Cómo de verde es la meca del cine

Anoche se pudo oír la mítica frase “And the Oscar goes to... en la 84ª ceremonia de los Premios Oscar en Los Ángeles. Toda aquella ostentosidad y parafernalia en torno a dichos premios me hizo recordar el ennegrecido hollín del que están hechos los sueños de la meca del cine. El público, en general, no se preocupa por el proceso que lleva al resultado final de una película, ni siquiera en la forma en cómo se logró.

Monumentales decorados de usar y tirar, efectos especiales con explosivos, espectaculares persecuciones, grandes cantidades de madera para la construcción de sets, industriales generadores eléctricos para rodar exteriores, desmesurado merchandising publicitario y una enorme cantidad de desperdicios de otra índole, forman parte casi rutinaria de la multimillonaria industria del cine y televisión con epicentro en Hollywood.

 

En el año 2006 un estudio realizado por el Instituto de Medio Ambiente de UCLA, atribuía a Hollywood unas emisiones anuales de 140.000 toneladas métricas de partículas de ozono y diesel, haciéndola protagonista estelar de los altos niveles de contaminación acumulados en el Estado de California. Dicho volumen de contaminación coloca a la meca del cine y la televisión por encima de otros sectores como el aeroespacial, textil, semiconductores y la industria hostelera, cuyo impacto medioambiental sólo es superado por la industria petrolera.

En un esfuerzo por limitar el cine medioambientalmente irresponsable, se establecieron dos tipos de medidas, una encaminada a establecer una conducta apropiada hacia el medio ambiente –sostenibilidad en otras palabras– y otra medida encaminada a la protección y conservación de los espacios naturales.

Sin embargo, las prácticas responsables de algunos grandes estudios parecen ser la excepción y no la regla. El empeño por regular la contaminación que genera el cine se presenta como una misión casi imposible, sobre todo por la existencia de cientos de empresas subsidiarias que desempeñan prácticas alejadas del concepto de sostenibilidad.

Dado que el mayor impacto ambiental generado por la industria del cine es la cantidad de los residuos generados, las leyes ambientales se endurecieron en este aspecto. Con la ley ‘AB 939: the Integrated Waste Management Act’ se declaró que las jurisdicciones de California debían reducir los residuos destinados a depósitos en vertederos de un 25% en el año 1995 a un 50% para el año 2000. Hollywood fue obligado a disponer correctamente todos los residuos de sus producciones y desviar aproximadamente la mitad de sus costes de producción al tratamiento de residuos. Los vertederos de basura californianos vieron como dejaron de estar desbordados por los residuos de la gran pantalla. Un esfuerzo conjunto por parte de todas las industrias adyacentes llevó a encauzar a la industria del séptimo arte en la responsabilidad ambiental en materia de residuos.

Una correcta gestión de los residuos generados no soluciona el gran impacto que la industria del cine genera, a esto hay que añadir medidas ante el despilfarro energético, las emisiones no intencionales a la atmósfera, el impacto a los ecosistemas o la huella de carbono, entre otras muchas.

 Esta “industria”, sin a efectos prácticos serlo, ha asumido públicamente en repetidas ocasiones su compromiso pro-ecologista mediante la creación de una guía de buenas prácticas anunciada por la Asociación Cinematográfica Estadounidense o llevando a cabo iniciativas como Hollywood Goes Green –desarrollada por varias asociaciones ecologistas en conjunción con algunas productoras–. Todos estos movimientos buscan reforzar el compromiso de los estudios en trabajar de manera responsable hacia el medio ambiente. Para ello se toman medidas como: reciclado del 65% de toda la basura y desechos que generan, sustitución de los combustibles por biodiesel, uso de bombillas de bajo consumo, fomento del mensaje electrónico frente al impreso, utilización de papel reciclado, sustitución del uso de aviones privados por vuelos en líneas aéreas convencionales, construcción de instalaciones y edificios con materiales reciclados, etc. Además, en los últimos años el “Cine de cambio” está abriendo los ojos de espectadores en salas de cine y en los hogares, al inducir a estos a un cambio de actitud sobre diferentes temas de gran relevancia a nivel mundial, como son los recursos naturales, la justicia social, la pobreza, el medio ambiente…

