Una crónica limitada de Pint of Science Barcelona

Dolores Bueno

Pint of Science es un festival internacional que se ha celebrado por primera vez en 8 ciudades de España, y desde Hablando de Ciencia queríamos hacer una panorámica tipo mosaico de las impresiones de los que asistieron. Aquí os dejamos la crónica de Ununcuadio.

Hace ya unos meses, que mi antigua compañera de trabajo (y de pesares sincrotroneros) me habló del festival Pint of Science, y como ya sabe que ando metida en movidas de divulgación, me pidió ayuda. Ayuda, que al final se concretó en difusión por redes sociales y en Naukas, y en Hablando de Ciencia, más vale tarde que nunca… Evelyn Moreno ha sido la organizadora principal del evento satélite en Sant Cugat del Vallès, y durante los días clave ha estado dando apoyo en Barcelona.

Barcelona contó durante el 18 al 20 de mayo con cinco bares y cinco temáticas: Mente maravillosa (en el bar Garage Beer del Eixample), De los átomos a las galaxias (en el Michael Collins, en frente de la Sagrada Familia), Nuestro cuerpo (en el Café de les Delícies del Raval), Planeta Tierra (en el Cara B, en el barrio de Gràcia) y Tech me out (en The Black Lab de la Barceloneta); cada cual con programación de lo más interesante. Por desgracia, no se puede estar en varios sitios a la vez…, y además la que esto escribe tuvo la fatal coincidencia de tener asuntos inaplazables los tres días, con lo que siempre llegué media hora/una hora más tarde. Así que queda claro que esta crónica será bastante parcial…

Lunes 18 y martes 19, el bar que me pillaba más en ruta era el Garage Beer, donde aparte de degustar su cerveza artesana, se hablaba de cannabis (el lunes), y Alzheimer y memoria (el martes). Llegando a las 21:00 me encontré que el bar estaba colapsado sobre todo en la zona del fondo, dónde se intuía que estaba el ponente. Desde atrás del todo, no se oía apenas (malas condiciones acústicas del local y gente hablando) ni se veía nada (varias columnas que limitaban el campo de visión). Conseguir un sitio desde el que escuchar decentemente parecía imposible, porque además de que todas las mesas, sillas y sofás estuvieran ocupados, había gente sentada en el suelo, de pie por las esquinas y ningún hueco para colarse. Ya estaba a punto de darme por vencida cuando acabó la charla, y hubo unos 15-20 minutos de descanso, que los asistentes aprovecharon para moverse, respirar al aire libre o rellenar su jarra de cerveza; y que yo aproveché para moverme, lentamente pero sin pausa hacia las primeras filas (y por qué no quedaban más filas que avanzar). Ahí uno era más consciente de las limitaciones técnicas: el altavoz con el cable del micrófono sobre un altillo, y dos voluntarios del público sujetando el cable para que el ponente, llevado de la emoción del momento, no diera un tirón que derribara el altavoz sobre el atento público…

Y tras el descanso, volvemos a la acción: “Mitos sobre el cannabis”. El primero, ¿el cannabis mata neuronas? El público está dividido entre el Sí y el No, pero Claudia y Jordi nos explican que es bastante más complejo: en la anterior charla se habló de cómo el cannabis afecta al proceso cognitivo, ahora nos presentan una serie de estudios que comparan habilidades cognitivas entre fumadores y no fumadores de cannabis. Conclusión: el mito es falso. Seguimos hablando de si la hierba es lo mismo que el hachís, de si el cannabis se usa con fines terapéuticos (¡cuidado, una cosa es el medicamento con un componente aislado del cannabis, y otra muy distinta y más peligrosa es fumarse un porro!). Y para acabar, ¿cómo va a ser malo el cannabis si se ha consumido desde siempre? Pues sí, parece que ya hay evidencias paleolíticas de su uso y consumo, pero hay que distinguir que las sociedades antiguas lo usaban con fines terapéuticos para personas ancianas, y religiosos en la figura del chamán (ejem…), mientras que ahora su consumo se produce entre jóvenes, por ejemplo, en la franja de 14-18 años, que es una época crítica en el desarrollo del cerebro… Sin olvidar que como dijeron en la charla anterior, el mensaje con el que nos tenemos que quedar es que fumar cannabis aumenta el riesgo de padecer un trastorno psicótico.

