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Los huevos y el colesterol: ¿cuántos pueden comerse realmente?

Membrana celular (el nº2 representa el colesterol)

A todos aquellos nacidos en los años 80-90 nos han inculcado en la dieta desde muy pequeños que únicamente podemos comer 2-3 huevos a la semana, debido a su elevado contenido en colesterol, muy perjudicial para nuestra salud. Pero, ¿qué es el colesterol? ¿es malo o lo necesitamos para vivir? ¿cuántos huevos podemos realmente comer a la semana?

 

El colesterol es un lípido presente en la membrana celular de todos los animales, además de en la sangre de los vertebrados. Su función en la membrana plasmática de las células animales es la de regular el intercambio de sustancias entre el interior y el exterior celular. Además, representa la molécula precursora gracias a la cual nuestro cuerpo es capaz de sintetizar vitamina D (importante en el mantenimiento de nuestros huesos), hormonas sexuales y corticoesteroideas (producidas por las glándulas suprarrenales [encima de lo riñones]), además de las sales biliares (imprescindibles en la digestión de las grasas).

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Boca de mar, anguliñas…. ¿qué comemos exactamente?

Una pregunta que todos nos habremos hecho en algún momento de nuestras vidas es: ¿qué es exactamente un palito de cangrejo o boca de mar? ¿es marisco? O si las famosas anguliñas son realmente pequeños peces… En realidad, todos estos productos tienen un mismo origen, no siempre cercano al aspecto final del alimento.

El surimi es un término derivado del japonés que hace referencia a “músculo de pescado picado”, haciéndonos ya una idea del origen de estos productos. El producto originario y principal en Japón, derivado del surimi, es el denominado kamaboko. Para acercarlo un poco a la cultura occidental, sería algo así como una mortadela semicircular fabricada a base de una pasta de carne de pescado, la cual utilizan como guarnición o para acompañar con diferentes salsas (algo así como las patatas fritas).

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Parásitos chupa-sangre: las sanguijuelas

Al oír la palabra sanguijuela, lo primero que nos viene a la mente es un pequeño animal que vive en las aguas dulces y se pega en nuestro cuerpo para alimentarse de sangre. Pero no todas las sanguijuelas son hematófagas ni viven en aguas dulces.

Los hirudíneos o sanguijuelas son una Clase, dentro de los anélidos, de pequeños gusanos, casi todos de agua dulce, pero también marinos y terrestres. Esos animales son principalmente depredadores, alimentándose de pequeños insectos, gusanos, crustáceos, renacuajos, etc. Pueden ingerir lombrices enteras tan grandes como ellos. Pero existe un pequeño número de especies de sanguijuelas hematófagas que se alimentan de la sangre de anfibios, aves, reptiles, peces y mamíferos. Se les denomina como organismos ectoparásitos, ya que pueden llevar una vida independiente sin estar continuamente unidos a su “presa”. También pueden ser depredadas por otros animales como peces, cangrejos y otros hirudíneos.

En Europa, encontramos la denominada como sanguijuela medicinal (Hirudos medicinalis) utilizada desde muy antiguo para las denominadas como sangrías clínicas. Estas arriesgadas prácticas médicas se basaban en la idea errónea de que muchas de las dolencias que ocurrían nos ocurrían se debían a que la sangre se estancaba en determinadas partes de nuestro cuerpo. Mediante incisiones, o con el uso de sanguijuelas, se provocaban hemorragias que pretendían eliminar esa sangre “mala” del cuerpo.

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Un virus que te controla el cerebro: la rabia

Seguramente, lo primero que nos venga a la mente al hablar de la enfermedad de la rabia será un perro que, de forma totalmente descontrolada, intenta morder furioso a todo aquel que se le acerca, echando abundante saliva espumosa por la boca. No andamos muy mal encaminados…

La rabia es una enfermedad infecciosa y muy aguda de animales mamíferos, causada por un virus de la familia Rhabdoviridae. Este virus ataca al sistema nervioso, provocando el desarrollo de una encefalitis, que con casi total seguridad derivará en la muerte del individuo contagiado.

En la transmisión de la enfermedad encontramos como vectores todos los mamíferos aéreos (murciélagos) y terrestres. Para que ocurra, debe producirse el contacto de las mucosas del vector (generalmente la saliva) con una herida del individuo sano (generalmente producida por el propio vector al morderle). Una vez dentro del cuerpo, el virus se va a dirigir hacia el sistema nervioso central, viajando por los axones de las neuronas (prolongaciones alargadas) de forma muy lenta y constante, hasta alcanzar el encéfalo, por ello, el sistema inmune es incapaz de reconocerlo.

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La mujer que descubrió los “genes saltarines”

En la actualidad, la genética es una de las ciencias con mayores avances. Resultados que creíamos únicamente posibles en películas de ciencia ficción, ya han sido posibles o están cada día más cerca. Todo esto ha sido posible gracias al trabajo realizado por numerosos investigadores durante las últimas décadas, allanando el camino para los actuales grupos que intentan cada día mejorar nuestras vidas “jugando con genes”. Pues es en este campo donde destacó en el siglo pasado una científica llamada Bárbara McClintock, la descubridora de los “genes saltarines”.

Bárbara McClintock (1902-1992) fue una investigadora, muy avanzada para su tiempo, en la genética del maíz, describiendo una gran cantidad de procesos y mecanismos diferentes que ocurren dentro de las células, aunque no fueron muy bien recibidos por sus contemporáneos, en un primer momento. Todos sus hallazgos le sirvieron para recibir en el año 1983, a título individual, el Premio Nobel de Medicina o Fisiología.

Su formación académica fue compleja desde el primer momento, ya que tuvo que luchar contra la idea de su madre de que una mujer con estudios superiores dificulta su casamiento, y fue finalmente gracias a su padre que entró en la Universidad de Cornell (1919), estudiando botánica. Aunque a los pocos años comenzó su interés por el campo de la genética y toda su investigación hasta la obtención del doctorado fue en ese campo, ninguna mujer podía obtener títulos de genética y, por ello, fue Doctora en Botánica, aunque otras mujeres contemporáneas e ella lo obtuvieron en Mejora Vegetal.

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