Charles Darwin durante el viaje del Beagle. Los esbozos de la teoría que cambió el mundo

Casi cinco años duró el viaje alrededor del globo de Charles Darwin a bordo del Beagle. Cinco años durante los cuales Darwin, en oficio de naturalista, pudo recolectar cientos de especímenes, describir numerosas formaciones geológicas y esbozar en su diario las ideas que acabarían formando, dos décadas más tarde, su gran teoría: la evolución biológica por selección natural. Antes de comenzar la lectura de esta entrada recomiendo leer la primera parte donde se expone la vida de Darwin desde su nacimiento hasta la recepción de la carta de Henslow que le invitaba a embarcarse en el Beagle. Así que, si ya estás ubicado en agosto de 1831, retomemos la historia justo donde la dejamos: con esa carta que le invitaba a embarcarse como naturalista en un viaje a América del Sur para el cartografiado de su costa atlántica.

Tras leer entusiasmado la carta de Henslow, Darwin se la leyó a su padre. La reacción de Robert Waring Darwin fue firme. Se opuso de inmediato y le negó su participación en dicho viaje por ser “una pérdida de tiempo”. A raíz de las reprimendas de su padre, Darwin admitió que ese no sería su futuro. Semanas más tarde Darwin pudo conversar con su tío Josiah cuando se encontraba en Maer. Esta conversación fue un punto de inflexión en la vida de Darwin ya que su tío acabó convenciéndole de que el viaje que se le había ofrecido era una oportunidad única para adquirir experiencia en las ciencias naturales. Darwin, convencido ahora de su futuro como naturalista (recordemos que por aquel entonces era un chico con las ideas algo desordenadas), decidió emprenderse en esta aventura. Hizo la maleta y se mudó a Plymouth el 24 de octubre de 1831 y permaneció allí hasta el 27 de diciembre, día en el que zarpó el Beagle. Durante estos dos meses Darwin sintió ansiedad, se acobardó en ocasiones y cayó enfermo, pero ninguno de estos hechos le impidió seguir con su nuevo propósito. Pudo además conocer de antemano al que sería su capitán durante los siguientes cinco años, sir Robert FitzRoy. FitzRoy era un hombre perteneciente a la nobleza que se había formado como marine en la Royal Naval College. Se podría describir como un hombre intrépido, decidido y algo prepotente, aunque también defensor acérrimo de la esclavitud y de la idea de aspirar a una “Gran Bretaña como nación predestinada a una misión universal”. De hecho, durante su último viaje a América del Sur se trajo consigo a Inglaterra tres indígenas de la Tierra del Fuego que mantenía como esclavos en sus tierras (ver fotografía más adelante). Darwin dice de FitzRoy:

Planos del bergantín H.M.S. Beagle realizados en 1832

«Tenía un carácter desagradable, como manifestaba no solo en su pasión sino también en sus largos arrebatos de mal humor contra los que le habían ofendido. Detectaba el menor detalle fuera de tono y descargaba su indignación sin contemplaciones».

El H.M.S. Beagle levó anclas un 27 de diciembre de 1831 desde el puerto Plymouth, en Devonshire. El Beagle era un bergantín de 27 metros de eslora y 7 de manga que albergó una tripulación de 74 personas durante la larga travesía. Los tripulantes vivían casi hacinados en el barco y a Darwin le tocó compartir camarote con el capitán. Entre los tripulantes se encontraba Simms Covington, quien sería de ahora en adelante su ayudante personal y a quien Darwin le enseñó la caza y el arte de la taxidermia (de este modo los conocimientos en taxidermia que adquirió Darwin de John Edmonstone en Edimburgo pasaron ahora a Covington, quien conformaría la tercera generación). Aunque Darwin no llevó consigo muchas pertenencias, no faltaron obras bibliográficas importantes: Principles of Geology de Charles Lyell, Personal Narrative de Alexander von Humboldt o Paradise Lost de John Milton. Obras que serían la base teórica para su posterior observación y recolección de todo aquello relacionado con la historia natural.