El martes 19 llegué al Garage Beer justo en el momento del descanso, y me quedé en la zona del medio junto a Evelyn que estaba ese día por allí. Tuvimos la suerte de contar con el monólogo de uno de los finalistas de Famelab 2015 desmontando el mito de que usamos el 10% de nuestro cerebo. Y justo después, la charla de Paco Muñoz de la UPF que fue alucinantemente interesante, y tuvo muchísima participación del público. El ponente nos habló de las distintas partes del encéfalo, de los trastornos que te convierten en protagonista de películas como Memento, o en savant al estilo de Rain Man. Con mucho sentido del humor explicaba que los únicos seres humanos que solo usan el 10% del cerebro eran los políticos, que nuestro cerebro era un vago que había que ejercitar aprendiendo idiomas muy distintos al lenguaje materno y en general con cualquier cosa que le suponga un reto: y no, los sudokus no valen más que al principio. Cuando eres capaz de hacerlos simultáneamente a otras cosas cotidianas, ya no ejercitan el cerebro, y lo mismo ocurre con el brain training. ¿Por qué es importante retar al vago redomado de nuestro cerebro? Aprendiendo cosas nuevas, estamos creando rutas redundantes (conexiones neuronales, espinas) que cuando empiecen a fallar, por ejemplo, en un Alzheimer, tengamos tantas que retrasemos la aparición de los síntomas. El público preguntó dónde está la genialidad, por qué no convertir a los pacientes de Alzheimer en savant (porque hay demasiado estrés oxidativo y sale mucho mejor re-enseñarle qué es una cuchara que someterle a esfuerzos excesivos), si el saber ocupa lugar (que lo ocupa, pero there is plenty of room),… Vamos, un tema que luego compañeros de laboratorio, gente no científica que me encontré por los bares y que me preguntaron quién organizaba las charlas, encuentran interesante porque casi todos tenemos alguien cercano con Alzheimer y estos temas nos afectan más o menos directamente.

El miércoles 20, último día del festival, me cambié de bar al irlandés Michael Collins, donde tocaba hablar de física cuántica. Para variar, llegué al final de la primera charla Antonio Acín, cuando estaba hablando sobre el ordenador cuántico y la riqueza del bit cuántico frente al bit clásico. Conociendo el truco de escalar lentamente posiciones hasta donde se pueda escuchar y ver decentemente, conseguí situarme para escuchar a los estudiantes de doctorado Iván y Florián hablar de la filosofía de la cuántica o de si “Is God playing dice?”, conferencia que impartieron en inglés. Aquí God para los físicos, equivalía a universo, naturaleza o leyes de la física. Lo que yo entendí de la pregunta (no os fiéis demasiado de mí…) es que, o bien, hay sucesos cuánticos dependientes del azar (God playing dice), o bien, todo está controlado desde otro universo (God is not playing dice), y los ponentes prefieren pensar que lo primero es cierto por todo lo que explicaron allí y que me siento incapaz de reseñar con rigor (mecánica cuántica versus mecánica clásica, entrelazamiento cuántico de partículas, entropía), etc. Pero a pesar de la complejidad de la materia, hubo también mucha participación del público intrigados sobre si más de dos partículas podrían entrelazarse cuánticamente, y un largo etcétera.

Captura

Entrevista de la Sexta a la Dra. Barrena. Imagen tuitera.

¿Mi conclusión después de tres días llenos de ciencia y de cerveza? Infinitas gracias a los organizadores y voluntarios que han dedicado su tiempo para que esta iniciativa arrancara en la ciudad de Barcelona, que han conseguido que los medios se hicieran eco del evento, y que han contagiado su ilusión a un montón de locos por la divulgación científica en un ambiente… un tanto extraño. Como me decían mis compañeras del último día (que no iban buscando ciencia sino citas de Meetic), no es el lugar habitual para hablar de ciencia… No, pero molaría institucionalizarlo como un lugar alternativo para hablar de ciencia. Al menos, apoyaremos desde dónde haga falta para que Pint of Science no deje de celebrarse cada año en estas tierras, y cruzaremos los dedos de que se nos acerquen muchas personas que no entiendan la ciencia pero que vean el entusiasmo palpable y se lleven una semilla buena a su casa…, que con el tiempo germine, crezca y se reproduzca en otros ambientes. No sé si me estoy pasando de lo razonable, pero por soñar que no quede… ¡Gracias por tres días de Pint of Science! Y queremos más, muchos más.

Ununcuadio

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