el WiFi del vecino.
  • En el 2005 se realizó una comparativa de los estudios científicos publicados sobre electrosensibilidad. De los 31 estudios que hablaban de la electrosensibilidad, 24 de ellos no habían encontrado evidencia, 3 tenían errores estadísticos serios que los invalidaban como fuente veraz, 2 no se habían podido replicar y los dos últimos se contradecían entre sí [9].
  • El Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud (CCARS) acaba de emitir un informe sobre los estudios realizados entre enero de 2013 y junio de 2016 sobre radiofrecuencias y salud en el que afirman que no existen razones técnicas ni sanitarias que justifiquen la imposición arbitraria de límites de exposición más exigentes a los recomendados por la OMS-ICNIRP (International Commission on Non-Ionizing Radiation Protection) y la Unión Europea [10].
  • Un 66% de los cánceres son inevitables y se deben a la replicación celular [11]. Ese 66% de cáncer se distribuye de forma aleatoria, es decir, que en una misma zona haya varios casos de cáncer no tiene porqué significar nada ya que puede ser un cluster por la propia aleatoriedad intrínseca del proceso. Saber si una población es diferente a otra, no es sencillo y se estudia en cursos avanzados de estadística de diferentes carreras ya que se aplica en investigación de medicamentos, producción industrial de todo tipo, informática, telecomunicaciones, etc.

Saber si unas muestras pertenecen o no a la misma población no es sencillo. La figura A nos parece más aleatoria que la figura B, que presenta líneas de muestras, y la C, que tiene muchas muestras en la esquina inferior derecha. Pero las figuras A, B y C son solo porciones de la figura D que ha sido generada aleatoriamente con una distribución uniforme de probabilidad.

Sin enrollarme mucho más, os dejo con la charla y el coloquio.

Víctor Pascual

[1] Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid, número 14, martes 18 de enero de 2011, página 107

[2] International Conference on Cell Tower Siting, Linking Science & Public Health, Salzburg, Austria, June 7 – 8, 2000

[3] Salzburg Resolution on Mobile Telecommunication Base Stations, International Conference on Cell Tower Siting, Linking Science & Public Health, Salzburg, Austria, June 7 – 8, 2000

[4] Scientific Committee on Emerging and Newly Identified Health Risks, European Commission 2009

[5] Scientific Committee on Emerging and Newly Identified Health Risks, European Commission 2015

[6] Sentencia nº 1852/2016 de TS, Sala 3ª, de lo Contencioso-Administrativo, 19 de Julio de 2016

[7] Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid, número 1, lunes 2 de enero de 2017, página 140

[8] WHO International Seminar and Working Group meeting on EMF Hypersensitivity, 2004

[9] Rubin, G. J., Munshi, J. D., & Wessely, S. (2005). Electromagnetic hypersensitivity: a systematic review of provocation studies. Psychosomatic Medicine, 67(2), 224-232

[10] Informe sobre radiofrecuencias y salud (2013 - 2016), Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud, enero de 2017

[11] Tomasetti, C., Li, L., & Vogelstein, B. (2017). Stem cell divisions, somatic mutations, cancer etiology, and cancer prevention. Science, 355(6331), 1330-1334

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