Sir Robert FitzRoy, capitán del H.M.S. Beagle durante su segundo viaje (1831-1836). El óleo, obra de Francis Lane, se encuentra en la Royal Naval College del Reino Unido

Tenerife fue la primera parada del Beagle (a principios de enero), donde permanecieron doce días en cuarentena debido a un reciente brote de cólera en la isla, por lo que las observaciones geológicas del Teide se hicieron imposibles. Una semana más tarde arribaron en el archipiélago volcánico de Cabo Verde donde, esta vez sí, Darwin pudo hacer numerosas observaciones y descripciones de su geología y ecosistemas tropicales durante varias semanas. Fue en la isla de Santiago donde Darwin pudo ver por primera vez en su vida un volcán. Tras la breve estancia en el archipiélago atlántico, el Beagle se dirigió a la costa este del continente Suramericano. A finales de febrero la tripulación desembarcó en Bahía, Brasil. Aquella delgada línea del horizonte que dibujaba los frondosos bosques tropicales de Brasil quedó grababa en la retina del todavía joven e inexperto naturalista. No son escasos los testimonios de asombro de Darwin hacia la enorme diversidad que albergaban los bosques brasileños, de su verdor infinito y, aunque en un cierto tono despectivo producto de sus raíces victorianas, de sus gentes. La ciudad de Bahía se convertiría desde entonces en una especie de centro neurálgico desde donde partirían varias expediciones durante los siguientes meses. ¿El propósito? Recolectar toda forma de vida animal insólita y extraña. Algunas de aquellas expediciones fueron la de Pico Corvado o Río de Janeiro, lugares donde Darwin pudo recolectar cientos de conchas, corales y diferentes artrópodos. Durante estas semanas el día a día era bastante sosegado y rutinario: primero, observar y describir la historia natural de los ecosistemas brasileños; segundo, recolectar especies y tercero, etiquetarlas. Sin embargo esto no impedía que Darwin se mostrara enérgico durante toda su estancia.

De izquierda a derecha: Fuegia Basket, York Minster y Jemmy Button, los tres fueguinos que el capitán FitzRoy se llevó a Inglaterra en su primer viaje a bordo del Beagle y que dejó en Tierra del Fuego en 1832. Sus nombres nativos eran Yokcushlu, Elleparu y Orundellico, respectivamente. Dibujos de FitzRoy

El 5 de julio de 1832, tras pasar cuatro meses en Brasil, el Beagle zarpó en un largo viaje hacia Montevideo, Uruguay. Durante el trayecto Darwin tuvo tiempo suficiente para clasificar y ordenar en distintos compartimentos de su camarote todas aquellas muestras que recolectó en Brasil. A su llegada a Montevideo, la ciudad se encontraba en plena revolución política. Los blancos del Uruguay, liderados por Manuel Oribe, estaban enfrentados a los colorados de Fructuoso Rivera y Toscana (un enfrentamiento que desembocaría siete años más tarde en la Guerra Grande uruguaya), lo que imposibilitó el asentamiento de la tripulación en tierra firme. Así pues, la ruta del Beagle se desvió a Buenos Aires, Argentina. En territorio argentino Darwin pudo observar llamas (Lama glama), aprender y participar en la caza nativa del ñandú (Rhea americana) usando la llamada caza con bolas (dos piedras unidas con una tira trenzada), llevar una dieta exótica a base de carne de armadillo (Dasypus spp) o huevos de ñandú, o descubrir fósiles de gliptodontes. Tras una larga estancia en Argentina donde Darwin pudo conocer a sus gentes y sus costumbres y, entre otros menesteres, recibir el segundo volumen de Principles of Geology, el Beagle volvió a levar anclas a finales de ese año para dirigirse a la zona más meridional del continente americano: un vasto archipiélago donde las fogatas que encendían los indígenas en su interior se extendían por kilómetros, la Tierra del Fuego. Lo que Darwin observó aquí podría decirse que es, sin ninguna duda, lo que más chocó con su moral y disciplina victoriana. Las chozas de los fueguinos, su vestimenta, el canibalismo en épocas de hambruna o el no expresar emociones en reuniones fueron hábitos que le sorprendieron sobremanera a Darwin. Esta forma de vida de los nativos fueguinos la vio tan extraña y distante de la educación y ética inglesas que llegó a escribir: «Creo que aunque se recorriera el mundo entero, no aparecerían hombres inferiores a éstos (1)». Por otro lado, FitzRoy decidió dejar a sus tres esclavos fueguinos y al misionero Richard Matthews en una de las tribus de la Tierra del Fuego con el fin de expandir el inglés y las enseñanzas católicas entre los fueguinos.

