



En este post pretendo sintetizar las virtudes que tiene el huerto como herramienta educativa formal y no formal. Mi experiencia de los últimos años en estos espacios me ha hecho comprender porque es tan interesante introducir huertos en escuelas, centros para mayores, casas de asociaciones, hospitales, cárceles, etc.
De todas las virtudes que tiene crear un huerto voy a comentar aquí las más interesantes, a mi parecer, desde el punto de vista de la educación ambiental:
Es un espacio para reencontrarse con la naturaleza. Vivimos entre asfalto, lo cual nos lleva a una desvirtualización de la realidad en los procesos naturales de las cosas. Ya no sabemos de dónde vienen los alimentos que comemos, los productos que usamos en nuestro día a día y perdiéndose poco a poco el valor que tiene conservar la naturaleza para que podamos seguir viviendo de ella. Los huertos nos vuelven a recordar los procesos de la vida, el nacimiento de una planta, el trabajo en comuna de las hormigas, la polinización de las abejas, la importancia de la lluvia, del sol, de la humedad, etc.
La Comisión Europea (CE) está llevando a cabo una consulta pública sobre el futuro desarrollo de los combustibles fósiles no convencionales, como el cuestionado Fracking, invitando a toda persona interesada en compartir su punto de vista sobre los proyectos hasta el 20 de marzo de 2013. Ante todo esto, ¿cuál es el estado de la ciencia sobre el fracking?
Hasta este momento, la CE no se ha pronunciado de forma clara al respecto pero quien sí lo ha hecho, ha sido la Eurocámara, pues lo que ha pedido ha sido cautela con los permisos de extracción.
Los proyectos de Fracking en algunas comunidades de España, están bastante avanzados, aunque en Cantabria hay una marcha atrás en las concesiones con la prohibición de las técnicas de Fracking.
La fusión nuclear es por muchos considerada la energía del futuro. ¿En qué consiste? ¿Por qué se la prefiere teóricamente con respecto a la fisión u otros medios de producción energética?
Se trata de una reacción nuclear, al igual que la fisión. Sin embargo, en este caso se unen núcleos en lugar de fracturarlos. En la fusión nuclear se trata con núcleos de átomos ligeros, fundamentalmente los isótopos deuterio (2H) y tritio (3H), del Hidrógeno. Al unirse estos átomos, forman uno de Helio, más pesado que ellos. Ésta es la reacción que tiene lugar en el Sol, por ejemplo, al igual que en cualquier otra estrella.
Para que lleguen a fusionarse, se comunica a los núcleos una energía cinética suficientemente intensa para que puedan vencer las fuerzas repulsivas que ejercen entre sí por tener igual carga (barrera de Coulomb). De esta manera, tomarían parte las fuerzas nucleares, y se produciría la fusión en un átomo más pesado. En la unión del deuterio con el tritio, que es la más fácil de conseguir, se desprenden 17,6 Megaelectronvoltio (MeV).

En anteriores entregas de la serie hablábamos sobre los aspectos relacionados con la generación de energía a partir del combustible nuclear: la gestión de residuos radiactivos, la fabricación del combustible, la minería del uranio, la fisión nuclear… Pero hay un aspecto que no habíamos tratado todavía, y es el del funcionamiento de una central nuclear: ¿Cómo se produce la electricidad de origen nuclear?
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Las centrales nucleares pertenecen al selecto grupo de las centrales térmicas, junto con las de carbón y las de gas nos aportan la potencia térmica de la que ya hemos hablado en anteriores entregas de la serie.
Mientras que en las centrales térmicas convencionales el combustible es quemado: el carbón en una caldera u hogar y el gas natural en una cámara de combustión; en las centrales nucleares el combustible se desintegra mediante reacciones de fisión, que son las que nos aportan el calor necesario para el aprovechamiento de energía en el ciclo termodinámico de vapor.
Por tanto, en las centrales nucleares nuestra caldera es el reactor nuclear y nuestro combustible no se quema sino que se fisiona.