Investigación básica o aplicada (1/5)

Mario Rodriguez

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Carl Sagan (1934 - 1996), astrónomo, físico y cosmólogo.

En esta serie de artículos vamos a detallar un conjunto de acontecimientos protagonizados por grandes científicos, que nos servirán como pretexto para explicar la relación existente entre la investigación básica y la investigación aplicada y por qué surgen ambas.

De forma habitual, los descubrimientos científicos tienen su origen en el desarrollo de la investigación básica, cuyos progresos pueden ser aprovechados y empleados por la investigación aplicada. Así, para que puedas estar leyendo este texto a través de tu pantalla, fueron necesarios años o siglos de experimentación y producción de conocimientos en diversos campos de la ciencia, como las matemáticas, la física, la informática o la óptica, que en ningún momento estaban destinados a tal fin.

Sin embargo, esto no sucede siempre de la misma manera. En algunas ocasiones la investigación aplicada, que persigue un objetivo concreto, genera conocimientos que se desconocían anteriormente. Algo parecido le ocurrió a Arquímedes, cuando por encargo del Rey de Hierón, estaba investigando si la corona que éste poseía era de oro puro. Arquímedes no sólo demostró la forma de hacerlo, sino que tal suceso le permitió enunciar el principio físico que lleva su nombre. (Arquímedes, y el famoso Eureka!: Historia del Principio de Arquímedes)

En el inicio del desarrollo de la cultura y el avance del ser humano, una de las cosas que propició que éste se diferenciara respecto del resto de animales fue, sin duda alguna, la curiosidad. La curiosidad por saber qué eran aquellos puntos luminosos que brillaban sobre nuestras cabezas, la curiosidad por saber por qué tan pronto como veníamos al mundo desapareceríamos de él, la curiosidad por saber por qué al acercarnos al fuego nos calentábamos…

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Gran parte de esta curiosidad se veía propiciada por una aplicación práctica. Con las estrellas aprendimos a orientarnos en las oscuras noches, y a base de observarlas una luna tras otra, empezamos a preguntarnos qué eran. Buscábamos una respuesta, aunque esta no fuese la correcta. Por eso muchos pensaban que eran las almas de sus antepasados, ya que ello les reconfortaba y abandonaban esa curiosidad por una creencia que les proporcionaba un “conocimiento” rápido y simple. En cambio, otras mentes decían

No quiero creer, quiero saber. (Carl Sagan)

y buscaban la respuesta a sus preguntas. Hay preguntas que nos han acompañado durante toda nuestra historia y hasta hace bien poco, como quien dice, no tuvieron una respuesta. Por ejemplo, hasta Lavosier (siglo XVIII) no tuvimos una teoría correcta sobre la combustión, y no supimos de qué estaban hechas las estrellas hasta que en 1925 Cecilia Payne nos lo reveló.

Estos aspectos y dudas existenciales, que han formado parte del ser humano desde que adquirió noción de sí mismo, dieron paso al nacimiento de la ciencia, y con ésta, la investigación: la búsqueda del porqué de las cosas.

La investigación básica, por definición, es aquella que busca satisfacer dicha curiosidad, sin más objetivo que el afán de saber y conocer cada vez más acerca del mundo que nos rodea. Digamos que el ser humano, cuando intenta responderse a esta pregunta del porqué de las cosas siguiendo un método científico, está haciendo investigación básica.

Hay que recalcar la diferencia entre investigación básica y la filosofía respecto al porqué de las cosas. La ciencia sigue un método que parte de la observación y de la experimentación para confirmar o desmentir una hipótesis. En cambio la filosofía tradicional plantea hipótesis pero no las verifica mediante pruebas ni experimentos, sino solo como experimentos mentales.

Generalmente en posesión de las clases aristócratas y grandes sabios, la investigación básica difiere también de la aplicada en tanto que ésta última ha ido de la mano de aquellos que han necesitado emplear esos conocimientos en su vida cotidiana para resolver problemas y mejorar sus condiciones de vida (incluso en muchos casos, para ganar guerras, como en el desarrollo de la bomba nuclear) .

Es así como nace la investigación aplicada, que, por definición, es aquella que, utilizando los conocimientos adquiridos durante el desarrollo de la básica, es capaz de llevarlos a la práctica y desarrollar procedimientos, sistemas, etc… que sirvan de provecho a la humanidad (o a algunos sectores de ésta).

Como explicábamos al principio, esto que vemos como una relación directa y lógica , a veces es un vínculo algo confuso, dado que en un gran número de ocasiones no evolucionan independientemente, sino de una manera paralela muy estrecha. Y otras veces, por si fuera poco, sucede de manera inversa

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En los siguientes artículos trataremos diferentes casos en los que se pone de manifiesto cómo de compleja, pero a la vez hermosa, puede llegar a ser ésta relación entre investigación básica y aplicada.

¡Os esperamos!

Mario Rodríguez

Víctor Pascual

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  1. Investigación básica o aplicada (2/5): André Gratia | Hablando de Ciencia | Artículos - mayo 11, 2016

    […] cosa, sin embargo, no acaba aquí. Si recuerdas el esquema que incluíamos en el primer artículo de esta serie, la relación entre investigación aplicada y básica en ocasiones se torna algo […]

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