Ñandú de Darwin (Rhea pennata). Más información en la nota número 2 al final del texto

La tripulación pasó el invierno en Buenos Aires y en marzo de 1833 llegaron a las islas Malvinas, donde Darwin continuó con sus observaciones geológicas y recolección de invertebrados. Semanas más tarde retrocedieron a Argentina, concretamente a Río de la Plata, donde permanecieron hasta finalizar el año. Durante los nueves meses que la tripulación permaneció en tierras argentinas se organizaron numerosas expediciones: a río Negro, a Patagones y Bahía Blanca, donde Darwin pudo descubrir varios fósiles y una nueva especie de ñandú, bautizada posteriormente como el ñandú de Darwin(2) (y de la que probó su carne antes de enviar sus restos a Inglaterra), y a Santa Fe, donde Darwin contrajo su primera enfermedad febril. En diciembre de ese año fondearon en Puerto Deseado, Argentina, con la intención de recolectar formas de vida marina. Con la entrada del nuevo año (1834), la tripulación tuvo por objetivo atravesar el estrecho de Magallanes y acceder así a la costa occidental del continente americano, no sin antes volver a pasar por la Tierra del Fuego. La idea de volver a esta tierra fue de FitzRoy, quien quería asegurarse de que se estaba cumpliendo correctamente su misión. Sin embargo, la situación que encontró fue totalmente distinta: los tres fueguinos que dejó allí un año atrás retomaron sus viejas costumbres y tradiciones, y renunciaron por completo a la imposición del catolicismo e inglés como idioma. A FitzRoy no le quedó más que reprimir su frustración ante su equipo.

El H.M.S. Beagle a su paso por la Tierra del Fuego. Óleo de Conrad Martens (1833), artista a bordo del Beagle

La estancia en Tierra del Fuego prolongó varios meses la entrada al estrecho de Magallanes ya que, entre otros imprevistos, la tripulación tuvo que reparar el bergantín. Entraron en el estrecho en mayo de 1834 y no fue hasta julio cuando la tripulación pudo pisar tierra firme. Valparaíso, Chile, fue su primera parada en la costa occidental de Suramérica. Como ocurriera con la ciudad de Bahía (Brasil), Valparaíso se convirtió en un centro de operaciones desde donde salieron numerosas expediciones durante los siguientes meses. Mendoza, Santiago de Chile, Copiapó, las islas Chiloé o Concepción, donde un terremoto de dos minutos devastó la ciudad(3), fueron algunas de las expediciones donde Darwin cosechó una ingente cantidad de datos y observaciones geológicas. Chile fue también el país que abatió su salud y entusiasmo: Darwin cayó gravemente enfermo en varias ocasiones y la nostalgia se apoderó de su pensamiento en buena medida. Cansado y extenuado, Darwin vio cómo su actividad quedaba mermada por una enfermedad que con el paso del tiempo se convertiría en crónica. A día de hoy los historiadores y científicos no han llegado a un consenso sobre qué patógeno u otra causa pudo hacer enfermar a Darwin(4); la hipótesis más aceptada es que Darwin pudo contagiarse de tripanosomiasis americana o enfermedad de Chagas(5). La tripanosomiasis es provocada por el protozoo sanguíneo Trypanosoma cruzi y transmitida por la chinche asesina, o vinchuca como se la conoce en Chile y otros países suramericanos. Son varios los hechos que apoyarían la hipótesis de que Darwin se contagió de tripanosomiasis. Se sabe por ejemplo que comió carne de armadillo en varias ocasiones, mamífero que puede estar parasitado por el protozoo, y que al menos una chinche asesina le picó el 26 de marzo de 1835:

«Dormimos en el pueblo de Luján, a cinco leguas al sur de la capital. Por la noche sufrí un ataque, y no exagero al utilizar esta palabra, de la vinchuca, ese insecto negro y grande las Pampas. Es muy desagradable notar la presencia de esos insectos blandos, sin alas, de unos dos centímetros y medio de longitud, deslizándose por el cuerpo. Antes de la succión son bastante delgados, pero luego se vuelve redondos, hinchados de sangre.».

Además, la patología de esta enfermedad coincide con la descripción que Francis Darwin, uno de los hijos de Darwin, hace de la salud de su padre en su autobiografía. Cansancio, agotamiento, vómitos, dolores varios en distintos órganos o imposibilidad para hacer ejercicio físico de forma continuada son algunos de los síntomas de la tripanosomiasis en su fase crónica que fueron recurrentes en la vida de Darwin tras su regreso a Shrewsbury y que perduraron hasta su vejez. Anterior a esta fase crónica, la enfermedad cursa por otra más aguda con síntomas inespecíficos, como fiebre, y que se sabe afectó también a Darwin durante su estancia en Chile.

