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Reseñas HdC: El sexo de las lagartijas

El sexo de las lagartijas

Autor: Ambrosio García Leal

Editorial: Tusquets Editores

Año: 2008

Páginas: 216

ISBN: 9788483830710

Precio: 17,00€

SINOPSIS

Los biólogos siempre han sabido que, como procedimiento reproductivo, el sexo parece una complicación innecesaria. ¿Por qué perder el tiempo en encontrar una pareja aceptable que, a su vez, lo encuentre aceptable a uno o una? En teoría, debido a éste y otros costes añadidos de la reproducción sexual, la selección natural debería apostar por la alternativa asexual, más rentable a corto plazo. Sin embargo, en el mundo vivo encontramos sexo por doquier: es la modalidad reproductiva mayoritaria en animales, plantas, hongos y otras formas de vida, por lo que cabe preguntarse cuál es la ventaja del sexo sobre la clonación asexual. No es extraño que, para los biólogos, el sexo sea el «problema de los problemas» evolutivos.

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Monos sudorosos (5/5): Los parásitos también evolucionan

Pediculus humanus

Se ha dicho que solo tres especies animales echarán de menos al ser humano cuando éste desaparezca. Y ninguna de tales especies es Canis canis, el perro común, pese a la dependencia que tiene de los humanos. Pero los perros son tan similares a los lobos que es muy posible que un buen número sobreviva a la extinción de los humanos.

Las tres especies antes mencionadas son parásitos exclusivos del H. sapiens. De hecho, han evolucionado con él. Son Pediculus humanus capitis, el piojo de la cabeza; P. humanus corporis, el piojo de la ropa y Pthirus pubis, las ladillas. Cabría añadir a las chinches, Cimex lectularius, pero no tengo tan clara su dependencia exclusiva de los humanos, aunque parasite sobre todo las camas.

Es interesante resaltar la evolución de piojos y ladillas. Dado que tanto piojos de la cabeza como ladillas habitan en los pelos, el hecho de que sean especies distintas no relacionadas nos da una pista del momento en que entre el pelo de la cabeza y el del pubis se abrió un amplio «desierto» libre de pelos, es decir vello fino. En cualquier otro mamífero, los parásitos de ambas regiones no tienen por qué diferenciarse, pues pueden entrar en contacto con facilidad, así como con el resto de la piel.

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Monos sudorosos (3/5): Adiós a la selva

El Orden de los Primates apareció entre el Paleoceno y el Eoceno (aunque algunos indicios apuntan al Cretácico Superior), como adaptación a las selvas tropicales. Atributos tales como la visión frontal, las manos prensiles (y la cola, cuando la poseen), el cerebro muy desarrollado, el aparato digestivo adaptado a la alimentación típica de la selva, todos ellos son comunes a la gran mayoría de los primates. Por eso, cuando en África surgió el Rift y provocó cambios climáticos que conllevaron la desaparición de algunas selvas, eso supuso un serio problema para los primates de la zona; algunos se extinguieron, al no poder adaptarse al nuevo entorno, pero otros evolucionaron para adaptarse a dichos cambios. Entre ellos están nuestros antepasados.

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Monos sudorosos (2/5): ¡Corre que te pillan!

En el artículo anterior, el primero de esta serie de cinco, afirmé que nosotros los seres humanos somos cazadores de la sabana, especializados en la carrera de resistencia. Eso nos diferencia de nuestros primos, los otros simios que viven en la selva y cuya alimentación incluye mayor proporción de frutas y otros elementos vegetales. ¿Cómo fue ese cambio evolutivo y por qué tuvo lugar? ¿Y fue rápido o tuvo lugar en varias fases? Empecemos por hablar de la alimentación. Aunque a la dieta dedicaré otro artículo, aquí debo recordar que la alimentación herbívora requiere un aparato digestivo especializado, con intestinos mucho más largos y espacios para favorecer la fermentación de la celulosa. El intestino de los simios no es tan largo como el de los herbívoros, y es por eso que la mayoría de los simios centra su alimentación en las frutas, semillas y tubérculos y en pequeños animales, como insectos. Es decir, alimentos ricos en nutrientes, fáciles de digerir.

Si nuestros antepasados se vieron forzados a abandonar la selva para vivir en la sabana, se encontraron en la disyuntiva de alimentarse de hierba y hojas, para lo cual carecían del equipo digestivo idóneo, o bien comer la carne de los herbívoros. Claro que estos herbívoros son animales grandes y rápidos, imposibles de alcanzar. Pero tarde o temprano, los herbívoros mueren y su carne puede ser aprovechable.

Dicho de otra forma, lo más probable es que nuestros antepasados fueran carroñeros. Para aprovechar la carroña hace falta buena vista y rapidez para llegar al cadáver antes que otros carroñeros, como hienas o buitres. Y luego, dado que los simios carecen de colmillos afilados para desgarrar la carne, instrumentos tales como trozos de piedra para cortar y desprender la carne de los huesos y piel.

Acerca del uso de instrumentos no cabe la menor duda, puesto que se ha observado a otros antropoides usar piedras y palos como ayuda para alimentarse. Aunque se establece que fue el uso de piedras ligeramente talladas lo que definió la aparición de los primeros humanos (género Homo), es casi seguro que ya antes se usaron, aunque sin modificar la forma original.

¿Y por qué necesita correr un carroñero? Dicho de otra forma, ¿por qué nuestros antepasados se adaptaron a la carrera?

Una de las razones ya quedó expuesta: ser los primeros en llegar. La carne de un animal recién muerto es la mejor, más fresca, y se pueden elegir los trozos más suculentos, más blandos, mejor digeribles. Si se llega tarde, solo quedarán trozos pegados a los huesos, aparte de los propios huesos, es decir, carne poco aprovechable. Lo mismo si se trata de los despojos que haya dejado un cazador, como por ejemplo un león.

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Monos sudorosos (1/5)

Decir que somos monos desnudos, o sea sin pelo, no supone a estas alturas ninguna novedad. Se ha escrito mucho sobre el tema y en términos generales es algo aceptado por la ciencia. De hecho, yo mismo he tratado ese tema en un artículo [1] de hace ya unos cuantos años. Pero la verdadera cuestión no es tanto si tenemos o no tanto pelo como nuestros primos homínidos, sino por qué es así. Y es que el pelo corporal lo perdieron nuestros antepasados por unas razones fundamentales. Dicho de otra forma: la pérdida del pelo supuso una ventaja evolutiva.

Para entenderlo mejor, veamos qué nos diferencia de otros antropoides:

  1. Cerebro más desarrollado.
  2. Postura bípeda.
  3. Alimentación rica en proteínas, sobre todo de origen animal.
  4. Pelo corporal escaso, salvo en el cráneo, donde es muy abundante.
  5. Grandes corredores.

Todo ello nos define como cazadores de la sabana. No seremos como los leones o los leopardos, pero sin duda nuestros antepasados aprendieron a cazar presas con una eficacia similar.
Lo de grandes corredores puede parecer sorprendente, porque ningún ser humano se puede comparar con una gacela o un guepardo, pero nuestra especialidad no es la velocidad sino la resistencia: cualquier humano entrenado es capaz de mantener la carrera durante varias horas. Las presas rápidas puede que escapen, pero si son perseguidas por un grupo de humanos, tarde o temprano éstos las alcanzan. De hecho, aún se usa esta antigua técnica, la de perseguir una presa hasta que caiga extenuada.

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