Algunas producciones cinematográficas ya han dado ejemplo de ello, como La película ‘The Day After Tomorrow’ (2004) –película que trata sobre el cambio climático– que de los 543 millones de ingresos mundiales que generó, dedicó 200.000 dólares a plantar árboles y a otras medidas para compensar las 10.000 toneladas de dióxido de carbono, que se estimó fueron generadas durante su rodaje. O la mega producción de la trilogía de ‘El Señor de los Anillos’ (2001-2003) que transformó Nueva Zelanda en el mundo de la Tierra Media con el mínimo impacto ambiental; para ello se tomaron medidas para minimizar la alteración de la cobertura del suelo y la vegetal, se realizo la gestión de las aguas residuales generadas, se llevó a cabo un uso sostenible de los combustibles, los residuos generados se gestionaron, etc.

Las productoras también se suman al movimiento goes green. Universal Studios utiliza baterías recargables en sus equipos, utiliza materiales de producción sostenible en los rodajes, dispone de un depósito para almacenar el agua de lluvia de más de 266 m3 para el uso del sistema de riego, dispone de turbinas eólicas y paneles solares en dos estaciones de televisiones locales.

Warner Brothers (WB) demolió su antiguo estudio y construyó en el año 2009 el Studio 23, que fue el primer estudio en recibir el Liderazgo en Energía y Diseño de Ingeniería (LEED). Consiguieron reutilizar y valorizar más 90% de los residuos de demolición del antiguo estudio en el nuevo edificio, evitando que unas 2.000 toneladas de estos residuos fueran a parar a vertederos, e instalaron paneles solares para la obtención de una suma de 600 kilovatios. WB no paró ahí su apuesta sostenible, actualmente dispone vehículos híbridos, generadores de motores diesel más ecológicos, paneles solares en sets de rodajes…

La compañía Walt Disney, por su parte, se ha convertido en un estándar para los cambios ecológicos en las empresas de cine y producción. La compañía ha creado una campaña de concienciación y sensibilización ambiental dirigida a los más jóvenes. "Friends for a Change: Project Green", es la campaña, que busca crear conciencia ecológica en los jóvenes y apuesta por la educación ambiental, para que al alcanzar la edad adulta las buenas prácticas ambientales ya estén instauradas en la vida cotidiana. Ha creado, además, políticas de buenas prácticas ambientales en el trabajo.

Desafortunadamente, no todo es tan verde, aún productoras y empresas subsidiarias no han tomado conciencia de las consecuencias ambientales que crear cine conlleva. Véase el ejemplo del rodaje de 'The Beach', para el cual la 20th Century Fox hizo caso omiso a los reglamentos de protección de espacios naturales tailandeses y arrasó la playa de la isla de Phi Phi donde fue rodado el film.

No sólo la producción de cine genera un gran impacto ambiental, el consumo directo e indirecto de cine, también. En Estados Unidos se consumen 17.000 millones de palomitas al año y su cultivo no sigue las normas de agricultura sostenible, los vasos de refrescos que se venden en las salas de cine están hechos con polipropileno y cada vaso tarda en degradarse 1.000 años, el 30% de la energía eléctrica que se usa en los cines se desperdicia cada mes por la proyección en salas casi vacías, se producen más de 4.000 millones de entradas de cine... son algunas de las cifras que repercuten en la degradación del medio ambiente y suponen un riesgo para la salud humana.

Es irrefutable que la industria del cine puede ser una de las herramientas de creación de conciencia medioambiental más eficaces, ante problemáticas como el calentamiento global, la disminución de los recursos o las extinciones en masa; y debe aprovechar los avances tecnológicos desde una percepción sostenible, de tal modo que el cineasta y el medio ambiente se vean favorecidos como si de una relación mutualista se tratase.

 

Raquel Castán

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  1. Bitacoras.com - febrero 27, 2012

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