Algunos de los pinzones de Darwin que habitan las islas Galápagos. (1) pinzón picogordo, (2) pinzón picomediano, (3) pinzón arbóreo chico y (4) pinzón oliváceo

La última parada antes de las islas Galápagos fue Lima, Perú. En costas peruanas, tras hacer numerosas descripciones de sus arrecifes, Darwin llegó a la conclusión de que aquella parte del continente se había formado por movimientos de ascensión y descenso de la corteza terrestre, apoyando así el uniformismo geológico de Charles Lyell. Por aquel entonces Darwin estaba deseoso por volver a su tierra natal, pero pronto esta situación cambiaría. El 7 de septiembre de 1835 el Beagle desembarcó en el archipiélago de las islas Galápagos. La intención de Darwin era estudiar el origen volcánico de sus islas, pero la singularidad de las especies que allí residían hizo que se olvidase de toda preocupación y tarea prevista. Maravillado por la fauna y flora de las islas Galápagos, Darwin comenzó a tomar notas frenéticamente. Observó que muchas de las especies eran endémicas del archipiélago, pero que no diferían mucho a nivel morfológico de las que se encontraban en el continente americano. El ejemplo más célebre es el de los pinzones de Darwin: en cada isla se encuentran una o varias especies de pinzón (género Geospiza), todas ellas están emparentadas con los pinzones de Suramérica y ocupando nichos ecológicos diferentes. A raíz de las observaciones y datos tomados, la conclusión de Darwin fue obvia: los pinzones de las islas Galápagos habían surgido por un proceso de especiación una vez se estableció una población ancestral de pinzones suramericanos en las islas, evolucionando por selección natural para ocupar nichos tróficos distintos.

«Cuando veo estas islas, próximas entre sí, y habitadas por una escasa muestra de animales, entre los que se encuentran estos pájaros de estructura muy semejante y que ocupan un mismo lugar en la naturaleza, debo sospechar que sólo son variedades. Si hay alguna base para estas afirmaciones, sería muy interesante examinar la zoología de los archipiélagos, pues tales hechos echarían por tierra la estabilidad de las especies».

El H.M.S. Beagle anclado en el puerto de Sídney (1836). Grabado original, sin color, por O. Stanley

Tras cuatro semanas en el archipiélago el Beagle comenzó su regreso a Inglaterra, no sin antes parar en dos importantes ciudades del continente oceánico. En diciembre de 1835 la tripulación desembarcó en Nueva Zelanda, donde Darwin fue testigo de los inicios de la actividad misionera y colonización inglesa de la región (que años más tarde desembocó en la Guerra de los Mosquetes, donde los británicos acabaron con la vida de miles de maoríes). En Sidney, Australia, la situación política era algo distinta. La ciudad era ya una colonia británica, por lo que el modelo económico y político, y las costumbres y tradiciones británicas estaban bien asentadas. Fue aquí y no en las islas Galápagos donde Darwin comenzó a cuestionarse el creacionismo, las doctrinas de William Paley y todo conocimiento teológico que aprendió en Cambridge. Darwin había acumulado hasta entonces una ingente cantidad de datos, observaciones y especies nuevas que chocaban constantemente con su educación y formación cristianas. Si a estos ingredientes le sumamos que en Australia tuvo la oportunidad de observar ornitorrincos y distintos marsupiales, el cóctel estaba servido.

En marzo de 1836 el Beagle emprende la ruta de vuelta a Inglaterra, pasando por Tasmania (donde Darwin hizo oídos sordos a la caza de los tasmanianos por parte de los británicos y la exposición de sus cadáveres como trofeos), islas Mauricio, Cabo de Buena Esperanza, islas de Santa Elena y Ascensión, y Bahía, entre otros destinos. Durante la larga travesía Darwin tuvo tiempo suficiente de escribir su diario de a bordo (que posteriormente publicaría) y ordenar las colecciones que todavía estaban por catalogar. Siete meses después, un 2 de octubre de 1836, la tripulación desembarcó en el puerto de Falmouth. Darwin estaba por fin en casa y su padre, pletórico:

«¡Pero si hasta te ha cambiado la forma de la cabeza!»

