En el artículo anterior hablamos de la ética de la investigación con animales, sobre las diferentes posturas generales existentes y su conexión con algunos tipos de activismo, y en particular con los que se erigen en defensores de los derechos de los animales. Mencionamos algunos análisis que manifiestan cierto tipo de sesgo en la desproporcionada preocupación de estos colectivos por el empleo de animales en la investigación y enseñanza frente a otros usos mucho más extendidos y comunes ante los que no parecen manifestar tanta sensibilidad, y presentamos algunas opiniones que muestran lo complicado que resulta hablar incluso de animales con derechos.
En esta segunda parte abordaremos la actitud de la propia comunidad científica sobre la investigación con animales y veremos que este tipo de prácticas están reguladas por normas e instituciones y que los científicos son los primeros interesados en el bienestar de sus animales de laboratorio. También mencionaremos algunos logros importantes de la investigación con animales y su repercusión para la salud pública y comentaremos brevemente cuáles son las principales alternativas existentes al empleo de animales, así como sus principales limitaciones. Pero también me gustaría aclarar que ni este artículo ni el anterior pretenden hacer apología de la experimentación con animales en la investigación científica, sino más bien mostrar en qué se equivocan quienes denuncian estas prácticas apelando a argumentos sesgados, manipulados y sensacionalistas, acercando al lector al punto de vista de la ciencia.





Estás en el cine viendo una buena película de terror. Eres de los que se meten rápidamente en la historia viviéndola casi como propia. Ingieres las palomitas a marchas forzadas sin quitar el ojo de la pantalla. Sabes que algo terrible está a punto de suceder. ¡Qué nervios! De repente un fuerte sonido junto a la inesperada aparición del horror te hacen dar un brinco en el asiento. Cambiemos de tercio. Alguien te muestra una sustancia viscosa, o quizá un pequeño animal como una serpiente o una araña, y la mueca de tu cara es un poema, tuerces el gesto, quizá apartas la mirada, tal vez sientes un pequeño escalofrío. Ahora alguien te cuenta un cotilleo y es un bombazo, o quizá una tremenda grosería de quien menos te la esperabas, no das crédito, te has quedado con la boca abierta y los ojos como platos, no puedes pensar en otra cosa. ¿Ahora qué tal un regalo? Te lo has merecido después de tantas emociones seguidas. Es algo que hace que te sientas bien, sonríes, te animas y ves las cosas de otro color, sin tantas tensiones, así que debe de ser un buen regalo. Son las emociones, pero, ¿qué son?










