Monos sudorosos (1/5)

Decir que somos monos desnudos, o sea sin pelo, no supone a estas alturas ninguna novedad. Se ha escrito mucho sobre el tema y en términos generales es algo aceptado por la ciencia. De hecho, yo mismo he tratado ese tema en un artículo [1] de hace ya unos cuantos años. Pero la verdadera cuestión no es tanto si tenemos o no tanto pelo como nuestros primos homínidos, sino por qué es así. Y es que el pelo corporal lo perdieron nuestros antepasados por unas razones fundamentales. Dicho de otra forma: la pérdida del pelo supuso una ventaja evolutiva.

Para entenderlo mejor, veamos qué nos diferencia de otros antropoides:

  1. Cerebro más desarrollado.
  2. Postura bípeda.
  3. Alimentación rica en proteínas, sobre todo de origen animal.
  4. Pelo corporal escaso, salvo en el cráneo, donde es muy abundante.
  5. Grandes corredores.

Todo ello nos define como cazadores de la sabana. No seremos como los leones o los leopardos, pero sin duda nuestros antepasados aprendieron a cazar presas con una eficacia similar.
Lo de grandes corredores puede parecer sorprendente, porque ningún ser humano se puede comparar con una gacela o un guepardo, pero nuestra especialidad no es la velocidad sino la resistencia: cualquier humano entrenado es capaz de mantener la carrera durante varias horas. Las presas rápidas puede que escapen, pero si son perseguidas por un grupo de humanos, tarde o temprano éstos las alcanzan. De hecho, aún se usa esta antigua técnica, la de perseguir una presa hasta que caiga extenuada.

Ahora bien, ¿qué cualidades necesita un simio para convertirse en corredor de la sabana? La postura bípeda es una de ellas, por supuesto; tenemos las extremidades inferiores más largas que las superiores, al revés que los otros simios. Es lógico si de lo que se trata es de correr y no de saltar de rama en rama: a mayor longitud de las piernas, mayor eficacia corredora.

Otro punto es la eficiencia a la hora de perder el calor generado. La sabana africana es de clima cálido, con fuertes exposiciones al sol, y todos sus habitantes han desarrollado estrategias para evitar el exceso de temperatura corporal. Si además hay que hacer un ejercicio intenso, la cosa se complica. Nosotros hemos resuelto el problema mediante la sudoración intensa. Como vimos en el viejo artículo ya citado [1], tenemos gran cantidad de glándulas sudoríparas por toda la piel, cuya función es dejar que se evapore el agua y así mantener fresca la piel. Toda nuestra piel actúa así de termostato, pues aparte de la abundancia de glándulas, tenemos numerosos capilares sanguíneos justo bajo la piel, muchos más de los necesarios solo para nutrir estos tejidos.

Pero para sudar de manera eficaz, el pelo molesta. No tanto porque nos sirva de abrigo, sino porque dificulta la evaporación eficaz del sudor. Por lo tanto, perdimos el pelo para poder sudar cuando corremos por la sabana. Más que monos desnudos, somos monos sudorosos. Vamos a verlo con algo de detalle.

Glándulas de la piel.

En la piel de los mamíferos se distinguen dos tipos básicos de glándulas: sudoríparas y sebáceas. Hay otros tipos de glándulas, por supuesto, que pueden producir leche, cerumen, lágrimas, olores sexuales, etc., pero son variaciones de los dos tipos básicos ya mencionados.

Las glándulas sebáceas producen sebo, la grasa que recubre los pelos y siempre están asociadas a ellos; cumplen diversas funciones que aquí no vale la pena tratar.

Las glándulas sudoríparas son las que producen el sudor. Se dividen en dos clases: apocrinas y ecrinas.

Las sudoríparas apocrinas están asociadas a pelos, lo mismo que las sebáceas, y de hecho su secreción suele mezclarse. Producen un sudor lechoso, espeso y oloroso, que contiene gran cantidad de materia orgánica (de ahí su olor).

Las sudoríparas ecrinas no están asociadas a pelo alguno, y producen un sudor limpio, formado por agua en un 99% y el resto son sales minerales y compuestos volátiles como la urea. En realidad, el sudor ecrino puede definirse como orina sin concentrar, pues tiene la misma composición cualitativa, pero mayor cantidad de agua.

¿Qué tipo de glándulas sudoríparas podemos hallar en los simios? Vamos a centrarnos en los grandes simios, y comparar chimpancés con humanos. Pues bien, los chimpancés tienen alrededor de la mitad de las glándulas del tipo ecrino y la otra mitad apocrino; dado que tienen todo el cuerpo cubierto de pelo, no es de extrañar. En cambio, en los humanos la gran mayoría de las glándulas son ecrinas; las apocrinas se reducen a las zonas de las axilas y genital, donde están asociadas a pelos de buen tamaño.