Jorge Garrido

 

(1) Esta frase no debe relacionarse con una apología al racismo. Hay que entender que en la época en la que Darwin llevó a cabo su viaje en el Beagle (primer tercio del siglo XIX) la esclavitud no estaba abolida en todas las naciones suramericanas y todavía pervivía en la sociedad inglesa ese sentimiento de superioridad frente a otras sociedades no europeas (véase como ejemplo la actitud y mentalidad de sir Robert FitzRoy). La variabilidad en fenotipo, ética y costumbres entre los diferentes pueblos que visitó Darwin le ayudó posteriormente a asentar su pensamiento evolutivo sobre el ser humano que culminaría en su obra “El origen del hombre”.

(2) Cuando Charles Darwin mandó los restos de un ejemplar de este ñandú a Inglaterra, el naturalista francés Alcide d’Orbigny ya había descrito la especie como Rhea pennata en 1834. Sin embargo, el ejemplar de Darwin era más pequeño y fue bautizado como Rhea darwinii por el ornitólogo John Gould en 1837. Casi un siglo después, en 1913, el ornitólogo Chubb propuso que ambas especies eran subespecies con distribución y morfología diferentes, habiendo así tres distintas: Rhea pennata pennata, R. p. garleppi y R. p. tarapacensis.

(3) El 20 de febrero de 1835 a las 11:30 hora local un terremoto de 8,5 grados en la escala de Richter destruyó por completo la ciudad de Concepción, Chile. La región más afectada fue la de Biobío y acabó con la vida de 30-120 personas (algunas fuentes hablan de 500 muertos), aunque hubo cientos de heridos. Darwin escribe en su diario: «Estaba en tierra firme descansando sobre césped. El terremoto ocurrió de repente y duró dos minutos, aunque pareció mucho más. El seísmo fue muy notable; a mí y a mi sirviente nos pareció que la ondulación vino del este. Un terremoto como este destruye las asociaciones más antiguas, el mundo, el emblema de todo aquello que es sólido».

(4) Tras su regreso a Inglaterra, Darwin sufrió hasta su muerte los síntomas de una enfermedad todavía no esclarecida. Más de veinte doctores intentaron diagnosticarle dicha enfermedad, pero fracasaron. A día de hoy está denegado el acceso a los restos del naturalista (que descansa en la abadía de Westminster) para un diagnóstico molecular de la enfermedad; sin embargo, existen varias propuestas: hipocondría, alergia múltiple, envenenamiento por arsénico, alguna enfermedad psicosomática, intolerancia fuerte a la lactosa o enfermedad de Chagas, que parece la más probable.

(5) Trypanosoma cruzi es el parásito causante de la tripanosomiasis americana. Tiene como vectores a los triatominos (chinches asesinas o vinchucas) y como hospedadores a diferentes grupos de mamíferos, incluyendo el ser humano. Algunas especies de chiches asesinas son Triatoma infestans, Rhodnius prolixus o Panstrongylus megistus. El parásito se reproduce en el intestino de la vinchuca y se transmite al mamífero a través de las heces del insecto, ya que éste defeca en la picadura. Una vez en el hospedador mamífero, el parásito se reproduce dentro de sus células hasta que su progenie es liberada bien a tejidos circundantes bien al torrente sanguíneo, donde dará lugar a nuevos ciclos de infección. El parásito retorna a la vinchuca cuando ésta se alimenta de la sangre del mamífero infestado.

 

El viaje del H.M.S. Beagle en un mapa global:

 

En este enlace y este otro puedes ver más grabados y obras de Conrad Martens, el artista oficial que viajó a bordo del Beagle. Las frases que aparecen en cursiva son frases literales escritas por Charles Robert Darwin en su autobiografía o diario de a bordo.

Referencias:

Darwin, Charles (1887); Darwin, Francis, ed. The life and letters of Charles Darwin, including an autobiographical chapter. London: John Murray.

Julian Huxley y H.D.B. Kettlewel (1987). Darwin. Madrid: Salvat editores S.A., Grandes Biografías.

José María López Piñero (2008). Charles Darwin. Valencia: Universitat de Valencia, Servei de publicacions.

Leff, David. About Charles Darwin. Disponible en: https://www.aboutdarwin.com/index.html

Wahlert, John H. (1998). Charles Darwin. Disponible en: http://faculty.baruch.cuny.edu/naturalscience/biology/darwin/biography/index.html

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