Eficacia termorreguladora.- Dado que el efecto termorregulador de la sudoración depende de que el sudor se evapore con facilidad, no debería sorprendernos que el sudor ecrino sea mucho mejor que el apocrino a la hora de reducir la temperatura corporal. El sudor apocrino tiene componentes moleculares de gran tamaño, con puntos de evaporación más altos que los simples 100ºC del agua. En cambio, el sudor ecrino es agua casi pura, como ya hemos visto. En los seres humanos, las escasas glándulas sudoríparas apocrinas tienen funciones más bien ligadas al sexo (olor corporal) que a la termorregulación.

Pelos molestos.- Volvamos al asunto de los pelos. Ya hemos visto que el sudor ecrino se evapora con más facilidad, y así refresca la piel. Esta tipo de glándulas no están asociadas a pelos, pero eso no quita que no pueda haber algunos de estos apéndices cutáneos. Pues bien, el pelo impide que el sudor se evapore, pues tiene el efecto de condensar el vapor evaporado. Esto puede ser útil para recuperar el agua corporal (y así evitar la deshidratación), pero es un engorro para reducir la temperatura corporal. Está claro que la evolución nos condujo a darle más importancia al segundo punto, a cambio de tener que depender de la presencia de fuentes de agua; por eso somos seres de la sabana, pero no del desierto, necesitamos beber agua en cierta cantidad. De hecho, sin beber agua apenas sobrevivimos un par de días, mientras que sin comer aguantamos bastante más.

En resumen, por causas que veremos en próximos artículos, nuestros antepasados fueron un grupo de simios que abandonaron la vida en la selva para convertirse en eficaces depredadores de la sabana, corredores no veloces pero sí de mucho aguante, que usaban herramientas para matar a sus presas y para aprovechar su carne (aunque estas afirmaciones serán revisadas en siguientes artículos). Tal fue el éxito evolutivo que estos simios sudorosos y corredores acabaron por expandirse por todo el planeta.

De hecho, podría ocurrir que, como a veces ha sucedido a lo largo de la historia de la vida en el planeta, el éxito haya sido tal que los descendientes de estos simios corredores estén provocando la sexta gran extinción. Pero ese es otro asunto.

[1] https://www.hablandodeciencia.com/articulos/2012/01/19/simios-sin-pelo/

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedin

Etiquetas: , , , ,

5 Comentarios en “Monos sudorosos (1/5)”

  1. Avatar
    uno marzo 13, 2019 at 11:10 am #

    Interesante, gracias.

    Una duda: si el pelo aumenta el area en la que se esparce el sudor, ¿no promueve eso la sudoración? Quizás no valga esto para pelo largo (porque no favorece la circulación de aire) pero para el pelo corto, ¿no sería el caso?

    • Avatar
      Cabezón marzo 14, 2019 at 3:35 pm #

      El pelo no aumenta el área en que se esparce el sudor, o más bien el aumento es muy pequeño. Hablamos de un cilindro de muy pocas micras de diámetro y una longitud de pocos milímetros, totalmente despreciable frente al área de la piel desnuda, que es del orden de muchos centímetros cuadrados.
      Además, el pelo absorbe el sudor, pues la queratina que lo forma es hidrófila, solo el recubrimiento de grasa impide que ocurra.
      El hecho es que el pelo sirve para retener el sudor, no para que se esparza

  2. Avatar
    Alberto Cruz Figuero marzo 13, 2019 at 3:02 am #

    Genial artículo! No sabía el tema de la condensación del sudor gracias al pelo. Muy interesante.

  3. Avatar
    curioseantes marzo 13, 2019 at 12:09 am #

    ¡Muy didáctico e interesante artículo!
    Solo un pequeño detalle:
    Donde dices: " con puntos de evaporación más altos que los simples 100ºC del agua" deberías quitar la referencia a los 100 ºC, ya que esa temperatura corresponde a la ebullición del agua (a presión atmosférica), y no a su evaporación.
    De hecho, el agua se evapora a cualquier temperatura (por encima del punto de congelación), dependiendo de la humedad ambiente.
    Por lo demás, excelente artículo.
    Saludos.

    • Avatar
      Cabezón marzo 14, 2019 at 3:37 pm #

      Por supuesto. He usado la simplificación habitual por razones didácticas.

Deja un comentario

Uso de cookies

Hablando de Ciencia usa cookies para la gestión de usuarios y para mejorar su experiencia. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies